Falta de emoción, motivación o entusiasmo. Es un término psicológico para un estado de indiferencia, en el que un individuo no responde a aspectos de la vida emocional, social o física.

Desidia, el desgano, la indiferencia y la falta de fuerza. Se trata, en otras palabras, del estado de ánimo impasible que se refleja en la ausencia de ganas o entusiasmo. esto significa que: cualquier hecho que ocurra en la vida de esta persona, le resultará irrelevante… no le despertará interés.

“El boxeador mostró una apatía alarmante sobre el ring”, “Ese disco fue la banda de sonido perfecta para retratar la apatía de la época”, “Deja la apatía y anímate a bailar con nosotros”.

La apatía como patología es un término acuñado por la psicología y se trata de un trastorno afectivo que causa indiferencia frente a los acontecimientos, las personas o el medio que rodea al sujeto enfermo. El cual, lo manifiesta a través de una reacción vana frente a los estímulos que le llegan de afuera, o incluso los que nacen de su interior.

Cuando la apatía sólo aparece en casos específicos (dirigida hacia un individuo, una tarea o un contexto), suele tratarse de una respuesta frente al estrés. Tampoco hay que olvidar que, en ocasiones, la apatía no tiene nada de patológico y es, simplemente, desinterés por aquello que una persona “está convencida o conversada” que no resulta relevante o interesante.

Cuando la apatía es diagnosticada de forma clínica, no tiene que ver con el tedio o la pereza. Sin embargo, a nivel coloquial, suele establecerse un vínculo entre estas nociones. Por eso un hombre puede decirle a su hijo expresiones como “Olvídate de la apatía y ponte a trabajar”.

Para que sea diagnosticada es estrictamente necesario que se realice un examen neuropsiquiátrico en el cual no sólo se investiguen las condiciones en las que se encuentra el estado mental del paciente, sino también las características de su entorno y las aspiraciones del sujeto (actividades, objetivos, deseos, etc); porque todos ellos pueden condicionar la salud mental de la persona.

Cabe mencionar que la apatía puede presentarse también en personas con la enfermedad de Alzheimer y Demencia; en estos casos se encuentra relacionada con el funcionamiento cognitivo y las alteraciones del desempeño de cada día del individuo. En la mayoría de los casos este trastorno se encuentra acompañado por síntomas depresivos.

Si la apatía no es patológica, es posible revertirla con diversos estímulos según los intereses de la persona en cuestión. Un cierto tema musical, una fotografía inspiradora o un aromatizante son algunos elementos que puede ayudar a superar un estado apático leve.

La apatía emocional puede dañar al individuo afectado y a su entorno pero no se resuelve tan simple como decidiendo hacer cosas contra ella. Hay que comprender su origen y elaborar el modo de salir de ese bache, a fin de que una vez resuelto, el paciente no pueda caer nuevamente en él.

Apatía sexual
Se habla de apatía o inhibición sexual cuando en una pareja una de las partes no siente pasión o deseo sexual con respecto al otro (generalmente tampoco con otros individuos que no sean parte de la pareja). Esta carencia de pasión se muestra con un claro desinterés hacia el contacto físico y las relaciones sexuales. La apatía puede diagnosticarse cuando desciende parcial o totalmente la cantidad de veces que una persona se siente incitada a tener contacto sexual con otra.

La apatía sexual es de tipo primaria cuando la persona la ha manifestado desde el comienzo de sus encuentros sexuales, y secundaria cuando surge después de que ha existido un período normal y satisfactorio de actividad sexual. La apatía también puede ser selectiva, cuando sólo se hace presente con una persona en particular. Finalmente, se habla de apatía sexual general cuando es estable y permanente.

Cabe señalar que algunos autores denominan la apatía sexual como Trastorno Hipoactivo del Deseo Sexual y antes de ser diagnosticada deben descartarse enfermedades mentales que lleven al sujeto a perder el interés sexual, que el sujeto se encuentre ingiriendo alguna droga que pueda provocar esa apatía.

Las causas de la apatía sexual suelen estar relacionadas con niveles altos de ansiedad provocados por una educación moral demasiado exigente, experiencias sexuales previas traumáticas o sentimientos de autorechazo (sentirse poco atractivo o infravalorarse).

La mejor forma en la que se puede abordar esta patología es logrando que el enfermo tome conciencia de los problemas y los enfrente; incentivarlo a que se atreva a dar y recibir amor valorándose y valorando al otro y sobre todo, que entre en contacto con los sentimientos más profundos y los deseos. En una palabra, enfocando la existencia en revivir esa parte dormida de la persona enferma, su sexualidad.

La apatía clínica se considera depresión en el nivel más moderado y se diagnostica como trastorno de identidad disociativa en cosas que no se consideran importantes.
Se sabe que ciertas sustancias químicas causan síntomas asociados con o desencadenantes de la apatía.
Puede ser una manifestación de la enfermedad de Wernicke.

En los principios del Cristianismo, los cristianos adoptaron el término «apatía» para referirse al desprecio de todas las preocupaciones mundanas; un estado de mortificación, como describe el evangelio. Así, la palabra ha sido usada desde entonces entre los escritores más devotos. En particular, Clemente de Alejandría dio al término una excesiva popularidad, creyendo que así arrastraría a los filósofos al Cristianismo, al aspirar a tan sublime extremo de virtud.

El concepto de apatía fue más aceptado en la cultura popular durante la Primera Guerra Mundial, en la que las atroces condiciones del frente occidental llevaban a la apatía y la reacción de estrés al combate a millones de soldados.

Como diagnóstico clínico, la «apatía» no indica pereza, pero en el uso común del término la correlación es bastante directa. En la doctrina religiosa, la pereza se considera un pecado capital que conduce a una mayor disociación con la vida y la presciencia. En este contexto, estar sustancialmente disociado es estar «en el hades», o lo que es lo mismo, en un estado en el que el espíritu o el alma está destruido o en un estado de destrucción.

El concepto de disociación es controvertido: en la práctica de las religiones orientales, como el hinduismo o el budismo, por ejemplo, un estado de meditación avanzado tiene aspectos de extrema falta de deseo: aunque se cree que la religión y el ritual de la meditación proporcionan la base adecuada para recuperarse apropiadamente de la indiferencia y beneficiarse de su experiencia. Así, algunos críticos ven a los ascetas o santos esforzándose por lograr un nivel de «apatía» que los teólogos prefieren llamar disociación o indiferencia.

Sería bueno distinguir la apatía del estoicismo
Los antiguos estoicos caracterizaban la actitud del sabio por la indiferencia respecto de lo que no es bueno o virtuoso. La adiáfora producía en el orden afectivo la apatía y la ataraxia. Pirrón proclamaba la indiferencia absoluta como único camino para conseguir la felicidad; esta actitud era derivada de su filosofía teorética que proclamaba también la indiferencia entre dos proposiciones contradictorias y la consiguiente imposibilidad de hallar un criterio de verdad.

«Todo me es igual», debía de decir Pirrón, y acaso por eso ni siquiera se molestó en escribirlo. Mas aun admitiendo que se trata de sabio consejo y excelente fármaco que añadir a los de Epicuro, sospecho yo que ha de hacerse de él un uso prudente, porque, al igual que ocurre con cualquier medicina, tal vez en exceso mata, más que cura. No a todo podemos ni debemos ser indiferentes, porque ello supondría incurrir unas veces en la inmoralidad y otras en la estupidez: en ser, en sentido estricto, idiotas, esto es, ocupados en exclusiva de nuestros propios asuntos, sumidos en una especie de autismo afectivo e intelectual. Pero a decir verdad, aquello de lo que no podemos o no debemos desentendernos no son más que un puñado de cosas, tan pocas que acaso quepa contarlas con los dedos de una mano.

En psicología del sentimiento se discute acerca de la posibilidad de estados neutros, esto es, indiferentes al placer y al dolor. Están por la afirmativa Reid, Bain y Ribot; Hamilton y Sully dudan y Leibniz, Condillac y Höffding lo niegan. Teóricamente, parece lógico suponer que entre el placer y el dolor máximos hay una serie de estados intermedios y un punto equidistante que representaría la indiferencia afectiva. Se alega, sin embargo, contra la existencia de sensaciones indiferentes:
1º: la naturaleza misma de la afección sensible, que expresa siempre una situación favorable o desfavorable respecto de nuestras inclinaciones
2º: relatividad del placer y del dolor, que hace que estados que parecen indiferentes lo sean solamente por su relación con los estados actuales.

Hay que añadir a esto que de multitud de sensaciones no nos damos cuenta por ser habituales y que no hay ningún inconveniente en admitir una serie no interrumpida de intermediarios entre el placer y el dolor sin introducir en la serie un punto neutro. La suposición de estados neutros, como dice Höffding, proviene no solo de que se desdeñan los grados más tenues de placer y dolor, sino también de que se padece una confusión entre el estado general del espíritu y el efecto producido por algunas representaciones y experiencias particulares. Este estado general no deja de estar determinado en cada instante por el predomio, ya del placer, ya del dolor.

En la doctrina de la voluntad, la indiferencia o exención de necesidad constituye las distintas formas del acto libre. La libertad de indiferencia ha sido interpretada como libertad de determinarse sin motivos, ante bienes de valor distinto o bienes iguales. Leibniz negaba que hubiera indiferencia de equilibrio en el proceso voluntario pues, según él, la voluntad se determina siempre por el mayor motivo.

A-pathos, donde pathos es entusiasmo. Representa entonces la ausencia de entusiasmo, genéricamente hablando, de entusiasmo por la vida. Lo visible es una actitud de indiferencia o la ausencia de reacción ante estímulos que desde lo habitual activan o motivan a las personas. Esta es por cierto un tipo de estado psicológico pariente de la depresión, que es ausencia de presión o de energía. Ahora bien, esto se juzga muchas veces como un problema en sí, cuando es sólo el síntoma de procesos psicológicos que están drenando la energía, o determinando que la persona ha desistido de intentar debido a un constante resultado de frustración. Todo esto suele ser inconsciente para el sujeto que lo padece, pero a través de procesos de autoconocimiento es totalmente posible desatascar los factores que han generado la falta de interés.

Fuentes: Wikipedia. Etimologías de Chile y Diccionario de Emociones, Actitudes y Conductas de la Universidad Bolivariana.

Compilado por: Fabián Sorrentino