Procedencia:

Del vocablo griego nou=j (véase Nous) y el vocablo latino intellectus que se traducen al español de varias maneras, entre ellas por ‘entendimiento’ e ‘intelecto’. Estos dos vocablos son a veces usados como si fuesen sinónimos. Así, por ejemplo, se escribe ‘entendimiento agente (o activo)’ y también ‘intelecto agente (o activo)’. En la presente obra tratamos bajo el vocablo ‘Intelecto’ de diversos sentidos que se dan a nou=j y a intellectus en la filosofía antigua y medieval. Bajo el vocablo ‘entendimiento’ trataremos de varios sentidos de la “potencia intelectual” en la filosofía moderna. Usamos, así, ‘entendimiento’ como correspondiente a términos tales como entendement. Verstand y Understanding, especialmente en tanto que éstos se comparan y contraponen a raison, Vernunft y Reason (= ‘razón’).

El entendimiento total es la certeza que no hay nada que entender. Por su misma naturaleza, el entendimiento limitado es la definición de un malentendido.
La consciencia limitada es una imposición a La Verdad. Asume una posición ajena a la integridad. La Verdad no puede ser alcanzada súper-imponiéndose sobre la imposición original.

Debido a que nada puede imponerse sobre La Verdad o La Plenitud (¿qué cosa lo podría hacer?), tu posicionamiento auto impuesto y tu continua súper imposición no tienen absolutamente ningún significado.

En la filosofía moderna

Usamos ‘entendimiento’ (o los vocablos pertinentes en los diversos idiomas) para designar la entera facultad (o potencia) intelectual. En algunos casos, como en Spinoza, el entendimiento (que así suele traducirse el vocablo spinozano intellectus en la obra Tractatus de intellectus emendatione: Tratado de la reforma del entendimiento) es equivalente a la “facultad de conocimiento” en sus diversos (cuatro) grados. Los modos en que puede ejercitarse el entendimiento o “modos de percepción” —según “lo que se dice” o según cualquier signo elegido arbitrariamente; por experiencia vaga; por aprehensión de la esencia de una cosa concluida de otra esencia, mas no adecuadamente; por percepción de la sola esencia de la cosa o conocimiento de la causa próxima— son a la vez “modos del entendimiento”. Spinoza distingue asimismo entre entendimiento finito e infinito, y habla (Eth., V) de potentia intellectus seu de libértate humana, la cual es equivalente a la potentia rationis en cuanto muestra lo que puede la razón por sí misma (ipsa ratio] en orden a dominar las afecciones (affectus).

Esta idea del entendimiento como potencia cognoscitiva completa —bien que organizada en diversos grados— se halla en otros autores modernos. Por ejemplo, y no obstante la diferencia entre un “racionalista” y un “empirista”, en Locke. Éste llama “entendimiento” (Understanding) y, más específicamente, “entendimiento humano” (Human Understanding) toda la facultad de conocimiento en sus diversos modos. El entendimiento es para Locke lo que coloca al hombre por encima del resto de las cosas sen por encima del resto de las cosas sensibles. El entendimiento es como el ojo, el cual “al tiempo que nos permite ver y percibir todas las otras cosas, no repara en sí mismo, requiriendo arte y penas colocarlo a cierta distancia y convertirlo en su propio objeto” (Essay, Introducción). Los objetos del entendimiento son las “ideas”, tanto las de sensación como las de reflexión (véase IDEA). Ello muestra que en Locke el entendimiento comprende, en su primer grado, lo que a veces se llama “sensibilidad”. La contraposición entre sensibilidad y entendi miento que han defendido ciertos autores modernos es una contraposición —o, mejor, distinción— “interna” dentro del entendimiento. Éste puede ser pasivo, cuando recibe las impresiones, y activo cuando saca a la vista (brings in sight) las ideas que habían sido impresas en el entendimiento (op. cit., II, x, 2).

No queda siempre claro en Locke si el entendimiento es una facultad que recibe y maneja “ideas” o si es el recibir y manejar ideas, aunque lo último sería más adecuado que lo primero dada la tendencia de Locke y, en general, de los empiristas a no admitir el carácter independiente del entendimiento en relación con sus “ideas”. Berkeley indica explícitamente que “el entendimiento no es diferente de las percepciones particulares o ideas” (Philosophical Commentaries. Notebook A, 614, ed. Luce), si bien señala que la idea es “un objeto del entendimiento” (op. cit., 665), y que el entendimiento “considerado como una facultad” no es realmente distinto de la voluntad” (op. cit., 614a). Según Berkeley, el entendimiento y la voluntad quedan incluidos en el “espíritu”, por el cual entiende “todo lo que es activo” (op. cit., 848). El entendimiento es, pues, para Berkeley, en último término, algo “espiritual”.

Para Hume

El entendimiento es el modo de ser del hombre como sujeto que conoce — o, si se quiere, como cognoscente. La ciencia de la naturaleza humana equivale al “examen del entendimiento” y del modo como está “amoblado”, es decir, del modo como tienen lugar las percepciones en tanto que se resuelven en impresiones y en ideas (Treatise, I, i, 1).

Leibniz

Distingue entre sensibilidad y entendimiento, pero esta diferencia no es esencial, sino gradual. En efecto, conocer equivale a tener representaciones, las cuales pueden ser menos claras (sensibilidad) o más claras (entendimiento propiamente dicho, o intelecto). La sensibilidad se halla subordinada al entendimiento, en el cual las representaciones alcanzan el grado apetecible de claridad y distinción. El entendimiento ejerce aquí una función parecida a la de la “razón” cartesiana. Sin embargo, dentro del concepto de entendimiento parece poder haber dos modos de conocer: el indirecto y el intuitivo o directo. Sólo este último merece el nombre de “razón” (y a veces de “intuición”, en el sentido de “intuición intelectual”).

Kant se opone a la idea leibniziana de que la sensibilidad es una forma inferior del entendimiento, y proclama una distinción fundamental entre la una y la otra. La sensibilidad —de que se ocupa la “Estética trascendental”, en la Crítica de la Razón Pura— es una facultad de intuición. Mediante la facultad sensible se agrupan los fenómenos según los órdenes (trascendentales) del espacio y del tiempo. La sensibilidad es la facultad de las intuiciones a priori. El entendimiento, en cambio, es una “facultad de las reglas”. Por ella se piensa sintéticamente la diversidad de la experiencia. La sensibilidad se ocupa de intuiciones; el entendimiento, de conceptos. Éstos son ciegos sin las intuiciones, pero éstas son vacías sin los conceptos (K.r.V., A 51/B 75). “El entendimiento no puede incluir nada; los sentidos no pueden pensar nada” (loc. cit.). La lógica del empleo especial del entendimiento es la “lógica trascendental”, la cual se divide en Analítica y Dialéctica (VÉANSE). La Analítica trascendental se ocupa de “la disección de la facultad del entendimiento” (ibid., A 65/B 90); en el curso de su estudio se obtienen los conceptos del entendimiento, conceptos radicales o conceptos elementales (véase CATEGORÍA ), los principios del entendimiento y los esquemas de aplicación del entendimiento (V. ESQUEMA).

El entendimiento, en suma, piensa el objeto de la intuición sensible, de tal suerte que la facultad del entendimiento y la de la sensibilidad no pueden “trocar sus funciones”: sólo cuando se unen se obtiene conocimiento. Puede asimismo definirse el entendimiento como la facultad de juzgar.

Del entendimiento a las síntesis.

También puede definirse el entendimiento como “la unidad de la apercepción (v.) en relación con la síntesis de la imaginación”; esta misma unidad con referencia a la “síntesis trascendental de la imaginación es el entendimiento puro” (ibid., A. 119). Se puede ver con ello que el entendimiento es definible de muy diversos modos: como espontaneidad (a diferencia de la pasividad de la sensibilidad), como poder de pensar, como facultad de conceptos, como facultad de juicios. Según Kant, todas estas definiciones son idénticas, pues equivalen a la citada “facultad de las reglas” (ibid, A 126). Pero con ello resulta que, no obstante el lenguaje psicológico usado por Kant (derivado probablemente de la “psicología de las facultades” de su época), el entendimiento no es propiamente una facultad, sino una función o conjunto de operaciones encaminadas a producir síntesis y, con ello, a hacer posible el conocimiento en formas cada vez más rigurosas.

Según Kant

El entendimiento pone en relación las intuiciones y lleva a cabo las síntesis sin las cuales no puede haber enunciados necesarios y universales. Así, el entendimiento constituye el conocimiento ordenando y dando forma a las intuiciones sensibles. A la vez que estructura positivamente el conocimiento (o, mejor, su posibilidad), lo estructura negativamente, pues establece los límites más allá de los cuales no puede irse. Estos límites están marcados por la divisoria entre el entendimiento y la razón. Ésta no puede constituir el conocimiento; a lo sumo, puede establecer ciertas regulaciones y ciertas direcciones de carácter muy general (como, por ejemplo, la regulación, o idea, regulativa de la razón, de la unidad de la Naturaleza). Ahora bien, la distinción kantiana fue aceptada por varios autores, como Jacobi, Fichte, Schelling y Hegel, pero al mismo tiempo fue vuelta del revés. Se consideró que si sucedía lo que Kant proponía era porque el entendimiento era una facultad inferior, que no puede compararse en poder y majestad con la razón. Se estimó que esta última podía penetrar en aquel reino que Kant había colocado fuera de los límites del conocimiento (teórico) por medio de la intuición — bien entendido, una “intuición intelectual”, intellektuelle Anschauung.

Jacobi

Proclamó este poder de la razón (como “razón intuitiva”) con gran vigor y en todos los tonos, lo que motivó una reacción adversa de Kant contra el “cierto tono distinguido” que se nota “hoy” en la filosofía (“Von einem neuerdings erhobenen vornehmen Ton in der Philosophie”, 1796). Las protestas de Kant, sin embargo, pesaron poco: Jacobi indicó una y otra vez que el entendimiento no debe subordinarse a la razón y que ésta es soberana. Lo mismo hicieron Fichte, Schelling, F. A. Schlegel, Hegel y todos los filósofos llamados “románticos” o, cuando menos, “idealistas”. No se trataba ya de afirmar la posibilidad de un contacto con “la realidad en sí” por medio de la razón práctica; era la razón teórica y especulativa lo que aprehendía lo “en sí”. La noción de “cosa en sí” (v.) era rechazada como un límite, pero era reinsertada como la realidad. En algunas ocasiones, ciertamente, esta reinserción se efectuaba al hilo de la razón práctica, siguiéndose con ello al propio Kant. Así, para Fichte lo que hay es, ante todo, la libertad. Pero mientras Kant consideraba a ésta dentro del terreno de la moralidad, Fichte hacía de la libertad el Absoluto metafísico que solamente la Razón (y no el entendimiento) podía aprehender.

Hegel

Siguió el camino de Jacobi y Fichte. Pero en vez de subordinar el entendimiento a la razón de un modo romántico, ensayó integrarlos y jerarquizarlos de un modo sistemático. Hegel concibe el entendimiento (Verstand) como la razón abstracta, a diferencia de la razón concreta, única que puede ser llamada propiamente razón (Vernunft). Mientras el entendimiento es la misma razón identificadora que huye de lo concreto o que, a lo sumo, quiere asimilar las diferencias de lo concreto, la razón es absorción de lo concreto por lo racional, identificación última de lo racional con lo real más allá de la simple identificación abstracta. Así lo expresa Hegel al comienzo de la Lógica: “El entendimiento determina y se atiene a las determinaciones; la razón es negativa y dialéctica, porque disuelve las determinaciones del entendimiento en la nada, y es positiva, porque produce lo general y concibe en él lo singular.” La razón es, en verdad, espíritu, el cual ha de ser considerado como algo superior a la pura razón “raciocinante”.

Desde la mirada Cristiana

Aquí va un aporte del Papa Francisco:

La bibliografía sobre las concepciones antiguas y medievales del “entendimiento” (= “intelecto”), en el artículo INTELECTO. — Para razón y entendimiento en Kant, Jacobi, Fichte, etc.: Arthur O. Lovejoy, The Reason, the Understanding and Time, 1961.

Compilado por: Abasuly Reyes – domingo, 14 de agosto de 2011, 21:19
Según el diccionario José ferrater Mora.