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Alergia a la Leche

Alergia a la Leche

La leche representa el contacto con la madre ya en los primeros instantes de mi llegada al mundo. Es un alimento completo que me permite tener todos los nutritivos que necesito para mi crecimiento durante las primeras semanas de mi vida. Ya que originalmente, obtengo esta leche mediante el contacto con mi madre, este alimento es además significativo del amor que recibo de mi madre.

Entonces, si dentro de mi entorno, hay una persona que identifiqué, sea mi madre u otra persona, “que juega el papel de madre” y que siento frustración con relación a ella en el papel que le presté, esto puede explicar por qué tengo una alergia a la leche.

Vivo frustración referente a la forma de atención e incluso de crítica de esta persona tiene hacía, lo cual hace desagradable el “contacto” que pueda tener con ella. Si esta alergia se desarrolla al nacimiento, debo comprobar cuáles son los miedos o las frustraciones que podía vivir mi madre mientras me llevaba, haciendo míos sus miedos o frustraciones que me llevaron a vivir esta alergia. Esta atención que me prestan podría hacerme decir: “¿Por quién se toma? ¿Se cree que es mi madre?”.

Es importante para mí poner amor en la situación y armonizar mis sentimientos con relación a este nexo privilegiado y fundamental para la supervivencia de la especie y que está grabado en mí, el del nexo de una madre con su hijo.

Lactancia materna
Varios estudios concluyen que la lactancia materna, en comparación con las leches de fórmula, puede proteger contra el desarrollo de las enfermedades alérgicas. No obstante, otros factores desempeñan un papel añadido, tales como la genética, la exposición a los alérgenos, el tabaquismo o el estilo de vida.

Está ampliamente demostrada la presencia de alérgenos alimentarios en la leche humana, tales como proteínas de huevo, de gluten (contenidas en el trigo, la cebada, el centeno, la avena, y todos sus híbridos), de leche de vaca y de cacahuete.

En general, las concentraciones se relacionan con la cantidad del alimento ingerido por la madre. Los alérgenos pasan con rapidez a la leche materna, en los minutos posteriores a la ingesta, y pueden permanecer durante varias horas.

Se ha señalado que esta exposición a alérgenos alimentarios a través de la lactancia induce la tolerancia en el bebé, si bien actualmente no se ha establecido cómo y cuándo exponer a los bebés a los alérgenos alimentarios potenciales con el objetivo de inducir la tolerancia o prevenir el desarrollo de sensibilizaciones posteriores.

En el caso del gluten, actualmente se ha demostrado que ni la exposición temprana al gluten ni la duración de la lactancia materna previenen el riesgo de desarrollar la enfermedad celíaca, si bien el retraso en la introducción del gluten se asocia con un retraso en la aparición de la enfermedad.

Esto contradice las recomendaciones dictadas en 2008 por la Sociedad Europea de Gastroenterología Pediátrica (ESPGHAN por sus siglas en inglés) para las familias de niños con riesgo de desarrollar la enfermedad celíaca, que consistían en introducir gradualmente pequeñas cantidades de gluten en la dieta durante el período comprendido entre los 4 a 7 primeros meses de vida, mientras se mantenía la lactancia materna. La genética de riesgo (presencia de los haplotipos HLA-DQ2, HLA-DQ8 o alguno de sus alelos) es un importante factor que predice la posibilidad de desarrollar la enfermedad celíaca.