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Control Poder y Responsabilidad

Control Poder y Responsabilidad

Por Mercedes Barrigón 26.11.2003

A modo de Introducción
Mi objetivo al escribir este artículo es mostrar como la filosofía cartesiana influye ennuestras “prácticas de control” y qué posibilidades se abren para nosotros como Coaches Ontológicos en nuestra forma de ser y de hacer cotidianas, al poder observar e intervenir eneste fenómeno.

La producción de este artículo es el resultado de la articulación del material que recopilé en mis clases y seminarios durante mi formación y otros aportes que tomo de diferentesautores e interpretaciones.

En mi experiencia personal él “apropiarme” de la distinción control, abrió muchas posibilidades en mi vida, sobre todo en el dominio de ser coherente con los valoresconforme a los cuales elijo vivir. Me refiero a valores como:

• Respeto y compasión por el otro, es decir ver al otro como un legítimo otro,respetando su forma de observar al mundo.
Humildad, entender que yo veo al mundo como lo veo, dado el observador que soy

También rescato que cuando realmente estoy alerta a observar los momentos en que estoypretendiendo controlar a otros en determinadas situaciones, lo que experimento es un estado de “liviandad y aceptación”, que me permite conectarme con mi verdadero poder y ejercitar mi responsabilidad como habilidad de respuesta, para elegir quién ser en cadasituación.

Creo que como Coaches Ontológicos, si elegimos vivir esta interpretación en todo momento y desarrollar las “prácticas y alertas” que nos permitan darnos cuenta “cuando la deriva cultural nos atrapa y pretendemos controlar”, podremos servir más efectivamente a los demás desde nuestra profesión, y vamos a ser más felices. Quiero aclarar que no opino que el “ pretender controlar” sea malo o bueno. Lo que podemos preguntarnos es si nos sirve o no, dado quién elegimos ser y la forma en que queremos vivir y crear nuestras relaciones con los otros y con los acontecimientos de la vida.

Para esto también considero útil introducir las distinciones que inventé para diferenciar dos tipos de control: “control existencial” y “control operativo”. Comparto con el lector un ejemplo de cada tipo de control, para que saque sus propias conclusiones.

Control Existencial: Digo que yo estoy “controlando existencialmente al otro” cuando ante un pedido mío medice que NO y yo no lo acepto y me enojo, y elaboro toda una serie de artilugios para quehaga lo que yo quiero.

Control Operativo: Desarrollo un control operativo por ejemplo, cuando llega el extracto bancario y contrololos cheques debitados, los depósitos y los impuestos / gastos que me cobraron… ¿Puede el lector ver alguna diferencia entre ambos?

Recuerdo una frase que Jim Selman, uno de mis maestros en esta profesión, compartió en un Seminario cuando me estaba formando como Coach. Los invito a que la copien y la peguen en un lugar muy visible.

Querida Mechi: Gracias por tu oferta de ayudar,
pero hoy creo que tengo todo bajo control.
Dios

Para terminar con esta introducción, también me gustaría compartir con ustedes algo que siempre les digo a mis Coachees (y a mí misma):

Los seres humanos no tenemos control sobre los resultados, pero sí podemos elegir quién ser ante los resultados que tenemos. Esta frase resume para mí lo que es vivir una vida desde el poder y la responsabilidad que nos brinda la libertad.

1. Paradigma Cartesiano:
¿ Qué nos hace pensar que podemos controlar?. ¿Cómo la filosofía cartesiana influye en nuestras prácticas de control existencial?

Considero que la distinción “control” dentro del paradigma del Coaching Ontológico, es una meta distinción, que subyace o está por debajo de todas las demás distinciones, y que es esencial para observar y trabajar, dado que revela nuestro “ser cartesiano” en el mundo y nos propone el desafío de observarnos y elegir desde la responsabilidad por cuál paradigma queremos ser usados.

La interpretación de que podemos controlar está históricamente formada en la noción cartesiana de que somos actores independientes, separados del mundo, de la naturaleza y de los otros seres humanos y que podemos causar nuestras acciones y producir resultados intencionalmente, es decir, que nosotros somos individualmente la fuente de nuestras acciones.

Rafael Echeverría en su libro “El Búho de Minerva”(1) señala con relación a la filosofía de René Descartes:

“… la filosofía de Descartes inaugura toda la tradición filosófica moderna de la subjetividad o filosofía centrada en el sujeto. La afirmación del yo, del sujeto pensante, se constituye en la piedra angular de la reflexión filosófica.

La concepción cartesiana, por lo tanto, escinde lo real en dos partes esencialmente diferentes: la conciencia y la materia, el alma y el cuerpo, el sujeto y el objeto”.

Sin duda esta filosofía tuvo una gran influencia en el desarrollo científico y tecnológico que hoy disfrutamos (?). En la metodología investigativa occidental, el conocimiento se obtiene mediante la observación apartada, desinteresada y objetiva. La lógica cartesiana, que visualiza el universo no como un ente viviente sino como una máquina, postula una separación total y absoluta entre observador y observado, entre alma y cuerpo, y entre mente y materia. La observación se limita a lo que puede ser cuantificado.(2)

Esta escisión entre el hombre y la naturaleza, nos llevó a creer que desde la ciencia el hombre puede controlar al mundo y domarlo para sus fines. No quiero entrar en este artículo a desarrollar las consecuencias que provoca esta forma de pensar en nuestra ecología y en la vida de nuestro planeta. Sí considero útil mencionarlo para mostrar desde dónde surge este paradigma y cuáles son las consecuencias del mismo, cuando lo que queremos no es ya controlar la naturaleza, sino controlar a otros seres humanos.

Una forma gráfica de mostrar este mecanismo, que comúnmente llamamos “la caja”, “EGO”, “cultura” (en el ámbito social) o la “estructura cartesiana del ser” sería:

FUTURO / POSIBILIDAD / COMPROMISO / Resultados Extraordinarios

Descartes dijo: “Cogito, ergo sum”, PIENSO, LUEGO SOY. Esto implica que YO soy mi EGO (*).

Mi EGO cree que él es YO, cree que él produce los resultados, mi EGO se cree que sus juicios son la verdad. Mi EGO es una conversación auto-referencial, en donde la realidad está interpretada con un solo propósito que es validar su propio punto de vista, entonces si yo soy mi EGO, yo puedo lograr lo que él quiere que yo logre, pero nada más, porque es un sistema cerrado (sólo lo que es posible dentro de “la caja”, lo que la cultura acepta como razonable). Esto es lo que hace una conversación auto-referencial, se auto-justifica, se auto-organiza, interpreta todo relacionado consigo misma, con el único propósito de sobrevivir y persistir.

En este paradigma somos máquinas “estímulo-respuesta” en donde cambiamos la acción basándonos en los juicios sobre los resultados, pensando que lo que pensamos es la verdad y que no hay otra posibilidad.

Pensamos que pensamos y pensamos que es nuestro pensamiento el que determina lo que hacemos y cómo nos sentimos. Somos usados por esta interpretación. La mayoría de las respuestas no nos pertenecen, pero somos tan arrogantes que creemos que tenemos el control.

Hay un cuento muy conocido que muestra esta interpretación:
Se juntan dos amigas para cenar y la dueña de casa decide cocinar un peceto. Van a la cocina, la anfitriona saca el peceto de la heladera y antes de colocarlo en la cacerola le corta las puntas. Su amiga, extrañada le pregunta:

– ¿ Por qué le cortás las puntas al peceto?.
– ¡Porque el peceto se hace así!.
– ¿ Quién lo dijo?.

La dueña de casa se queda sorprendida y reflexionando unos minutos decide llamar por teléfono a su mamá, que le enseñó esta receta.

– ¡Hola mami!. ¿Cómo estás?. Mirá estoy aquí con Silvia y me hace una pregunta que la verdad, se la contesto pero no estoy segura de por qué le contesto lo que le contesto. A ver si me podés ayudar.. ¿ Por qué le cortás las puntas al peceto?.
– Hija, es obvio, porque se hace así.

Cortan la conversación y la inquietud se fue trasladando de generación en generación. La mamá de la dueña de casa de esta historia decide llamar a su mamá.

– ¡ Hola mami !. ¿ Cómo estás?. Mirá, recién acabo de cortar con Liliana y me hizo una pregunta que me dejó pensando.. Me podés decir ¿por qué le cortás las puntas al peceto?.
– Hija, yo le corto las puntas al peceto, porque cuando tu papá y yo nos casamos, teníamos solamente una cacerolita y como el peceto que me vendían no me entraba, le cortaba las puntas y las usaba para hacer albóndigas.

Cuando “pensamos” que algo está mal o queremos que ocurra lo que creemos que debería ocurrir, cuando pasa algo o alguien hace algo que no coincide con nuestras expectativas, entonces lo que hacemos es intentar controlar a esa persona o situación, para hacer que las acciones del otro o lo que ocurre encaje con lo que para nosotros es correcto o debería ser. Desde el paradigma del control, todo lo que no es conforme a mis expectativas, es fuente de sufrimiento.

Esto nos lleva a un punto en que cuanto más hacemos para obtener eso que decimos querer, menos obtenemos de eso mismo. Lo que queremos controlar, nos controla a nosotros.

Tomo un ejemplo que da Paul Watzlawick en su libro “Cambio, Formación y solución de los problemas humanos” (3), que observado desde la mirada del Coaching Ontológico, ejemplifica muy bien este fenómeno:

“En la psicoterapia conyugal, se puede observar frecuentemente, cómo ambos esposos adoptan comportamientos que cada uno de ellos considera como la reacción más apropiada frente a algo mal hecho por el otro. Es decir, cada uno de ellos considera el comportamiento correctivo particular del otro, como aquel comportamiento que precisa corrección. Así por ejemplo, una mujer puede tener la impresión de que su marido no es lo suficiente abierto a su respecto, como para decirle dónde va, qué es lo que piensa, qué es lo que hace cuando está fuera de casa, etc. Como es natural, intentará obtener la información que desea dirigiéndole preguntas, vigilando su comportamiento y sometiéndolo a prueba de otros modos. Si él, por su parte, considera la conducta de su mujer demasiado entrometida, se negará a proporcionarle una información que en sí puede ser bastante inocente y carecer de importancia – ‘para enseñarle a no meterse en lo que no le importa’-, pero en lugar de conseguir que ella renuncie a su actitud, tal tentativa de solución no solamente no da lugar a que ella cambie de comportamiento en el sentido que él desea, sino que hace que aumenten las preocupaciones y la desconfianza de ella: ‘si no me quiere contar ni esas pequeñas cosas, es que debe haber algo más’. Cuanto menos la informa él, más insistirá ella en enterarse, y cuanto más insista ella, tanto menos cederá él”.

El Profesor Luis Cibanal en su artículo “Introducción a la sistémica y terapia familiar” (4), esquematiza la situación anterior de la siguiente forma:

Tal como dice Maturana (a), una explicación (una razón) es un reformulación de nuestra experiencia que satisface un criterio de aceptación, es un juicio después del acontecimiento y si es una explicación aceptada, no sólo justifica la acción que ya transcurrió sino también la siguiente. Mi opinión es que esto no es acción es reacción, lo que hacemos es una reacción a lo que pensamos y sentimos.

Somos el tipo de ser que piensa que la acción tiene que ver con la producción de resultados y después valoramos la acción observando la utilidad del efecto. En esta estructura no hay Ser, todo es reacción.

El paradigma de control nos enceguece al dominio del “SER” y nos atrapa en un “nunca dejar de re-accionar” que como mucho puede gratificarnos pero nunca satisfacernos.

Por otra parte, dado que todos estamos en esta misma condición, las prácticas del control son inevitablemente resistidas por los demás y entonces desarrollamos todas las maneras posibles de juegos para controlarnos unos a otros. Al final nadie obtiene lo que desea y las distinciones SER y HACER colapsan.

Dado que fuimos arrojados a este paradigma de control, no tenemos otra opción si venimos de la creencia de que “acción” se refiere a producir efectos deseados.

Martín Heidegger desarrolla el tema del pensar, la acción (el actuar) y el ser, en su “Carta sobre el humanismo”(5) (b):

“Estamos muy lejos de pensar la esencia del actuar de modo suficientemente decisivo. Sólo se conoce el actuar como la producción de un efecto, cuya realidad se estima en función de su utilidad. Pero la esencia del actuar es el llevar a cabo. Llevar a cabo significa desplegar algo en la plenitud de su esencia, guiar hacia ella, producere. Por eso, en realidad sólo se puede llevar a cabo lo que ya es. Ahora bien, lo que ante todo «es» es el ser. El pensar lleva a cabo la relación del ser con la esencia del hombre. No hace ni produce esta relación. El pensar se limita a ofrecérsela al ser como aquello que a él mismo le ha sido dado por el ser. Este ofrecer consiste en que en el pensar el ser llega al lenguaje. El lenguaje es la casa del ser. En su morada habita el hombre.
……
Para que aprendamos a experimentar puramente la citada esencia del pensar, lo que equivale a llevarla a cabo, nos tenemos que liberar de la interpretación técnica del pensar. Los inicios de esa interpretación se remontan a Platón y Aristóteles. En ellos, el pensar mismo vale como ….procedimiento de la reflexión al servicio del hacer y fabricar. …… Pero este esfuerzo equivale al abandono de la esencia del pensar….. En la interpretación técnica del pensar se abandona el ser como elemento del pensar.
……
Que el pensar es significa que el ser se ha adueñado destinalmente de su esencia. Adueñarse de una «cosa» o de una «persona» en su esencia quiere decir amarla, quererla. Pensado de modo más originario, este querer significa regalar la esencia. Semejante querer es la auténtica esencia del ser capaz, que no sólo logra esto o aquello, sino que logra que algo «se presente» mostrando su origen, es decir, hace que algo sea.

La capacidad del querer es propiamente aquello «en virtud» de lo cual algo puede llegar a ser. Esta capacidad es lo auténticamente «posible», aquello cuya esencia reside en el querer. A partir de dicho querer, el ser es capaz del pensar. Aquél hace posible éste. El ser, como aquello que quiere y que hace capaz, es lo posible. En cuanto elemento, el ser es la «fuerza callada» de esa capacidad que quiere, es decir, de lo posible.
…..
El lenguaje también nos hurta su esencia: ser la casa de la verdad del ser. El lenguaje se abandona a nuestro mero querer y hacer a modo de instrumento de dominación sobre lo ente. Y, a su vez, éste aparece en cuanto lo real en el entramado de causas y efectos.
…….
Antes de hablar, el hombre debe dejarse interpelar de nuevo por el ser, con el peligro de que, bajo este reclamo, él tenga poco o raras veces algo que decir. Sólo así se le vuelve a regalar a la palabra el valor precioso de su esencia y al hombre la morada donde habitar en la verdad del ser”.

Jim Selman expresa esto de una manera muy simple:

Los seres humanos no hemos examinado la naturaleza de la acción. Nosotros creemos que la acción tiene que ver con la producción de resultados y entonces evaluamos la acción basados en lo que pensamos de los resultados y después repetimos o cambiamos la acción basándonos en lo que nos gusta o no de los resultados.

Esta no es una descripción de ACCION, es una descripción de RE-ACCION. La acción, en esta estructura, es una respuesta al juicio que tenemos de los resultados.

En esta estructura no hay SER. Es el paradigma de la causa y el efecto. Hacemos lo que hacemos basados en lo que pensamos y sentimos.
No hemos examinado la naturaleza de la acción de otra manera, evaluamos la acción y observamos la utilidad del efecto.

La esencia de la acción no tiene que ver con la producción de efectos. La esencia de la acción es el logro. La única cosa que le otorga sentido a la acción es el logro de algo. Lograr algo es satisfacer o manifestar lo que ya es. Lo que ya ha sido creado. Solo cuando manifestamos el logro, la acción puede ser una expresión de nuestro compromiso y ser. Heidegger

Control es siempre una reacción a algo histórico, que ya está en el mundo.
Lograr o realizar algo es traer algo nuevo que no puede ocurrir sino a través de la creatividad y el compromiso.

Compromiso es la capacidad humana de accionar, no de reaccionar.

Cuando incorporamos esto a nuestra vida en todos los dominios, nuestras prácticas de control (control operativo) se convierten en medios para cumplir nuestros compromisos más que el contexto que nos controla a nosotros mismos.

Lograr algo es manifestar lo que ya es, que ya es por el hecho de haberlo declarado.

Por ejemplo, yo puedo declarar un compromiso: “Yo soy mi compromiso con la integridad, pienso, digo y hago en una misma línea”.

Esto para mí ya es un logro. Un logro, como acto lingüístico es una declaración, y como toda declaración implica que mis acciones van a ser consistentes con lo que declaré.
Un resultado, como acto lingüístico, es una afirmación u observación.

Una vez hecha mi declaración, van a suceder cosas que no van a estar bajo mi control. Si ante esas cosas que suceden yo me adapto a las circunstancias y cambio lo que digo, lo que pienso y lo que hago dadas las circunstancias, estoy reaccionando y queriendo controlar lo que sucede. No estoy desplegando mi SER, sino que mi EGO (lo que pienso) está tomando el poder. No estoy siendo mi declaración, estoy pensando acerca de lo que sucede y evaluando lo que me conviene. Estoy entrando en un juego que se llama “más de lo mismo” o “para que arriesgarme si así está bastante bien”. Me estoy moviendo nuevamente en el espacio de la CAJA, no en el espacio de lo que es POSIBLE(*) (fuera del CAJA), por el sólo hecho de haberlo declarado.

Con lo anterior no estoy diciendo que no sea lógico o aceptable, que en el camino de llevar a cabo acciones para ser consistente con mi declaración, incluya la posibilidad de evaluar los resultados y corregir mis acciones. Seguramente el extracto que incluyo a continuación del libro “Sicronicidad” de Joseph Jaworski (6), aclare más esta idea.

“En nuestra sensación habitual de compromiso, las cosas se hacen con el trabajo duro, tenemos que sacrificarnos. Si todo empieza a desmoronarse, redoblamos nuestro esfuerzo o nos decimos que no somos lo suficientemente eficaces, o que no estamos lo suficientemente implicados para soportar semejante compromiso. Así, vacilamos entre dos estados del ser: el primero es un tipo de auto manipulación por la que conseguimos hacer las cosas diciéndonos que si no nos esforzamos más, no vamos a lograrlo; y el segundo es un estado de culpabilidad en el que decimos que no somos lo suficientemente eficaces. Ninguno de ellos tiene nada que ver con la naturaleza profunda del compromiso.
Cuando operamos en el estado mental en el que somos conscientes de ser parte del despliegue, no podemos dejar de estar comprometidos, es imposible. No hay nada que ocurra accidentalmente. Todo lo que ocurre es parte de lo que tiene que ocurrir en este mismo momento. Sólo cometemos los errores que tenemos que cometer para aprender lo que tenemos que aprender ahora mismo. Es un compromiso del ser, no del hacer. Descubrimos que nuestro ser está inherentemente comprometido ya que eso forma parte del proceso de despliegue. La única manera de no estar comprometido es perder esa conciencia, volver a caer en la ilusión de que no estamos participando en la vida. Este descubrimiento nos lleva a un estado paradójico de rendición íntegra, por la que nos rendimos al compromiso: pongo en práctica mi compromiso escuchando y de ahí surge “mi hacer”.

Una de las competencias básicas de un Coach Ontológico es dar poder a su Coachee para que logre más de lo que cree que sería posible, más de lo que el sentido común dice. Esto implica trabajar para “soltar el control”.

Trabajar una visión, no como una imagen del futuro donde se quiere llegar, sino como un contexto para desplegar una manera de ser, que alinee todas nuestras acciones, es un gran recurso para implementar en nuestro trabajo como Coachs.

Todos tenemos ejemplos en nuestra vida de haber vivido experiencias (aún no teniendo las distinciones ontológicas) en las cuales produjimos resultados que no tenían que ver con lo posible, dado el compromiso que teníamos con nuestra visión. Voy a dar un ejemplo personal, para ver si puedo aclarar un poco más esto que quiero transmitir.

En una de las empresas en que me desempeñé en relación de dependencia, yo ocupaba el puesto de Supervisora del Departamento de Promociones. Junto con un colega que tenía la misma posición en México, en un evento en que trabajamos juntos en Orlando, USA, nos comprometimos a volvernos a ver la próxima vez, siendo los dos nombrados Gerentes. En ese momento a mi no se me ocurrió pensar que eso no era posible, teniendo en cuenta que no tenía ninguna intención de “serrucharle el piso a mi jefe”, que no había ninguna conversación que implicara que a mi jefe lo iban a cambiar de sector o despedir o que el organigrama contemplara la posibilidad de que nombraran a un Gerente que dependiera de otro Gerente. En ese momento la estructura contemplaba Supervisores reportando a Gerentes, y Gerentes reportando al Director General. No recuerdo haber hecho todo este análisis en esa oportunidad, lo hago ahora en función de ejemplificar como este fenómeno de “ser” lo que quiero ser, independientemente del status quo, funcionó para mí. Yo fui Gerente antes de ser nombrada, mi forma de actuar, mi forma de relacionarme con el trabajo, mi forma de relacionarme con las demás personas, correspondían a lo que se esperaba de un Gerente. Evidentemente mi amigo mexicano hizo lo mismo, dado que la próxima vez que nos encontramos (que fue en menos de un año) los dos habíamos sido nombrados Gerentes. En mi caso, se cambió el organigrama de la compañía y fui el primer Gerente en reportar a otro Gerente.

Cuando nos animamos a ser aquello que queremos ser en función de nuestros compromisos y no reaccionamos a nuestros juicios, cuando desplegamos todo nuestro poder y accionamos independientemente de los resultados que vamos obteniendo o de lo que la cultura dice que es lo lógico, cuando nos corremos del mecanismo de la reacción y no estamos midiendo lo que pasa, para determinar cuál será nuestro próximo paso, lo inevitable sucede. Y en realidad, dado lo que vinimos trabajando, me corrijo y digo: No sucede, ya sucedió. Considero que a esto se refiere Heidegger cuando dice: “Llevar a cabo significa desplegar algo en la plenitud de su esencia, guiar hacia ella, producere. Por eso, en realidad sólo se puede llevar a cabo lo que ya es. Ahora bien, lo que ante todo «es» es el ser”.

2. ¿Cómo ser/hacer para salir del paradigma del control?. Aceptación y Rendición. ¿Qué implica aceptar? ¿Qué implica rendirse?.
Una de las formas de intervenir en nuestra vida cotidiana, para salirnos de la deriva cultural y ser usados por esta interpretación que propone el diseño ontológico es considerar la pregunta:

¿Quién soy yo?  igual a  ¿A qué estoy comprometida?.

La posibilidad de crear una forma de ser distinta, siendo mis compromisos, me permite distinguir la cultura a la que pertenezco y que me tiene y, me habilita para convertirme en responsable de aquello que me está usando y elegir porqué interpretación quiero ser usada. Siempre, siempre vamos a estar siendo usados por una interpretación, la invitación es a que elijamos aquella que a nuestro juicio nos dé más poder, como capacidad de acción.

Para salir del paradigma del control, también tenemos la posibilidad de incorporar en nuestra vida el hábito de practicar la ACEPTACIÓN Y LA RENDICIÓN. De esta forma podemos disolver el colapso entre el SER y el HACER.

• ¿Qué implica aceptar? ¿Qué implica rendirse?
Aceptar implica dejar de resistir. Entonces, ¿ cómo nos damos cuenta que estamos resistiendo?.

Los seres humanos vivimos emitiendo juicios, sobre nosotros mismos, sobre los demás y sobre las cosas que suceden. Cuando no vivimos los juicios como juicios, sino como la verdad, desarrollamos dos tipos de mecanismos:

– si el juicio es positivo, lo aceptamos, nos reconforta. Lo que pensamos, lo que sentimos y lo que experimentamos en nuestro cuerpo es una sensación gratificante.
– si el juicio es negativo, lo resistimos, no nos gusta. Nos enojamos, nos defendemos y podríamos decir que el juicio “nos pega en el cuerpo”.

Ahora, si compartimos que los juicios no son la verdad…¿ qué hay para resistir?, ¿ qué hay para defender?.

No hay nada para defender o resistir si elegimos vivir nuestra vida desde una postura constructivista.

En su libro “La construcción del universo”, Marcelo Ceberio y Paul Watzlawick(7), señalan:

“Asumir constructivamente los juegos humanos implica:
 El respeto por nuestras propias opiniones, respetando las opiniones de los otros.
 Sugiere una noción de mayor compromiso, al asumir nuestras propias construcciones, pero no como verdades absolutas, sino como patrimonio de ver las cosas desde nuestro punto de vista de observación.
 Además, de esta manera nos convertimos en seres comprensivos, al entender que los otros poseen otras estructuras conceptuales y que perciben, sensacionan, experiencian de una forma diferente.
 Y también, todo esto provoca una noción de mayor libertad, flexibilizando nuestros parámetros personales, comprendiendo al otro, respetando sus construcciones y comprometiéndonos con las propias”.

Aceptar implica:
– aceptar que mis juicios y los juicios de los demás, son sólo juicios
– aceptar aquello que quiero cambiar, incluirlo, no negarlo ni resistirlo
– aceptar mi Caja / Ego, mis conversaciones auto-referenciales como un mecanismo que por momentos me hace pensar que soy esa Caja, pero que soy más que eso y lo que soy como posibilidad, incluye a la Caja. Esto implica hacerse responsable de esta manera de ser que nos tiene y elegir, si queremos ser usada por ella o por otra interpretación.

Una excelente metáfora que para mi muestra la posibilidad de convivir con la Caja y no resistirla, está dada en la película “Una mente brillante”. Esta película muestra un drama intensamente humano, que está inspirado en la vida real del genio matemático John Forbes Nash, Jr. Nash hizo un increíble descubrimiento cuando era joven y estuvo a punto de alcanzar la fama internacional. Pero, su rápida ascensión en la estratósfera intelectual cambió de dirección cuando su brillante intuición fue oscurecida por su esquizofrenia.
Pasó por varias internaciones en neuro-psiquiátricos, hasta que finalmente volvió a su vida “normal”(?), pero las alucinaciones no habían desaparecido. Él decidió convivir con ellas y no resistirlas, y desarrollar prácticas, con la ayuda de amigos y alumnos, para detectar aquellas situaciones en las cuales tenía dudas de sí estaba alucinando o lo que veía era real. Esto se ve maravillosamente cuando un profesor que él no conocía lo va a buscar a la salida de su clase y le comienza a hablar. John llama a una de sus alumnas y le pregunta delante del visitante: -¿ vos lo ves a este señor?.- Sí, lo veo. Entontes Nash comienza a interactuar con él tranquilamente, seguro de que no se trataba de una alucinación.

Al aceptar, puedo rendirme. Ya no tengo que hacer más fuerza ni pelear por defender una manera de ser que me impide crear lo que quiero. Rendirse es soltar el control.

Desde la rendición que viene de la aceptación de lo que está siendo , puedo generar el compromiso para crear lo que quiero para mí y para los demás. Esto es posible desde un estado de ánimo de serena ambición. Si me rindo desde la resignación, cualquier acción que yo cree es una re-acción. No es una acción. No es algo que yo elijo para que ocurra algo. Es una acción que yo creo para corregir o cambiar lo que ocurre.

Una creencia del EGO es que tenemos una elección, que podemos controlar las cosas y las personas, y que si nos rendimos perdemos el control. En realidad, cuando estamos parados en esta interpretación, lo que creemos que estamos controlando, nos está controlando a nosotros.

3. ¿ Qué es poder ? ¿ El control anula el poder?
Si tomamos la definición de poder que nos ofrece la Enciclopedia Encarta, es inevitable observar en ella la gran influencia ejercida por el pensamiento cartesiano.

“Dominio, imperio, facultad y jurisdicción de la que dispone el individuo para mandar o ejecutar; capacidad de imponer la propia voluntad sobre los otros.”

Rafael Echeverría(8) señala : “Nuestra concepción tradicional del poder, trata al poder como sustancia, como un ‘algo’ que está allí, independientemente de los individuos que lo observan. Pareciera tratarse de un ‘algo’ misterioso, de gran capacidad elusiva, que de momentos pareciera que lo tenemos, para pronto descubrir que se nos fue de las manos. Da la impresión de que el poder fuese algo a lo que los individuos ‘acceden’. No es extraño escuchar, por lo tanto, expresiones que se refieren a la ‘toma’ o a la ‘conquista’ del poder, como si estuviese allí, sujeto a ser agarrado”.

Desde esta mirada el poder se convierte en un “bien escaso y limitado”, a los cuales algunos seres humanos tienen acceso y otros no, dado que no hay para todos. El poder también ha sido cosificado.

Desde la mirada del Coaching Ontológico consideramos al poder como una distinción lingüística, como un fenómeno que sólo es posible dada la capacidad del lenguaje que tenemos los seres humanos.

“Sin un observador provisto de lenguaje, el poder como tal no se ve. No se trata, sin embargo, de que no se vea porque está oculto, escondido o encubierto, a la espera de ser revelado o descubierto. No se lo observa, porque es el propio observador quien lo constituye como el fenómeno que es. El poder, por lo tanto, no es un fenómeno independiente del observador. El propio proceso de observación lo constituye como fenómeno”(8)

Desde una mirada ontológica el poder es un juicio que hace un observador sobre la capacidad de acción que tiene una entidad, llámese un individuo, un grupo de individuos, una organización, una máquina, etc.

Dado que es un juicio, considerar al poder como “capacidad de acción” es tan válido como considerarlo como “dominio, imperio, facultad y jurisdicción de la que dispone el individuo para mandar o ejecutar; capacidad de imponer la propia voluntad sobre los otros”. Considero que dado que estas definiciones de poder, provienen de diferentes paradigmas de cómo ver la realidad, conllevan una cuestión de valores subyacente que marca una diferencia muy grande entre las dos miradas, sobre todo si consideramos al poder como la capacidad de imponer la propia voluntad sobre los otros.

Quisiera en este artículo analizar el fenómeno del poder en relación con cada uno de nosotros y no al poder sobre los demás.

Si compartimos que el poder se puede observar como fenómeno en la capacidad de acción que tiene un individuo y tomamos el diagrama (pág.3) que utilizamos para graficar la estructura cartesiana del ser (la Caja): ¿ dónde tiene más poder un individuo, dentro de la caja o fuera de la caja?.

Si dentro de la Caja tenemos lo que la cultura acepta como posible, lo que ya está dado, lo que el sentido común dice que es factible, es evidente que la mayor capacidad de acción, de creación está fuera de la Caja. No quiere decir que en la Caja no haya capacidad de acción, sino que ésta está limitada por lo que podemos ver. Recordemos que sólo podemos intervenir en un mundo que podemos distinguir, por lo tanto, cuántas más distinciones tengamos, más capacidad de acción podemos desarrollar.

Podemos ver este esquema también de esta forma:
 Dentro de la Caja está todo lo que “SÉ QUE SÉ” y lo que “SÉ QUE NO SÉ”. Este es un espacio donde podemos “descubrir”.
 Fuera de la Caja está lo que “NO SÉ QUE NO SÉ”, es decir, todo aquello que puedo inventar o crear.

Veamos esto a través de un ejemplo:
Hay una historia oriental que cuenta que un padre, después de su muerte, dejó sus 17 camellos a sus tres hijos, con la siguiente instrucción: el hijo mayor debería recibir la mitad, el segundo, un tercio, y el más joven una novena parte de los camellos. Frente al mandato del padre, ellos se encuentran con la imposibilidad de realizar tal división.

Eventualmente por el camino, un mullah (intérprete de las leyes y dogmas del Islam) viene cabalgando sobre su camello, y ellos le piden ayuda. “No existe una solución para esto”, él asevera. Pero puedo agregar mi camello a los de ustedes, y así tendrán 18 y podrán dividirlos. Ahora tú, el mayor, recibes la mitad, que es 9. A ti, el hijo segundo, te corresponde un tercio, o sea 6, aquí están. Y para ti, el más joven, un noveno, que son 2 camellos; así resta un camello, de mi propiedad.

Habiendo dicho esto, se subió a su camello y se fue”.(*)

Analicemos este ejemplo:
Los tres hijos sabían que sabían que tenían 17 camellos. Por otro lado, sabían que no sabían dividir la herencia de su padre tal cual él la había pedido. Lo que no sabían que no sabían, dado que estaban limitados por el paradigma de lo que era posible para ellos, es que se podía inventar una alternativa de solución que escapaba a la lógica convencional matemática. Su sentido común les decía que eso no era posible y que no había solución.

Si vengo desde un paradigma racionalista, donde creo que Yo soy mis pensamientos y estoy comprometida a tener razón, mis posibilidades de acción van a estar limitadas por aquello que mi lógica indica como correcto o posible.

En cambio sí:
¿Quién soy yo?  igual a  ¿A qué estoy comprometida?.

Mis compromisos generarán más poder, dado que elegiré vivir mi vida como una expresión de mi creación y desarrollar todas las acciones que sean necesarias para honrar mis compromisos.

El siguiente poema del poeta y novelista Guillaume Apollinaire, expresa de una forma para mi maravillosa, una invitación a salirnos de la caja.

“Vengan al borde del abismo”.
“No podemos. Tenemos miedo”
“Vengan al borde del abismo”.
“No podemos. ¡Caeremos!”

“Vengan al borde del abismo”.

Ellos vinieron.
Él los empujó.
Y volaron.

4. Responsabilidad / Acontabilidad. ¿Cómo se relacionan con el poder?
“Cambiamos al mundo al cambiarnos a nosotros mismos. Para eso es necesario que seamos responsables. La actitud responsable es altamente potencializadora cuando respondemos a lo que nos es atribuido, a partir de un centro de confianza y alegría interior. Ese centro transmuta el peso del deber o de la obligación en ligereza y habilidad para responder a lo que la vida nos propone. Actuar con responsabilidad es darse el placer de poner en práctica nuestros mejores talentos”(*)

Culturalmente aprendimos a igualar la “responsabilidad” con la “culpabilidad”, por eso comúnmente hablamos de ser responsables de algo como sinónimo de culpable de.

La propuesta es corrernos de esta definición de responsabilidad y adoptar desde el paradigma propuesto por el Coaching Ontológico, una definición de responsabilidad como habilidad para responder.

La responsabilidad es una manera de ser en el mundo. Declararme responsable ante (y no por) una situación, me abre un campo de acción que no estaría disponible para mi sí simplemente elijo ser un observador crítico o una víctima de esa situación.

De esta forma podemos observar la relación que existe entre responsabilidad y poder, responsabilidad como habilidad para generar respuestas y poder como capacidad de acción. En la medida que yo sea más hábil para generar respuestas, mi capacidad de acción aumentará.

 Tengo que Vs. Elijo que

Desde la responsabilidad yo elijo hacer algo, desde la reacción yo tengo que hacer algo.
Nuevamente estamos ante dos espacios diferentes: el espacio del EGO donde rige él debería y lo que corresponde y el espacio de mi SER, donde elijo desde la libertad.

Stephen Covey, en su obra “Los siete hábitos de la gente altamente eficaz”(9) analiza el tema de la responsabilidad de la siguiente forma:

“Examinemos la palabra ‘responsabilidad’ en la cual encontramos alusiones a las palabras ‘responder’ y ‘habilidad’: habilidad para elegir la respuesta. Las personas muy proactivas reconocen esa responsabilidad. No dicen que su conducta es la consecuencia de las condiciones, el condicionamiento o las circunstancias. Su conducta es un producto de su propia elección consciente; se basa en valores, y no es producto de las condiciones ni está fundad en el sentimiento.

Dado que por naturaleza somos proactivos, si nuestras vidas están en función del condicionamiento y las condiciones, ello se debe a que, por decisión consciente o por omisión, elegimos otorgar a esas cosas el poder de controlarnos.

Si nuestra elección es esa, nos volvemos ‘reactivos’. Las personas reactivas se ven a menudo afectadas por su ambiente físico. Si el tiempo es bueno, se sienten bien. Si no lo es, afecta a sus actitudes y su comportamiento. Las personas proactivas llevan consigo su propio clima. El hecho de que llueva o brille el sol no supone ninguna diferencia para ellas. Su fuerza impulsiva reside en sus valores, y su valor es hacer un trabajo de buena calidad, no depende de que haga buen tiempo o no.
…..
Pero hasta que una persona no pueda decir profunda y honestamente, ‘Soy lo que soy por mis elecciones de ayer’, tampoco podrá decir ‘Elijo otra cosa’ “.

La acontabilidad no es una manera de ser , es una distinción de diseño organizacional, es una distinción operativa. El acontable es el que da cuenta por que una tarea se realice.

Un ejemplo de estas dos distinciones funcionando al mismo tiempo sería:

Alberto y Néstor se declararon responsables para que el proyecto de su empresa de fabricación de tortas funcione. Néstor es acontable de la administración y Alberto es acontable por las ventas. Si las ventas no llegan al nivel que ambos establecieron, Néstor dado que se declaró responsable ante los resultados no le va a echar la culpa a Alberto por no lograr el resultado sino que va a tener conversaciones con él para ver qué pueden diseñar juntos para lograr sus objetivos, aunque Alberto siga siendo acontable por las ventas.

Mercedes Barrigón / Noviembre 2002
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Bibliografía Consultada
• Apuntes Seminarios de Jim Selman – ICP
• Enciclopedia Encarta en español – Versión 1999

1. “EL BÚHO DE MINERVA” Rafael Echeverría. Editorial Granica. Edición 1997.
2. Artículo “AGRICULTURA ECOLÓGICA: MAS ALLA DEL PARADIGMA CARTESIANO” Carmelo Ruiz Marrero – Agosto 2001
http://www.palacio.org/Hablamos/00000043.htm
3. “CAMBIO” Formación y solución de los problemas humanos. Paul Watzlawick, John H. Weakland y Richard Fisch – Editorial Herder – Biblioteca de Psicología – Textos Universitarios – Edición 1995
4. Artículo “INTRODUCCIÓN A LA SISTÉMICA Y TERAPIA FAMILIAR” Profesor Luis Cibanal. http://perso.wanadoo.es/aniorte_nic/apunt_terap_famil_1.htm
5. “CARTA SOBRE EL HUMANISMO” Martin Heidegger -Traducción de Helena Cortés y Arturo Leyte, publicada por Alianza Editorial, Madrid, 2000
http://personales.ciudad.com.ar/M_Heidegger/carta_humanismo.htm
6. “SINCRONICIDAD” El camino interior hacia el liderazgo Joseph Jaworski, Editorial Piados Plural – Edición 1999
7. “LA CONSTRUCCIÓN DEL UNIVERSO” Marcelo Ceberio y Paul Watzlawick. Editorial Herder – Edición 1998
8. “ONTOLOGÍA DEL LENGUAJE” Rafael Echeverría. Editorial Granica. Edición 1997.
9. “LOS SIETE HABITOS DE LA GENTE ALTAMENTE EFICAZ” Stephen Covey. Editorial Piados Empresas – Edición 1996

“CONTROL, PODER Y RESPONSABILIDAD”
Aportado por: Lic. Mercedes Barrigón – Coach Ontológico Certificado ICP

Nota Relacionada:
Lea la parte 2 de este artículo en el Portal del Coaching

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