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Jean Étienne Dominique Esquirol

Jean Étienne Dominique Esquirol

Psiquiatra francés, discípulo de Pinel, nació en 1772 y murió en 1840.

Organiza de manera científico-administrativa los establecimientos psiquiátricos, influyendo en la institucionalización de estos centros.

Entiende la locura, al igual que PINEL, como una perturbación de la voluntad y comprende la causa moral y psíquica de esta.

Da gran importancia en el nacimiento de la enfermedad mental a las influencias sociales y a los factores de la civilización.

De la misma manera, piensa que la educación recibida con anterioridad puede originar el comienzo de esta enfermedad.

Su teoría responde mas bien a una orientación psicológica que somática de la locura, sin embargo, cree que las causas que generan la deficiencia mental afectan a todo el cuerpo.

Esquirol, al igual que Seguin, establece una estrecha relación ente el organismo y el psiquismo de los idiotas.

Los síntomas orgánicos y psicológicos tienen la misma función en el establecimiento del diagnostico de la idiocia.

El retraso en el desenvolvimiento de los órganos no permite el desarrollo ni la expresión de la inteligencia.

Tres son los tipos manifiestos de la locura, idiotismo, alucinación y monomanía, distinguiendo en la idiocia dos agrupaciones o grados, la imbecilidad y la idiotez.

Una autentica terapia se centraría, según él, en una educación moral.

Su obra escrita mas importante se basa en un manual de psiquiatria con el titulo de Des maladies mentales, consideres sous les rapports medical, hygienique et medico-legal (1838).

Continuador de la terapia moral, consideraba al asilo como el arma más poderosa contra la enfermedad mental, siendo autor de una ley, en 1838, que estableció la construcción de un asilo en cada departamento de Francia

Inauguró el primer curso de psiquiatría. Entre sus principales seguidores tenemos a Jean Pierre Falret (1794-1870) y Jules Baillarger (1809-1890), que describieron la “insanía circular”, y Jacques Joseph Moreau de Tours (1804-1884), que fue el primero en describir un cuadro psicótico inducido por una droga (el hashish).

–A continuación, presento unas reflexiones acerca de la actuación de Esquirol escritas por Dr. Alfonso Carofile.

Esquirol desmembró el dominio de la melancolía, uno de los términos más antiguos del vocabulario médico, en monomanías y lypemanías. Se trata de lo que actualmente llamamos “psicosis delirantes crónicas” y “depresiones”. El trastorno del humor se separa finalmente del juicio. Nace la psiquiatría nosográfica francesa que perdurará hasta nuestros días. Las “pasiones” de sus pacientes, dibujados por Ambrosio Tardieu, son patentes a la visión actual. Inaugura junto a Pinel la “Mirada Médica” (Saurí), primer paso de la descripción fenoménica. Por primera vez “se elevan los alineados a la categoría de hombres” (Falret).

El tratado De las enfermedades mentales es un resumen de textos, observaciones y detalles completadas con el famoso Atlas que reúne 25 retratos de pacientes, un “histograma” de aspecto muy moderno y un plano de Charenton (M. Gourevitch). Comenzaremos por la iconografía de la manía-lypemanía que Esquirol no pudo unir en una sola entidad nosográfica, pero que sí lo hicieron sus discípulos (Falret).

Lámina 1: Agitación maníaca (1838)
Escribe Esquirol: “A pesar de la camisa de fuerza con la cual se tiene la pretensión de inmovilizarla, la enferma se arrastra por tierra, se enmaraña los cabellos, contorsiona la fisonomía y tiene el aspecto de una furia no desprovista de inteligencia”. La manía “delirio general con exaltación” es aquella “locura de la cual nadie duda” (Magnan). Típico síndrome de excitación psicomotriz donde difícilmente se estructuran ideas delirantes o aparecen alucinaciones. Sólo un cascabeleo de ideas juguetonas, a veces cáusticas y agresivas, donde la movilidad de la atención, acumulando percepciones, hace sugerir el pensamiento ideofugal en una suerte de caos tumultuoso. El sentimiento que embarga a esta paciente no es la alegría ni aun el “entusiasmo inmotivado” (Weitbrecht), sino la furia más ligada a la omnipotencia y la destrucción. No es la manía una alteración del afecto (Goldar), sino del “thumos”, del temperamento, es una “Temperaments-Krankheit” (Ewald). La furia implica acción, irritación, siendo la hiperactividad el centro de su accionar. Más que fuga del pensamiento hay una “fuga de los actos”, como bien lo había señalado Osvaldo Loudet. Podríamos pensarla como una manera de resolver la caída en términos de una verticalidad ascendente.

Hacia arriba. “In ascensu” frente a la realidad insoportable. Este “volar” del pensamiento y de los actos está ligado a una fina observación de Pascal. Dice que el hombre se afana en una actividad sin fin no porque quiera alcanzar algo. Lo único que pretende es no encontrarse sólo de cara a él mismo. En el momento que detiene su hiperactividad, la fiesta se hace fúnebre. Obliguemos al maníaco a parar su actividad durante unos segundos y se deprimirá, aunque luego vuelva a su juego. De Jean Etienne Dominique Esquirol (1772-1840), el discípulo predilecto de Pinel, y de su obra de 1838, Des maladies mentales considerés sous les rapports médical, higiénique et médico-legal,

Lámina 2: Lipemanía (1838)

“La misma enferma luego de la curación de su acceso maníaco. Aspecto de calma, actitud sencilla, modesta”, con una ligera nubecilla de melancolía. Es una inmovilidad patética, una suspensión de la existencia, un síncope del tiempo. Para Esquirol la melancolía es un término que debe ser dejado a poetas y moralistas

“. Aquí domina la pasión triste y opresiva. Toda la actividad psíquica está absorbida en “rumiar su tristeza”, con una “reconcentración dolorosa del espíritu”, producto de una cenestesia alterada. De allí que se haya dicho que “el melancólico es ante todo un enfermo de la cenestesia”. El dolor moral, grado supremo de la tristeza, de una tonalidad sobrehumana, inviste toda la personalidad y da un gran atractivo a la muerte.

Según Esquirol, “la lipemanía es una enfermedad cerebral, caracterizada por un delirio parcial, crónico, sin fiebre, sostenido por una pasión triste, debilitante u opresiva”. Refiriéndose a una paciente joven escribe: “¡Es la muerte psicofísica a los veintinueve años!” Sin embargo y a pesar de la inmovilidad del cuerpo, la fijeza de los rasgos de la cara, el silencio obstinado, algunas quejas y lamentos, revelan el debate doloroso entre la inteligencia y el afecto. Romano Guardini afirma que “la melancolía no puede abandonarse a los psiquiatras”. Se refiere a la que adquiere valor ontológico, constituyendo el ser del hombre en una misma configuración existencial con la manía: “Lo terrible es que la conciencia del hombre desde la infancia haya sufrido una presión que no puede suprimir toda la elasticidad del alma, toda la energía de la libertad… Aquel que desde joven edad sufre una tal presión, recuerda a un niño que se retira con los hierros del cuerpo maternal y que guarda constantemente el recuerdo de los dolores de la madre” (S. Kierkergard

Comentario a la Plancha XIV realizada porTardieu en el libro Des Maladies Mentales, 1838 (demencia vesánica) escrita por Dr. Alfonso Carofile.

No tuvo tiempo el gran Esquirol de afinar una nosografía que pretendía ser simple y moderna superadora del conocimiento teológico y metafísico (Comte).

Como nosógrafo es lacónico y abstracto, sin ilustrar sus palabras, mientras que como clínico es fenomenólogo y describe clasificando poco. Respecto de la lámina XIV, los discípulos del gran alienista consignaron en su momento: “La inteligencia de la mirada protesta contra este diagnóstico (demencia vesánica)”.

Para la mirada médica (Saurí) sería más exactamente un caso de inhibición maníaca (Sollier y Courbon), cuadro que nos lleva al difícil terreno de las psicosis mixtas (“Mischzustände” de Kraepelin). Estando el humor elevado aunque inhibida en el aspecto motriz (pose de agachamiento de la enferma), existe también una inhibición de la emisión de palabras. El cuadro se acerca a lo que Kraepelin llamó “manía pobre en pensamiento” (gedankenarme Manie). El mismo maestro de Munich reconoce que “no rara vez dan la impresión de débiles mentales”.

Esta observación explica la denominación de Esquirol. Igualmente la repetición de episodios debía llevar a un estado que bien podía denominarse “vesánico”.

Goldar acerca estas “manías instintivas” al gran círculo renovado de las catatonías, maniobra loable e ingeniosa en estos tiempos de “globalización”, donde el DSM-IV, se ha transformado en la palabra única o pretende más bien ser el discurso psiquiátrico. Todas estas consideraciones nos llevan a pensar sobre el estatuto científico del nacimiento de la psiquiatría y de sus fuentes de inspiración. Por un lado Pinel y más tarde Esquirol y sus discípulos moviéndose en un plano descriptivo, siguen indudablemente a Condillac, en el sentido de “no dejarse llevar por ninguna idea general”.

Este pensamiento es transparente en P.H. Chaslin, quien escribe en 1912: “Las teorías mal sustentadas pasan, la clínica permanece”. Sin embargo, del otro lado del Rhin, en el centro europeo, los médicos alemanes se fundan en la idea del “a priori kantiano”. Profundas divergencias que sólo desaparecen luego de la Segunda Guerra, cuando decaen las psiquiatrías nacionales.

“Queda hoy todavía abierta la pregunta de si la psiquiatría es una ciencia de la emancipación o si, por el contrario, lo es de la integración; es decir, si ha de orientarse más a la liberación de los enfermos psíquicos o su tendencia ha de ser la disciplina de la sociedad civil. Desde 1945 por lo menos no se puede llamar «psiquiatra» quien no tenga incluida la reflexión sobre esta pregunta en trato consigo mismo y con aquellos que le han sido encomendados”.

Compilado por: Ana Gonzalez 14/05/2016 06:20pm
Fuente: http://html.rincondelvago.com/