La incomodidad es el estado de desajuste entre la situación que vivimos y los hábitos o deseos que nos embargan.

El término alude a la carencia de comodidad, o sea a estar en una situación que genera displacer y molestias por múltiples causas.

Puede aparecer frente a circunstancias externas para las que no estamos preparados, crisis, imponderables, o generarse a partir de trastornos físicos, como por ejemplo: estar sentado en una silla mal diseñada (que nos produce dolor de espalda), o por dormir en un colchón muy duro o demasiado blando, por vivir en una casa muy pequeña, lucir una ropa apretada o habernos puesto un calzado que nos aprieta, lastimándonos los pies. Los dolores corporales nos hacen sentir definitívamente incómodos y este tipo de incomodidad es independiente del poder que tengas.

La incomodidad es un estado que atravesamos a diario: Estar en un sitio que no es de nuestro agrado, participar de situaciones desagradables o lejos de buena compañía, nos provocan malestar psicológico y estrés, por ejemplo: “Me he sentido muy incómoda cuando me preguntaron por mi novio con el que acabo de cortar”, “Fue incómodo asistir a la fiesta y encontrarme con mi compañera de trabajo con la que me llevo muy mal” o “Me resulta incómodo sentar a mi hijo en la mesa rodeado de adultos mayores”.

La incomodidad, por ende, es un sentimiento subjetivo de desagrado. Y ya que todos se sienten incómodos en diferentes situaciones, lo que puede ser incómodo para ti, no tiene porqué serlo para mi.

¿De qué depende la incomodidad que atraviesas?

Del nivel de preparación que hayas alcanzado. Del grado de aceptación que eres capaz de experimentar. De tu capacidad para relacionarte con las circunstancias, en función del gradiente de conciencia que has desarrollado.

Social y vulgarmente hemos sido educados para reaccionar a los impulsos externos. Y al vivir en una sensación de amenaza constante, actuamos como si estuviéramos en una red social o una app. Reaccionando silenciosamente frente a lo que observamos con un “Me gusta o No Me Gusta”.

La pregunta que te hago en este momento es: ¿Cómo consideras que se direcciona tu conducta, al quedar condicionado por alguna de estas dos sensaciones: me gusta o no me gusta?, ¿Cómo influye en tu modelo de percepción, el el vivir apegado a las redes sociales?

Arriesgaría a decir que cuando la incomodidad es menor, se resuelve soportándola en lapsos breves, o tratando de aliviarla: “Fue incómodo conocer a mis suegros, ya que son antipáticos, pero me consolé sabiendo que viven lejos y que los veré poco” o “Estaba tan incómoda con mis zapatos nuevos, que me los quité para poder bailar”. Sin embargo cuando la incomodidad es muy intensa o en períodos más largos, puede generar tensión y hasta desatar violencia, por ejemplo: “La discusión comenzó poniendo incómodos a los participantes quienes luego se golpearon con dureza”.

¿Y cómo salimos de esta encrucijada?

Superándola. Todo camino de sanación, aun cuando se revele gratificante a su término, no tiene nada de cómodo en el momento. Requiere de conducta, sentido de propósito y aprender a vivir libre de juicios para no abandonar.

Desde la mirada de la física, evolución es entropía. Y aceptando la tarea de disipar una gran cantidad de entropía es que crecemos. Desde ya esta es una tarea bien incómoda, pero solo llevándola a cabo, es que te convertirás tu entrenamiento en un gran logro. Para comprender a fondo, el concepto de la entropía y cómo disiparla, puedes ver este video:

La mirada de la psicología

Carl Jung nos enseña que NO podemos rechazar nuestra parte oscura. No hay amputación posible, puesto que la sombra no existe como tal. Por lo tanto, no podemos combatirla ni rechazarla, sino solamente alumbrarla. Igual que lo que hacemos para orientarnos durante la noche, al encender la luz. Solo la luz echa fuera la oscuridad. Lo mismo sucede con el dolor, si en lugar de oponerle resistencia, lo aceptamos, el sufrimiento se diluirá.

Para André Baechler el arte está en sumergirnos, sin reservas, en espacios de incomodidad, sin identificarnos con nuestras partes de sombra: No soy colérico, pero percibo cólera. No soy celoso, pero experimento celos… Al tomar distancia, me convierto en observador de mis propios mecanismos, y de lo que estos inducen en mí. En esta observación no hay sufrimiento posible, ni juicio, tampoco. La herida es la que es. Yo no soy la herida, pero una parte de mí está afectada por ella y pide que se la alimente de amor.

En este breve video, Jorge Bucay nos da su punto de vista sobre el tema:

Ahora, como testimonio que estás dispuesto a transitar la incomodidad, te invito a hacer una lista de lo que te pone incómodo en cada una de las 8 dinámicas de relación y luego ordénala de mayor a menor intensidad.

Una vez realizado el desafío, revisa este artículo para auto-evaluarte:

Aprender de la incomodidad

Una compilación del Dr Fabián Sorrentino, creador del Modelo MƐT® Este artículo es parte de la currícula de la Carrera de Coaching & Mentoring de Ser.Red. Y una extensión bibliográfica del Manual del Mentor.

Fuentes: sitio webDeConceptos. Y el diccionario de emociones, actitudes y conductas de México, de Eduardo Yentzen Peric.