Epicuro desarrolla su teoría en el siglo IV A.C. en plena época helenística. El sostiene que el placer constituye el bien supremo y la meta más importante de la vida. Para lograr un estado de placer y armonía, por un lado, hay que eliminar los temores e inquietudes que perturban al hombre y, por el otro lado, establecer un equilibrio entre los placeres y los dolores.

El pensamiento de Epicuro reivindica el hedonismo proponiendo la búsqueda del placer como medio para hallar la felicidad .El fin natural de la vida, tanto humana como animal, es la obtención de placer. La naturaleza misma nos ha hecho así, nos ha fijado el objetivo, los límites y es así como hay que seguirla para la búsqueda de placer.

Centrándose en la humanidad, Epicuro dice, que el placer constituye el principio, el fundamento, la culminación y el fin de la vida feliz. Epicuro reconoce que es “un bien primero y congénito, a partir del cual iniciamos cualquier elección o aversión y a él nos referimos al juzgar los bienes según la norma del placer y el dolor”[i]. Nuestras acciones se guían por las elecciones que hacemos en busca del placer y en rechazo de dolor, como su contrario. Sin embargo, el placer que nos propone Epicuro implica la administración de éste de una forma racional y moderada, con la finalidad de evitar el dolor. No se propone la libertad y el desenfreno de gozar sin limite ni distinción, sino al contrario, se considera la elección y la limitación de las necesidades, considerando la prudencia como la virtud más esencial que nos permite evaluar los placeres que buscamos para elegir los más apropiados.

Epicuro distingue diferentes categorías de placeres: los naturales y necesarios, por ejemplo, el hambre, la sed o el frío; los naturales y no necesarios, por ejemplo, el exceso de alimentos, o el placer sexual; y los placeres que no son necesarios ni naturales, se refiere al afán de obtener estatuas y coronas. Estos últimos, al estar referidos a la riqueza y honores, Epicuro, cree que hay que rechazarlos porque a la larga pueden producir un dolor mayor.

También, aclara, que el camino hacia el placer avanza satisfaciendo las necesidades mínimas materiales y corporales, para luego llegar satisfacer los placeres del alma. Por lo tanto, hay que conocer bien los diferentes placeres para una buena elección en vías de alcanzar la felicidad. Además no siempre hay que escoger lo que causa placer y a veces es bueno soportar algunos dolores, en post de recibir mas adelante un placer mas intenso: “Es mejor soportar algunos pesares a fin de gozar de placeres mayores. Y conviene privarse de determinados placeres a fin de no sufrir dolores mas penosos”[ii]. Además, entre los placeres más importantes se encuentra el placer cinético, que surge de actividades del organismo, pero se enaltece, distintivamente, el placer catastemático como fuente indispensable para la felicidad porque es el que produce ausencia de dolor en el cuerpo (aponía) y la ausencia de perturbaciones en el alma (ataraxia).

Como posibilidad de alcanzar la felicidad, en especial la felicidad del sabio o el filósofo, como ideal ético, Epicuro, promovía la filosofía como el cuidado de la salud del alma. Los dos lemas que van acompañados junto este ideal son: la ataraxia o serenidad del espíritu, que busca evitar las perturbaciones del alma, y la autarkeia o autosuficiencia, como una no dependencia de las actividades exteriores.

“El placer es la única finalidad (…) al hecho de no sentir dolor en el cuerpo ni turbación en el alma”[iii]. Se persigue el placer, como objetivo último, sabiendo que va a ser un resultado de la eliminación del dolor y toda perturbación exterior. En la búsqueda, la moderación y el buen juzgar sobre las elecciones, juegan un papel base para encaminarse hacia la eudaimonía por una senda calculada.

La ataraxia es la ausencia de dolor en el alma, y se caracteriza por un estado de profunda paz interior, sosiego, equilibrio y tranquilidad. La serenidad del ánimo se alcanza siendo autosuficiente y con la práctica de la prudencia como virtud primordial. Esta última se basa en el calcular que placeres dan o no ausencia de dolor, cuales son considerados vanos o viciosos, y cuales son provechosos y cual es no lo son. El calculo se fundamenta por su nivel utilitario: “Según las ganancias o perjuicios hay que juzgar sobre el placer y el dolor, porque algunas veces el bien se torna en mal, y otras veces el mal es un bien”[iv].

La autarkeia individual se constituye como un requisito para la independencia del filósofo para lograr la tranquilidad del alma. El filósofo tiene que renunciar y desprenderse lo más posible de toda actividad y obligación con el exterior, principalmente con la sociedad. La autosuficiencia remite a la autarquía: al dominio de uno mismo y a la plena libertad de acción; pero con una fuerte moderación racional.

No obstante, el vivir aislado no implica vivir en soledad. “De cuantos bienes proporciona la sabiduría para la felicidad de toda una vida, el más importante es la amistad”[v]. Epicuro exhorta que la amistad sea una de las cosas que más placer nos proporciona. “En torno al sabio, la comunidad de amigos forma un mundo homogéneo penetrado del consenso en las mismas convicciones morales, que refuerza el íntimo sentimiento de seguridad al ser compartido por el entorno, y el placer del sabio aumenta por la representación del placer del amigo considerado como propio”[vi].

¿Por qué es necesario que el sabio se desprenda de toda actividad exterior?
Epicuro trata de salvaguardar el alma en su pureza de las cosas fortuitas e inestables y la insensatez de las masas. Hay una crítica que esta destinada a las vanas opiniones que la sociedad produce y conduce a los individuos a vivir una vida atormentada, angustiosa, temerosa y por lo tanto, desplacentera.

Las causas de infelicidad cotidiana y general de los hombres radican en las vanas opiniones y saberes culturales, como desviación de nuestro fin natural. “Epicuro piensa que los valores propagados por la educación están fundados en pautas culturales que no conducen a obtener el telos natural de la vida: la felicidad serena en el placer”[vii]. Además, “El ataque Epicúreo se dirige directamente contra la cultura helénica, y contra la educación tradicional como vehículo de transmisión de los valores culturales. La Paideía, que otros consideraban como la más alta consagración de la aportación civilizadora de la historia griega, es rechazada por Epicuro, como algo superfluo para la felicidad individual”[viii].

La sociedad produce vanas opiniones que hacen que estas nos someten a la competencia por búsqueda de riquezas, honores y éxito social. Estas mismas, que no son objeto de deseos necesarios ni naturales, amenaza la estabilidad de aquel individuo que busque la felicidad.

No se promueve una subversión de valores por medio de una rebelión de masas. No se critica a la sociedad como vida civilizadora, sino que la crítica se dirige hacia los valores culturales propagados, considerados por Epicuro, como falsos. Por eso, dice, el sabio, para conseguir la serenidad, tiene que desprenderse de los cargos sociales y los valores culturales.

Epicuro propone el retiro y renuncia de la vida publica del filósofo y del sabio para establecerse en un marco comunitario reducido y aislado, con individuos que compartan los mismos ideales de vida. Hay, también, un rechazo al quehacer político. Epicuro aclara que ni el filósofo ni el sabio se insertaran en estas actividades. La finalidad de la vida natural, entendida como la ausencia de dolor en el cuerpo y de las penas del alma, se contradice a que el sabio ocupe cargos políticos. Es por esto que hay que proclamar la autosuficiencia para asegurar la felicidad del sabio.

La filosofía, para Epicuro, proporciona felicidad a la vida. Filosofar es una búsqueda del remedio para la salud del alma. El alma se ve perturbada por concepciones causadas por opiniones y creencias vagas, vanas e irracionales. Son estas vanas opiniones que la sociedad fomenta la causa de nuestros temores y de falsas esperanzas. Para hacer frente al mundo, que es considerado como caótico, el filosofo se presenta como un fármaco que viene a liberar a los individuos y llevarlos al buen vivir.

Frente a esto, Epicuro habla y diferencia tres temores importantes que se visualizan en la sociedad. Recomienda despreocuparse de ellos porque están fundados sobre concepciones falsas, y promueve la idea de filosofía como fármaco contra los males de la sociedad.

Estos son: el miedo a la muerte, el miedo a los dioses, y el miedo a la vida futura. Epicuro afirma que “el peor de los males, la muerte, no significa nada para nosotros, porque mientras vivimos no existe, y cuando está presente nosotros no existimos”[ix]. La muerte considerada como estar privado de sensación, “no es real ni para los vivos ni para los muertos”[x]: no tiene porque causar temor ni dolor, ya que mientras vivimos no existe y cuando llegue ya habremos desaparecido.

Con respecto a los dioses, no hay que temer por su omnipotencia ni hay que pensar que “los mayores males y los mayores bienes nos llegan gracias a ellos”[xi]. No les hemos de temer, ya que nuestra vida al lado de la suya es tan insignificante que jamás se molestarán en ocuparse de nosotros. Los dioses viven felices apartados de los mortales. Los dioses están para ser admirados y considerarlos como ideal a llegar. Por último, el temor a la vida futura también es infundado por que no nos pertenece. Epicuro afirma que “no hemos de esperarlo como si tuviera que cumplirse con certeza, ni tenemos que desesperarnos como si nunca fuera a realizarse”[xii].

En consecuencia, Epicuro, plantea un modo de vivir que sea aquí y ahora (en el presente), en busca de la serenidad, sin perturbaciones y disfrutar del bien en intensidad.

La felicidad se completa con la necesidad de saber. Es valioso el estudio científico de los fenómenos naturales, según los principios del atomismo[xiii], para conocer más a fondo las causas reales de las cosas, y superar la ignorancia y eliminar supersticiones. La investigación de la naturaleza esta inclinada hacia una utilidad vital materialista. Por lo tanto, es entendible que haya cierto desinterés en otras ciencias, por ejemplo: la matemática, tan importante para Platón, y la lógica para Aristóteles. Entonces, podemos decir que la salud del alma se logra siendo verdadera, natural y racional.

La filosofía epicureana se caracteriza por estar abierta a todo tipo de público. Sin condiciones sociales, ni del sexo, ni la edad, la filosofía (como salud del alma) es accesible a todo el que quiera. Además, se afirma que placer y la felicidad son metas alcanzables y posibles. Epicuro exhorta (en el comienzo de la Carta a Meneceo) a todos los hombres a filosofar: “Que nadie, mientras sea joven, se muestre remiso en filosofar, ni, al llegar a viejo, de filosofar se canse. Porque para alcanzar la salud del alma, nunca se es ni demasiado viejo ni demasiado joven”[xiv].

“El placer es el principio y el fin de la vida feliz”[xv]. Epicuro propone una ética de bienes y de fines. Afirma que nuestra vida no tiene más que otra finalidad que la de disfrutar la vida aquí y ahora, para la búsqueda de placeres. No hay ningún objetivo trascendente, tal como concibe Platón el Bien[xvi]. Además, sostiene una concepción dada en lo natural relacionado al buen vivir. La obtención de placer viene dada como fin natural.

Por ultimo, podemos agregar que Epicuro considera una plena eudaímonia: el vivir feliz, con un hedonismo fuerte pero moderado. Se puede interpretar, también, que Epicuro se refiere al placer como una completa ausencia de dolor tanto corporal como del alma. El objetivo de lograr la felicidad está en poder liberarse de las perturbaciones y así constituirse en el individuo una fortaleza contra todo mal.

[i] Epicuro Obras; Traducción, Estudio Preliminar y Notas: Montserrat Jufresa, Carta a Meneceo, p. 61 y 62, 129
[ii] Frg. 442 Us.
[iii] Ibíd. Carta a Meneceo, p.63, 132
[iv] Ibíd. Carta a Meneceo p.62, 130
[v] Máximas Capitales N. 27
[vi] Epicuro Obras; Traducción, Estudio Preliminar y Notas: Montserrat Jufresa, Estudio Preliminar p. 65 y 66
[vii] Epicuro, Carlos garcía gual, p. 60
[viii] Epicuro, Carlos garcía gual, p. 60
[ix] Ibíd. Carta a Meneceo, Pág. 59, 125)
[x] Ibíd. Carta a Meneceo, Pág. 59, 125)
[xi] Ibíd. Carta a Meneceo, Pág. 59, 124)
[xii] Ibíd. Carta a Meneceo, Pág. 61, 127
[xiii] Epicuro hereda con gran fuerza la concepción física atomista de Democrito. Epicuro sostiene un materialismo fuerte: todo lo que existe se compone de materia, incluida el alma. El universo se compone de átomos y vacío. Tenemos testimonio, por ejemplo: en la Carta a Herodoto y la Carta a Pítocles.
[xiv] Ibíd. Carta a Meneceo, P. 57, 122
[xv] Ibíd. Carta a Meneceo, P. 61, 129
[xvi] El bien es considerado por Platón como lo que está más allá del ser. Es el que le da existencia a las formas y a nuestro conocimiento. Además, solo el conocimiento del bien nos puede llevar al conocimiento recto de las cosas y de lo que debemos hacer para vivir bien. Sin embargo, en Republica, el filósofo es el único que puede captar la inteligibilidad del bien.

Compilado por: Matías Levin – jueves, 9 de septiembre de 2010, 12:49

Bibliografía utilizada
Epicuro, Carta a Meneceo, trad. Montserrat Jufresa, Alianza, Barcelona, 1998
Epicuro, Máximas Capitales, trad. Montserrat Jufresa, Alianza, Barcelona, 1998
Epicuro, Carta a Herodoto, trad. Montserrat Jufresa, Alianza, Barcelona, 1998
Epicuro Obras; Traducción, Estudio Preliminar y Notas: Montserrat Jufresa, con la colaboración de: Montserrat Camps y Francesca Mestre, Alianza, Barcelona, 1998
Epicuro, Carlos garcía gual, alianza, Madrid, 1981