Adaptación ante una conducta o emoción propia o ante una relación con el otro, que se genera a partir del hecho de su repetición, y que transforma la vivencia en un hecho sin roce y sin sorpresa.

La palabra costumbre viene del latín consuetudo, a partir de su acusativo consuetudine(m), compuesto de:
El prefijo con- (junto, globalmente, como en comarca, consolidar y contaminación). Este prefijo se relaciona con la raíz indoeuropea *kom- (junto, cerca de), presente en las palabras koiné, cenobio, epiceno a través del griego κοινός (koinos = común).
La raíz indoeuropea *s(w)e que lleva la idea de tercera persona y separar. Esta raíz nos dio ética, etnofobia e idiota a través del griego.
El sufijo latino -tudo, que indica cualidad y da nuestro sufijo -dumbre/-tumbre, como en servidumbre, de servitudo, servitudine(m).
La evolución fonética de consuetudo a costumbre fue la siguiente, empezando por el acusativo, consuetudinem:
El grupo -ns- se convierte en s (consuetudinem -> costumbre), este mismo cambio lo podemos ver en mensa -> mesa, mensura -> mesura y pensare -> pesar.
Pérdida de las vocales internas (consuetudinem -> cosuetumine -> costumne).
El grupo -mn- se convierte en -br- (costumne -> costumbre). Este cambio lo vemos también en femina -> femna -> hembra, aeramen – alambre, y nomen -> nombre.
La palabra consuetudo era usada en derecho romano. Así encontramos:

Consuetudo quasi altera natura – El hábito es nuestra segunda naturaleza.

Inveterata consuetudo et opinio iuris seu necessitatis – La costumbre inveterada y la opinión o necesidad del Derecho. (Se refiere a leyes no escritas: conducta que sigue la gente constantemente y la convicción de esa gente que esa conducta es obligatoria).
Mores maiorum consuetudo – La costumbre de los antepasados. (La fuente formal del derecho romano).
Mores sunt tacitus consensus populi longa consuetudine. inveteratus – Las costumbres morales son un tácito acuerdo del pueblo arraigado tras una larga práctica – (Domicio Ulpiano, Jurista Romano).

En realidad consuetudo en latín es un derivado con sufijo de cualidad -tudo del verbo consuescere, o mejor dicho de su supino consuetum (acostumbrar, tomar globalmente el hábito o la práctica de algo), verbo prefijado con un prefijo globalizador con- sobre el verbo suescere (acostumbrarse, habituarse, acostumbrar a).

A los Psicofármacos

En los últimos años se ha evidenciado un incremento preocupante en el uso y abuso de psicofármacos. Este proceso es, en última instancia, consecuencia del acostumbramiento al uso de fármacos en general. Drogas para el dolor, para dormir, para bajar de peso, se han
convertido en parte del comportamiento cotidiano.

La naturalidad con la cual ingerimos medicamentos sin evaluar sus consecuencias es alarmante, porque toda droga tiene efectos complejos y frecuentemente adversos para el organismo.

Sin un diagnóstico y seguimiento apropiados, el uso de psicofármacos conlleva serios riesgos, pero la automedicación es común. Un estudio local reveló en 2004 que el 42% de los pacientes que iban por primera vez a sus consultorios se automedicaba.

Tal es el acostumbramiento que, aún profesionales entrenados recetan psicofármacos indiscriminadamente, por ejemplo ante situaciones de angustia que no constituyen enfermedad. Sería importante advertir a los organismos públicos y sociales para que tomen conciencia y, tanto a médicos como pacientes, para que reflexionen al respecto.

Fuentes:
Etimologías de Chile y Diccionario de Emociones, Actitudes y Conductas de la Universidad Bolivariana.

* Dr. Facundo Manes. Neurólogo. Director del Instituto de Neurología Cognitiva (INECo) y del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro. Coleccionable Vida Sana. Clarín + ByD Contenidos