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La Apropiación de Nuestros Recursos

La Apropiación de Nuestros Recursos

¿Cuál es la relación entre la apropiación de nuestro espacio, la interiorización de nuestros recursos y la conciencia?

Ganar acceso a nuestros recursos es lo que nos permite crecer y desarrollarnos. Es el mecanismo por el que una persona “se apropia” de su experiencia, realizando una “construcción socio-histórica” de la realidad, que le permite explicar lo intrapsíquico. Apoyándose en la idea de que la praxis humana es a la vez instrumental y social, y que de su interiorización surge la conciencia.

La Apropiación como Recursos Genuino

El concepto de apropiación “interiorización de la praxis humana, a través de sus significados”– surge en la ciudad francesa de Estrasburgo, del núcleo académico encabezado por Abraham Moles, en la década de 1960. En el marco de una conferencia internacional sobre psicología ambiental y del espacio ofrecida en 1976 por Perla Korosec-Serfaty, quién lo hizo visible para la comunidad científica.

A través de la interiorización de sus recursos, la persona se hace a sí misma mediante las propias acciones, en un contexto sociocultural e histórico. Este proceso –cercano al de socialización–, es también el del dominio de las significaciones del objeto o del espacio que es apropiado, independientemente de su propiedad legal. No es una adaptación sino más bien el dominio de una aptitud, de la capacidad de apropiación. Es un fenómeno temporal, lo que significa considerar los cambios en la persona a lo largo del tiempo. Se trata de un proceso dinámico de interacción de la persona con el medio (Korosec-Serfaty, 1976).

La poca fortuna de la palabraapropiación’, cuyo sentido más habitual aparece asociado a la adquisición indebida de algún bien, además del menor predominio de los enfoques alejados de la modalidad positivista de la ciencia, durante cierto tiempo entre la comunidad científica, son algunas de las posibles razones del poco desarrollo posterior del concepto, cuyo objeto de análisis ha sido más habitualmente acotado desde otros conceptos cercanos, especialmente desde el apego al lugar (place-attachment).

A través de la acción sobre el entorno, las personas, los grupos y las colectividades transforman el espacio, dejando en él su “huella”, es decir, señales y marcas cargadas simbólicamente. Mediante la acción de apropiación, la persona incorpora el entorno en sus procesos cognitivos y afectivos de manera activa y actualizada.

Las acciones dotan al espacio de significado individual y social, a través de los procesos de interacción (Pol, 1996, 2002a). Mientras que por medio de la identificación simbólica, la persona y el grupo se reconocen en el entorno, y mediante procesos de categorización del yo –en el sentido de Turner (1990)–, las personas y los grupos se autoatribuyen las cualidades del entorno como definitorias de su identidad (Valera, 1997; Valera y Pol, 1994).

La acción transformación es prioritaria en estadios vitales tempranos como la juventud, mientras que en la vejez prepondera la identificación simbólica. Otro tanto ocurre en función del tipo de espacio, ya que en el privado es más posible la transformación, mientras que en el público suele ser más habitual la identificación (Pol, 1996, 2002a).

Partiendo de estos planteamientos teóricos, no es absurdo suponer que el espacio apropiado pase a ser considerado como un factor de continuidad y estabilidad del self (autoestima), a la par que un factor de estabilidad de la identidad y la cohesión del grupo. Por otro lado es una forma de entender la generación de los vínculos con los “lugares”, lo que facilita comportamientos ecológicamente responsables y la implicación y la participación en el propio entorno (Pol, 2002b).

Entendido de esta forma, la interiorización deviene y desarrolla un papel fundamental en los procesos cognitivos (conocimiento, categorización, orientación, etc.), afectivos (atracción del lugar, autoestima, etc.), de identidad y relacionales (implicación y corresponsabilización).

Anuario de Psicología, vol. 36, nº 3, diciembre 2005, pp. 281-297 © 2005, Universitat de Barcelona, Facultat de Psicologia | T. Vidal Moranta y E. Pol Urrutia.

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