La palabra competencia viene del latín competentia (cualidad del que luchar para conseguir un premio), compuesta con:
El prefijo con- (entero, junto, por completo), como en consolidar y consumir. Este prefijo se relaciona con una raíz indoeuropea *kom- (junto, cerca de), que nos dio koiné, cenobio, epiceno a través del griego κοινός (koinos = común).

El verbo petere (dirigirse a, buscar, atacar, pedir), que discutimos en las entradas de pedir, petición y despedida. Se vincula a una raíz *pet- (precipitarse, volar).

El sufijo -nt- que indica agente, como en: arrogante, confidente, potente.
El sufijo -ia que indica cualidad, como en: confluencia, frecuencia y sentencia.

La palabra competencia deriva del latín compětere, “aspirar”, “ir al encuentro de”, “buscar o pretender algo al mismo tiempo que otros” (competir en un evento). De ahí también deriva el verbo ‘competer’, “incumbir”, “pertenecer”, “estar investido/a de autoridad para ciertos asuntos”, y el adjetivo ‘competente’, aplicado, especialmente, a “quien se desenvuelve con eficacia en un determinado dominio de la actividad humana”.

Según Mária Moliner, ‘competente’ se aplica a “quien tiene aptitud legal o autoridad para resolver cierto asunto” (ej.: el juez competente) y, también, a quien “conoce cierta ciencia o materia, o es experta o apta en la cosa que se expresa o a la que se refiere el nombre afectado por competente” (ej.: un/a profesor/a de Lengua competente). La competencia se relaciona, pues, con aptitud, capacidad, disposición. Una persona apta, o capaz, es “útil, en general, para determinado trabajo, servicio o función”. – Gracias: José

En su orientación cognitiva refiere a mirar al otro como un rival, y a que la situación que se enfrenta es una en la que triunfa el otro o triunfo yo.

Levanta una disposición a vencer con la consiguiente energía de activación propia. Genera junto a la opción del triunfo, la de la derrota, con la consiguiente polaridad de hipervalorización y desvalorización, de éxito y fracaso. Como la alternativa genera opciones emocionales tan poderosas, surge la tentación a actuar con trampas, o por fuera de las reglas de la competencia, minar por cualquier vía la capacidad del otro e incrementar artificialmente la capacidad propia.

Todo esto coloca a las personas en una posición de rivalidad donde el daño y sufrimiento del otro son meros accidentes.

La competencia está validada como una disposición natural del ser humano que además produce el mejor resultado exterior tras la consecución de los bienes personales y sociales. El daño al otro, las enfermedades asociadas, el sufrimiento, no son incorporados en la ecuación.

Es llamativo que exista otra acepción de la palabra que tiene que ver con ser competente, es decir, con ser capaz y hábil en lo que uno hace, sin que en esto intervenga el elemento comparativo. No se es competente en comparación con otro sino como un hecho en sí en relación con la tarea y el propósito propio.

El giro de realizar competencias para triunfar o perder, al de generar competencias para hacer bien algo, cancela todos los efectos negativos secundarios. Ahora bien, como predomina la competencia como la confrontación para ganar o perder, el desarrollo de competencias queda supeditado al objetivo de ocuparlas para ganar en la competencia.

Palabras de la familia de competir: combatir, medirse, porfiar, desafiar, luchar, disputar, emular, pugnar, rivalizar, concursar, contender.

En el ámbito del deporte

La competición es una disposición en la práctica de un juego o actividad con la que se evalúa la competencia de los participantes. Se suele obtener como resultado una clasificación de ganadores y otorgar algún tipo de reconocimiento para los mejores, tal como un trofeo, premio económico o título, en función del cumplimiento de un objetivo. Una competición se distingue del juego practicado con una mera finalidad recreativa, donde no se determina objetivo ni honor alguno.

En el ámbito de la Linguística generativa

Para chomski es un concepto opuesto al de actuación, y en cierto modo en forma paralela, aunque no idéntica, a la oposición lengua / habla de Ferdinand de Saussure y el Estructuralismo.

En sus Aspectos de una teoría de la sintaxis (1965) Noam Chomsky introdujo una idea central en la construcción y evaluación de sus teorías gramaticales. Era distinguir entre competencia y actuación lingüística. La competencia es el conocimiento que permite al ser humano construir y entender oraciones. La actuación, por el contrario, muestra todas las posibilidades exactas o inexactas, correctas o no, de construir frases. “Actuación” (performance) frente a “competencia” (competence) permite distinguir la conducta lingüística real y observable (actuación) en contraste con el sistema interno de conocimiento que subyace a ella (competencia); Chomsky asume explícitamente que la “competencia” es una facultad idealizada que resulta de abstraer los juicios de un hablante/oyente ideal de una comunidad lingüística completamente homogénea, al que no lo afectan condiciones irrelevantes para la gramática como limitaciones de memoria, distracciones, errores, etc., de la producción efectiva y susceptible de desvíos de la “actuación”.

Chomsky se refiere a la evidencia de que las personas, cuando hablamos en la vida cotidiana, a menudo cometemos errores (por ejemplo, comenzar una oración y dejarla a medias). Estos errores en el uso lingüístico son irrelevantes para el estudio de la competencia lingüística, pero pueden indicarnos algo sobre la gramática general “preinstalada” en nuestro cerebro, que se va seleccionando culturalmente mediante el entorno creando la llamada competencia.

Chomsky distingue entre los modelos gramaticales que consiguen una adecuación descriptiva y los que van más allá y consiguen “explicar” las gramáticas. Las descriptivas definen el (infinito) conjunto de oraciones gramaticales en una lengua en particular, pero una gramática que logra una adecuación explicativa penetra en las propiedades universales de la lengua que resulta de las estructuras lingüísticas innatas que se hallan en la mente humana. Por lo tanto, si una gramática tiene una adecuación explicativa, debe ser capaz de explicar los matices de las distintas lenguas como relativamente pequeñas variaciones de los patrones universales del lenguaje. Chomsky decía que, aunque los lingüistas están aún bastante lejos de lograr gramáticas de adecuación descriptiva, para progresar en dicha descripción gramatical es imprescindible marcarse la adecuación explicativa como meta. En otras palabras, los matices reales de lenguas individuales pueden ser conocidos tan solo a través del estudio comparado de una amplia cantidad de lenguas.1

Sin embargo, el concepto de competencia de Chomsky provocó reacciones importantes entre los investigadores situados fuera del marco de la gramática generativa (Lyons, 1970; Campbell y Wales, 1970; Hymes, 1972): parece inadecuado porque se limita a la competencia lingüística del hablante-oyente ideal en una sociedad homogénea y no considera aspectos centrales del uso de la lengua. Supone una abstracción e idealización sin relación directa con la capacidad y habilidad para utilizar una o varias lenguas en la comunicación interpersonal por parte de hablantes monolingües y plurilingües en sociedades multiculturales y, aun cuando es concepto útil dentro de la gramática generativa, se torna demasiado reduccionista si se aplica a la adquisición y enseñanza de lenguas-

Fuentes: Wikipedia. Etimologías de Chile y Diccionario de Emociones, Actitudes y Conductas de la Universidad Bolivariana.