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Aristóteles y Descartes: ¿Inocentes o Culpables?

Aristóteles y Descartes: ¿Inocentes o Culpables?

Por el Dr Fabián Sorrentino sobre un informe de Carpio (1995) y Coscodai (2002)

De todos los grandes pensadores de antigua Grecia, Aristóteles (384-322 a.C) fue el que más influenció la civilización occidental. Hasta hoy la manera de pensar producir conocimiento debe mucho al filósofo. Fue él, el fundador de ciencia que quedaría conocida como lógica y sus conclusiones en esta área no tuvieron contestación alguna hasta el siglo XVII. Su impotancia en el campo de la educación también es grande, pero de forma indirecta. Pocos de sus textos específicos sobre el tema llegaron a nuestros días. La contribución de Aristóteles para la educación está principalmente en escritos sobre los temas.

Uno de los fundamentos del pensamiento aristotélico es que todas las cosas tienen un propósito, un significado. Es eso que, según el filósofo, lleva a todos los seres vivos a desarrollarse de un estado de imperfección (semilla o embrión) a otro de superación (que corresponde al periodo de madurez, reproducción y expansión). Ni todos los seres obtienen o tienen ocasión de satisfacer el ciclo en su plenitud, sin embargo: por tener potencialidades múltiples, el ser humano sólo será feliz y dará mejor contribución al mundo si goza de las condiciones necesarias para desarrollar el talento. La organización social y política, y la educación en general, particularmente, tiene la responsabilidad de proveer esas condiciones.

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La virtud, para Aristóteles es una práctica y no un dato de la naturaleza de cada uno, tampoco el mero conocimiento de lo que es virtuoso, como para Platón (427-347 a.C). Para ser practicada constantemente, la virtud necesita ser un hábito para alcanzar una vida de felicidad, como propone el cuadro de arriba.

Hasta aquí todo parece ser maravilloso. Pero sigamos adelante en el informe de Carpio y Coscodai y veamos lo que a nuestro criterio puede llegar a convertirse en una gran limitación.

Gran parte de la obra que originó la herencia aristotélica se desarrolló en oposición a la filosofía de Platón, maestro y fundador de la academia ateniense, que Aristóteles frecuentó durante dos décadas. Más adelante, establecería una escuela propia, el Liceo. Una de las dos grandes innovaciones del filósofo en lo referente al precursor era negar la existencia de un mundo supra real, donde las ideas habitarían. Para Aristóteles, en cambio, el mundo que percibimos es suficiente y en él la perfección está al alcance de los hombres. La oposición entre los dos filósofos – o la supremacía de las ideas (idealismo) o de las cosas (realismo) – marcaría para siempre el pensamiento occidental.

Lamentablemente esta idea radical de Aristóteles por sobre su maestro, vino a traer a nuestra forma de ver grandes limitaciones. No solo porque estableció “una categoría de realidad sujeta al proceso de percepción” sino porque de esta manera limitamos el poder creador del diálogo y la aceptación de observadores diferentes. Con esto no queremos denostar el aporte de Aristóteles por sobre quién fue su maestro. Lo que buscamos es establecer algunos enfoques, que a los ojos de hoy, condicionaron los modelos mentales que nos llegan hasta hoy.

La segunda supuesta innovación de Aristóteles estaba en el campo de la lógica. De acuerdo con el filósofo, determinar una verdad común a todos los componentes de un grupo de cosas es bastante para concebir un sistema teórico. Para la construcción de tal conocimiento, Aristóteles no quedó satisfecho con la dialéctica de Platón, según la cual la manera de llegar a la verdad era la purificación de los argumentos por medio del diálogo.

Aristóteles deseó crear un método más seguro y desarrolló el sistema que quedó conocido como silogismo. A nuestro criterio esta forma de facilismo no hizo más que seguir limitándonos al establecer la categoría de “verdades absolutas” en un plano material, donde a los observadores no nos alcanza la manera de ser para ver como posible lo invisible. A continuación vemos una comparativa de algunas de sus ideas.

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Su desarrollo nos enseñaba que un silogismo consiste de tres proposiciones – dos premisas y una conclusión que deriva de las dos anteriores necesariamente sin que haya otra opción. Ejemplo clásico del silogismo es el siguiente: Todos los hombres son mortales. Sócrates es un hombre. Sócrates es mortal. Eso no basta, sin embargo, para que la lógica se convierta en ciencia, un silogismo necesita partir de verdades, como las contenidas en las dos ofertas iniciales (¿acaso exiten verdades en un plano material corrompido por un observador limitado que no es conciente del modelo mental desde el que observa?). No conforme a un razonamiento que las demuestre, se demuestran a sí mismas en la realidad y son llamadas de axiomas. El comentario empírico, esto es, la experiencia de lo real – gana, así, papel central en la concepción de ciencia de Aristóteles, al contrario del pensamiento de Platón.

A nuestra forma de ver el pensamiento de Platón resultó siendo menos limitativo para la fijación de modelos mentales.

Acerca de la Contribución de Descartes
René Descartes (31 de marzo de 1596, en Touraine, Francia – 11 de febrero de 1650, Suecia), también conocido como Cartesius, fue un filósofo, un físico y matemático francés. Se hizo famoso por su trabajo revolucionario de la filosofía, también siendo famoso por ser el inventor del sistema de coordenadas, que influenció el desarrollo del cálculo moderno.

Descartes, por veces llamado el fundador de la filosofía moderna y el padre de las matemáticas modernas, es considerado uno de los pensadores más importantes e influyentes de la historia humana. Inspiró a sus contemporáneos y generaciones de filósofos. Según la opinión de algunos comentaristas, el inició la formación de aquello que hoy se llama de Racionalismo Continental (supuestamente en oposición a la escuela que predominaba en las islas británicas, el Empirismo), posición filosófica de los siglos XVII y XVIII en Europa.

descartesSu contribución a la epistemología es esencial, así como las ciencias naturales por haber establecido un método que ayudó a su desarrollo. Descartes creó en sus obras El discurso del método y meditaciones las bases de la ciencia contemporánea.

El método cartesiano consiste en el escepticismo Metodológico – se duda de cada idea que pueda ser dudada. Al contrario de los antiguos Griegos y de los escolásticos, que creían que las
cosas existan simplemente porque necesitan existir, o porque así debe ser. Descartes instituyó la duda: sólo se puede decir que existe aquello que puede ser probado, siendo el acto de dudar indubitable. Basado en esto, Descartes busca probar la existencia del propio yo y de Dios.

El método consiste en la realización de cuatro tareas básicas: verificar si existen evidencias reales e indubitables a respecto del fenómeno o cosa estudiada; analizar, o sea, dividir al máximo las cosas, en sus unidades de composición, básicas y estudiar esas cosas más sencillas que aparecen; sintetizar, es decir, agrupar otra vez las unidades estudiadas en un todo verdadero; y enumerar todas las conclusiones y principios usados, para mantener la orden del pensamiento.

Si miramos estos argumentos desde el paradigma sistémico, no podremos negar la tremenda limitación que este modelo de pensamiento, representa.

Mi Conclusión Personal: La ciencia necesita del desaznar los conceptos a través del diálogo, como nos enseñaba platón. Luego la maduración de los siglos podrá comprobar su validez.
Arribar a conceptos poderosos es una responsabilidad propia de todos.
No podemos alegar si Aristóteles y Descartes fueron inocentes sobre muchos de los conceptos que volcaron. Desde nuestro paradigma ontológico solo hemos aprendido: el lenguaje no es Inocente. Y ahora nos preguntamos: ¿si ellos no hubieran hecho estas declaraciones, qué hubiera sucedido con lo que vino después, cómo sería hoy el mundo?

Resulta bastante fácil ver lo que vemos más de 20 siglos después influidos por los conceptos de Einstein, que nos despertaron a un nuevo observador con sus nuevos paradigmas.
Bueno, esto es solo un punto de partida para que podamos conversar en las clases.

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