Estado de satisfacción con lo que uno es o tiene. Por otro lado, complacer es la disposición a dar al otro lo que desea o necesita, con el propósito de brindarle satisfacción. Quien está satisfecho siente bienestar. Pero la complacencia como actitud estable suele contener una actitud defensiva destinada a no vivir la frustración, que frena la posibilidad de mejoramiento o logro que surgiría de la insatisfacción. Es importante visualizar que en los procesos, el estado de satisfacción tiene un límite temporal, y existe una dinámica de funcionamiento que está constantemente produciendo equilibrios/desequilibrios, de modo que se produce una alternancia entre la insatisfacción, la acción para complacer, y la satisfacción.

La palabra “complacencia” viene del latín complacentia y significa “cualidad del que causa completa satisfacción”. Sus componentes léxicos son: el prefijo con- (todo, junto), placere (gustar, agradar), -nt- (sufijo que indica agente, el que hace la acción), más el sufijo -ia (cualidad). Ver: prefijos, sufijos, otras raíces latinas, contingencia, placer y también placebo.

La necesidad de complacer a los demás.

La necesidad de complacer ocasiona que los invasores se acerquen a ti y no se despeguen. ¿No te ha pasado nunca que te vuelves complaciente con alguien y en vez de recibir aprecio y gratitud lo que recibes son más y más exigencias?

En primer lugar, debemos analizar esa obligación autoimpuesta. Interiormente la justificamos creyendo que así nos verán como buenas personas, y nosotros también creeremos que hacemos un sacrificio que será recompensado.
Complacer a otro siempre va de la mano de esperar algo a cambio. Supones recibir algún tipo de gratificación o reconocimiento. Te sorprendes después cuando el otro cada vez abusa más de tu deseo de agradar y piensas: no lo merece, no lo volveré a hacer. Pero entonces llega la culpa. Te sientes culpable porque ya no vas a ser la buena persona que pretendes vean los demás. El qué dirán o pensarán de ti te pesa demasiado. ¿Y si cambian la imagen que tienen sobre ti? ¿Y si te dejan de querer? Así que vuelves a halagar, a contentar y a satisfacer a los demás sin darte lugar.

Todo buscando el respeto, la aceptación, la valoración, la aprobación o el amor. Huyendo de la soledad, encontraste la prisión. Porque ya vives apresado a merced de aquél que deseas complacer. Te ha atrapado. Te has dejado atrapar por tu propia necesidad.

No te engañes. Sé complaciente contigo mismo y recibirás con creces lo que tanto añoras, pero no lo busques, no lo mendigues. Date a ti aquello tan bello que guardas solo para complacer a los demás y compártelo con aquellos que jamás manifiestan esa carencia.
Por otro lado, estoy segura que a ti tampoco te gustaría estar en el lado del destinatario de tus deferencias, porque de alguna manera exige una especie de compromiso y obligación que impide la libertad.

Tras el fondo de los deseos de complacer, subyace la carencia.
Complacer a los demás es un comportamiento que tiene gran éxito socialmente. Una persona complaciente no genera problemas ni conflictos, colabora en las metas grupales, favorece la actitud positiva y hace que las personas quieran estar cerca. Sin embargo también tiene sus pegas y algunos efectos secundarios. Cuando se busca complacer a los demás de manera constante, se tiende a vivir el día a día con ansiedad, sensación de alerta, preocupación. La percepción es la de que todo está bien, que no hay nada malo, sin embargo es frecuente sentir aun así nerviosismo a nivel emocional e incluso físico. La actitud continuada de alerta ante las opiniones de los demás, de la valoración que harán de lo que hacemos, de nuestras negativas u ofrecimientos ante sus necesidades se puede instalar como un automatismo. No hace falta ser conscientes de todo ese proceso, pero los éxitos que se alcanzan por ser así, la inercia de personalidad, los modelos y la educación que hemos tenido, influyen en crear estos hábitos y en sus consecuencias positivas y negativas derivadas.

Aspectos a tener en cuenta al complacer a los demás.

Examine los temores.
¿Son realistas? ¿Son verdaderamente terribles? Es posible tener miedo a no gustar a nadie, a que la gente se aleje, o a quedarse solo si no se dice lo correcto. Verlo así es una cárcel en la que uno puede verse atrapado. Si las personas que nos rodean no están dispuestas a aceptar nuestras necesidades, ¿realmente vale la pena esforzarse tanto?

Evalúe sus límites.
Comparare sus límites con los que observa en los demás.
¿Hasta qué punto está dispuesto a satisfacer al otro?
¿Cuál es un comportamiento aceptable y cuál no? Ser capaz de analizar este factor le permitirá medir qué se puede hacer por los demás y lo que no se debe hacer para los demás de una manera mucho más objetiva.
¿Es lo mismo para usted y para los demás?
¿Acepta lo inaceptable?

No base la autoestima en lo mucho que puede hacer por los demás.
Es noble ayudar a los demás, pero es algo que ha de hacerse porque se quiere, no como una imposición constante. Ayudar a los demás debería venir después de identificar cómo ayudarse a uno mismo.
Los mayores actos de generosidad son los realizados por elección, no por miedo culpabilidad o por imposición. Si hace las cosas por los demás porque se sentiría mal si no lo hace, ¿es un acto realmente genuino? Si está ayudando a los demás hasta el punto de que se está descuidando a usted mismo, ¿es eso realmente inteligente?

Consejos para complacer a los demás correctamente.

Pida lo que quiere. dónde comer, qué película ver… No hace falta que exista una necesidad imperiosa para pedir algo u opinar sobre algo. Basta con desearlo para expresarlo. No hay nada de malo en expresar una opinión.

Haga cosas para usted. Hacer cosas puede no gustar cuando implica alguna valoración externa: teñirse el pelo, ir en vacaciones o ir a ver esa película que le gusta. Recuerde que debe haber cosas que usted realmente quiere hacer, independientemente de lo que piensen los demás. Las opiniones de otros son importantes en nuestras vidas, pero no deben ser el factor determinante.

Las opiniones de otros son importantes en nuestras vidas, pero no deben ser el factor determinante.

Aprenda a decir “no” . No invente excusas. Exprese sus razones para no querer algo. Empiece poco a poco encontrando algo pequeño para decir “no” . Dígalo educadamente, pero con firmeza.