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creer

creer

El verbo creer (tener fe, pensar que es posible) viene del latín credere.

La evolución fonética de credere a creer es similar a la de legere -> leer:
La pérdida de la e final de los verbos infinitos latinos (creere -> creder) es por regla general, como vemos en:
⃞ amare -> amar
⃞ facere -> hacer
⃞ subquatere -> sacudir

Las consonantes oclusivas latinas b/v, d, g (leger -> leer) cuando están entremedio de vocales se suavizan. A veces pasan a ser fricativas y otras veces desaparecen. Por ejemplo:
⃞ rivum -> río
⃞ limpidu -> limpio
⃞ regis -> rey

El verbo credere parece estar formada con dos raíces indoeuropeas. La primera es *kerd- (corazón) de donde tenemos palabras como recordar y concordato. La segunda es *dhe- (poner) que encontramos también en palabras como tema y recóndito.

Palabras derivadas del verbo credere incluyen:
⃞ Credibilidad – Cualidad (-dad) del que puede (-bilis) creer.
⃞ CreenciaCualidad (-ia) del que (-nt-) cree.
⃞ Crédito – Cantidad de dinero prestada, y el que la presa tiene derecho de creer que se lo van a devolver, con intereses.
⃞ Acreditar – Dar crédito.
⃞ Acreedor – El que da crédito.
⃞ Incrédulo – El que no (in-) cree.
⃞ Increíble – Que no (in-) se puede (-ible) creer.

La palabra creer designa acciones que son sumamente frecuentes entre los seres humanos y que consisten en: la aceptación de algo como verdadero o cierto (creo en todo lo que dice mi mamá), la suposición o el pensamiento que se tiene sobre algo (creí que íbamos a ganar el partido), disponer de fe hacia algo o alguien (creemos en Dios), generalmente una religión, y depositar la confianza en alguien (creo en mi abogado y sé que me sacará de esto).

Cada una de estas cuestiones mencionadas suelen ser expresadas en nuestro idioma en términos de creer.

Sin dudas la creencia en determinadas ideas o doctrinas, especialmente religiosas, es una característica típica de los seres humanos.

Cuando se trata de creer en una religión, la fe, resulta ser el basamento sobre el cual se sustentarán las creencias. Es decir, en la creencia en Dios no importa como por ejemplo en la ciencia haber visto o comprobado que existe, en este caso será la fe que se profesa la que genera esa creencia férrea.

Y en otras cuestiones que no tienen que ver con la religión y por ende la fe no es de la partida juegan un papel relevante a la hora de creer cuestiones como ser la confianza, el respeto y la cercanía que se tiene con esa persona que nos invita a creer algo.

Las personas necesitamos creer en algo, a veces no importa en qué sino creer y entonces a ello en lo que se cree se le da una entidad verdadera y total crédito.

Aquello en lo que se cree está en estrecha relación con las convicciones propias de las personas y con los valores morales que sigue o le hayan inculcado oportunamente. En este sentido resulta fundamental la educación recibida por parte de la familia y la escuela, y por supuesto también las experiencias vividas.

También hay otras influencias externas que pueden intervenir en las creencias que alguien tenga, tal es el caso de las presiones por parte del poder político o de cualquier otro grupo que disponga de autoridad para someter a otro e influenciarlo en lo que tiene que creer.

Finalmente los dejo con este video que trata del poder de la creencia:

¿Cuál es la diferencia entre creer y tener fe desde la óptica cristiana?

En la mayoría de los casos en que la Biblia se refiere a creer o a tener fe, podríamos emplear cualquiera de las dos palabras indistintamente. La palabra hebrea que más se traduce como “creer” en el Antiguo Testamento, según el Diccionario Expository de palabras bíblicas: “gira en torno a los conceptos de convicción, fe y confianza; términos que en general son sinónimos. Igualmente, en el Nuevo Testamento en la mayoría de los casos, los significados de ‘convicción’ y ‘fe’ son equivalentes” para la palabra griega que más frecuentemente se traduce como “fe.

Tal “semejanza” puede llevarnos a pensar que de hecho no hay ninguna diferencia entre los dos conceptos. En realidad, la idea de que convicción y fe son esencialmente lo mismo es un principio central del protestantismo, según el cual, para ser salvo basta “creer” en el nombre de Jesucristo.

Hechos 16 es un ejemplo del Nuevo Testamento que se cita para decir que creer es lo único necesario para la salvación. El apóstol Pablo y su compañero Silas habían sido puestos en prisión en la ciudad romana de Filipos, que actualmente pertenece a Grecia. Estando los dos orando y cantando himnos a Dios a la medianoche, hubo un temblor de tierra que abrió todas las puertas de la cárcel y soltó las cadenas de los prisioneros. El carcelero se despertó con la conmoción y pensó, confundido, que todos los detenidos habían escapado. Estaba a punto de suicidarse porque sabía que la evasión de los prisioneros bajo su guardia significaba su propia ejecución. PeroPablo detuvo al hombre asegurándole que todos los prisioneros estaban allí. Extrañado por los hechos y convencido de que Pablo poseía la verdad sobre la salvación, el carcelero “se precipitó adentro, y temblando, se postró a los pies de Pablo y de Silas; y sacándolos, les dijo: Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?” (Hechos 16:29-30).

La respuesta fue: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo” (v. 31).

Basados en versículos como este, millones entre quienes se declaran cristianos, están seguros de que si creen en el Señor Jesucristo, eso basta para la salvación. Incluso se burlan y llaman “salvación por obras” la idea de que su creencia debe ir acompañada con pruebas tangibles de que esta produzca alguna diferencia en su vida personal.

Lo anterior resalta una diferencia clave entre creer y tener fe. En muchos aspectos, creer es un acto interior de reconocimiento mental o intelectual, mientras que la fe es la creencia en acción. Las dos son necesarias, una sienta las bases para que la otra produzca nuestra reacción con fe ante el Dios en quien creemos.

EL PASO SIGUIENTE

El apóstol Pablo escribió: “Sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11:6). Este pasaje describe una fe que trae dos requisitos. No solo hay que creer en la existencia de Dios, sino que también es preciso entender que Él recompensa a quienes lo busquen con diligencia. Un examen de estos dos elementos nos ayuda a ver la diferencia entre creer y tener fe.

Creer en Dios es el primer paso, y muy necesario. Évidentemente, no vamos a obedecer a un Dios si no creemos que existe. ¿Acaso basta creer? Santiago escribió: “Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan” (Santiago 2:19). Los demonios, que antes fueron ángeles con acceso al trono de Dios en el Cielo, no tienen la menor duda sobre la existencia de Dios. Pero su falta de convicción no los lleva a obedecer al Dios en quien creen. Aquí comenzamos a ver la importancia del segundo requisito de la fe.

El que crea que Dios “es galardonador de los que le buscan”, también cree que lo que nosotros hagamos, de la manera como vivimos la vida, tiene importancia para Él. Esta comprensión conecta nuestra creencia con la acción. Es lo que llevó a los hombres y mujeres de Hebreos 11 a cumplir acciones que demostraron su fe.

EL EJEMPLO DE ABRAHAM

Génesis 15:6 dice que Abraham “creyó al Eterno, y le fue contado por justicia”. Si tomamos este versículo aisladamente, parecería indicar que lo único necesario para contarse entre los justos es creer en Dios. Sin embargo, Santiago, hermano de Jesús, sostiene firmemente que la convicción, si no se respalda con acciones, sencillamente no basta.

“¿Quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta? ¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? ¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras?” (Santiago 2:20-22).

Abraham creyó que Dios era capaz de resucitar a Isaac y devolverle la vida física si así lo deseaba. Esta fe en el poder y la bondad de Dios lo llenó de fortaleza para obedecer la orden de sacrificar a su hijo. “Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia; pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir” (Hebreos 11:17-19).

Es fácil decir que uno “cree en Dios”. Cualquiera lo dice. Pero Abraham respaldó esta creencia con acciones y fue cuando Dios contó su fe como justicia.

UNA PRUEBA PERSONAL

Esta es la clase de fe que Dios espera de todos los que dicen creer en Él. Por esta razón se hace tan necesaria nuestra obediencia a sus instrucciones.

Como persona joven, quizá tengas que afrontar por primera vez la prueba de obedecer las instrucciones divinas en temas importantes; como guardar el sábado, pagar el diezmo o abstenerte del pecado sexual. Limitarte a “creer” sin poner por obra estas cosas, no es suficiente para demostrar tu convicción de que Dios “es galardonador de los que le buscan”. Nosotros, como Abraham, respaldamos nuestra afirmación de lo que creemos con demostraciones de fe viviente. Como dice Romanos 1:17: “En el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá”.

Fuentes:
Etimologías Dechile | Diccionario: ABC  | Phil Sena de: El Mundo de Mañana.

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