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imaginación

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En el presente artículo nos referiremos a la cuestión de la imaginación especialmente tal como ha sido dilucidada por varios pensadores modernos y contemporáneos. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que parte de lo que hemos dicho en el artículo referido corresponde asimismo al artículo presente.

No pocos autores modernos han reconocido que la imaginación es una facultad (o, en general, actividad mental) distinta de la representación y de la memoria, aunque de alguna manera ligada a las dos: a la primera, porque la imaginación suele combinar elementos que han sido previamente representaciones sensibles; a la segunda, porque sin recordar tales representaciones, o las combinaciones establecidas entre ellas, no podría imaginarse nada.

Según Francis Bacon, la imaginación es la facultad que se halla en la base de la poesía.

Para Descartes, la imaginación produce imágenes conscientes, a diferencia de la sensación , cuyas imágenes no necesitan estar acompañadas de conciencia. La imaginación es, en rigor, una representación (en el sentido etimológico de este vocablo, es decir, una nueva presentación de imágenes). Esta representación es necesaria con el fin de facilitar diversos modos de ordenación de las “presentaciones”; sin las representaciones que hace posible la imaginación no sería posible el conocimiento. Esta relación entre “conocimiento” e “imaginación” puede parecer sorprendente a quien considere que el vocablo ‘imaginar’ significa sólo “puro fantasear” sin ninguna base real.

Sin embargo, la estrecha relación entre imaginación y función cognoscitiva ha sido admitida por varios autores modernos.

Hume indica que “todas las ideas simples pueden ser separadas mediante la imaginación, y pueden ser de nuevo unidas en la forma que le plazca” (Treatise, I, i, 2). Esto equivale a reconocer que “la imaginación manda sobre todas sus ideas” (ibid., I, iii, 4) y, por tanto, que no hay combinación de ideas —sin la cual no hay conocimiento— a menos que haya la facultad de la imaginación. Ello no significa que se pueda dar a la imaginación rienda suelta.

En efecto, no podría explicarse la operación de la imaginación si ésta no estuviese “guiada por ciertos principios universales, los cuales la hacen, en cierta medida, uniforme consigo misma en todos los momentos y lugares” (ibid.,I, i, 2). En otras palabras, la imaginación es una facultad que opera de un modo regular, a modo de una “suave fuerza”.

Esta regularidad da origen a la creencia (v. ). Así, el conocimiento no depende de que “se pueda imaginar lo que se quiera”, pero la posibilidad de “imaginar lo que se quiera” refrendada por la costumbre de imaginar “lo que se suele imaginar” hace posible el conocimiento. Algo parecido había afirmado Hobbes (De corp., II, vii, 13).

Un papel todavía más fundamental desempeña la imaginación de Kant. Este autor estima que la imaginación (Einbildungskraft) hace posible unificar la diversidad de lo dado en la intuición; por medio de la imaginación se produce una “síntesis” que no da origen todavía al conocimiento, pero sin la cual el conocimiento no es posible (K. r. V., A 79 / Β 104). Pero la imaginación no funciona únicamente en el citado nivel.

Si consideramos las premisas de la deducción trascendental de las categorías, advertimos que la diversidad de lo dado se unifica mediante tres síntesis: la de la aprehensión en la intuición ; la de la reproducción en la imaginación, y la del reconocimiento en el concepto. La síntesis de la reproducción en la imaginación —ligada a la de la aprehensión en la intuiciónhace posible que las apariencias vuelvan a presentarse siguiendo modelos reconocibles: “Si el bermellón fuese ora rojo, ora negro, ora ligero, ora pesado.. . mi imaginación empírica no hallaría nunca oportunidad, al representarme el color rojo, de traer a colación el bermellón pesado” (ibid.,A 101) .

Ahora bien, ambas formas de imaginación parecen ser todavía de carácter reproductivo; se limitan a re-presentar en el mismo orden ciertas aprehensiones. La imaginación puede ser también productiva.

Ello ocurre ya cuando consideramos el entendimiento como “la unidad de la apercepción en relación con la síntesis de la imaginación”, y cuando consideramos el entendimiento puro como la mencionada unidad en referencia a la “síntesis trascendentade la imaginación”

La imaginación es aquí una actividad “espontánea”, la cual no combina libremente representaciones para darles la forma que quiera, pero las combina según ciertos modelos y aplicándola siempre a intuiciones. Por eso la imaginación como “facultad de una síntesis a priori” se llama “imaginación productiva” y no sólo reproductiva. Lo mismo, y a mayor abundamiento, cabe decir cuando la imaginación hace posible el esquema trascendental; por medio de la imaginación productiva se puede tender un puente entre las categorías y los fenómenos.

La imaginación es aquí una facultad de producir reglas por medio de las cuales pueden subsumirse las intuiciones en los conceptos, haciendo las primeras homogéneas a los segundos. Se ha hecho observar que tal idea de la imaginación supone que el entendimiento posee una cierta espontaneidad (Cfr. RSchmidt, Kants Lehre von der Einbildungskraft, 1924), pero debe hacerse observar que esta espontaneidad no es equivalente a una “pura facultad de fantasear”; la imaginación hace posible las síntesis, pero no hay síntesis sin material previamente sintetizable.

El papel desempeñado por la imaginación productiva en Kant no se limita al reino de la razón teórica, sino que se extiende a la facultad del juicio. “Debemos observar que en forma incomprensible para nosotros la imaginación puede no solamente re-presentar ( zurückrufen ) ocasionalmente signos de conceptos de hace largo tiempo, mas también puede reproducir (reproduzieren) la imagen de la figura de un objeto de un número incontable de objetos de diversas clases o inclusive de una misma clase”.

La imaginación puede ser aquí asimismo reproductiva o productiva; sólo en el segundo caso puede hablarse de ella como libre. Lo cual no significa que la imaginación productiva saque algo de la nada; por grande que sea su poder de crear otra naturaleza, lo hace a base del material dado. Vemos, pues, que aunque Kant sub raya la importancia y espontaneidad de la imaginación, continuamente la refrena; si la imaginación por sí misma no obedece a la ley, se halla ligada al entendimiento en cuanto facultad de reglas según leyes. En cambio, algunos de los filósofos postkantianos dieron rienda libre a la imaginación . Fichte , por ejemplo , estimó que el Yo “pone” al no-Yo por medio de la actividad imaginativa. No se trata, por supuesto, de una “pura fantasía”, sino de la consecuencia de haber destacado hasta el máximo el carácter espontáneo del Yo en cuanto “facultad de poner” (setzen). Tampoco se trata de un “poner por imaginación” algo que luego es declarado real: el “poner”, el “imaginar” y el “ser real” son para Fichte la misma cosa.

Los filósofos idealistas, en la medida en que subrayaron la espontaneidad del Yo, tendieron a dar mayor importancia a la imaginación. Pero consideraron el concepto de imaginación no desde un punto de vista psicológico, sino epistemológico (o, si se quiere, epistemológico-metafísico ). Los filósofos de tendencia empirista, en cambio, se ocuparon más bien de los aspectos psicológicos (y, en todo caso, psicológico-epistemológicos ) de la imaginación. Algunos autores han intentado hacer de la imaginación un fundamento metafísico de la realidad.

En la medida en que la noción de imaginación es comparable a la de fantasía, puede considerarse como uno de estos autores a Jakob Froschammer. Nos hemos referido al mismo en el artículo sobre Fantasía . Aquí nos referiremos a otro autor, Edward Douglas Fawcett, que en dos de sus obras ( The World as Imagination, 1916, y Divine Imagining, 1921) bosquejó y elaboró todo un sistema filosófico basado en la idea de lo que llamó “Imaginación Cósmica” (I. C.). Fawcett presentó lo que llamó “la hipótesis de la Imaginación Cósmica” en la forma siguiente: “Nuestra hipótesis es un imaginar que concibe a la Realidad Ultima que todo lo abarca como realidad que ella misma imagina… El imaginar de la I. C. es el hacer la realidad misma imaginada.

Por ser la cosa imaginada, ‘es lo que es’; y de ello emerge cualquier cosa y según ello todo puede ser concebido. La I. C. se parece al Absoluto en dos aspectos. Tiene en sí misma todas las condiciones. Es también espiritual.

No le daremos el nombre de ‘Lo Uno’ o Ίο Múltiple’. No es una unidad neoplatónica que excluye toda diversidad, ni es tampoco un nombre siquiera para un ‘pluralismo noético’, como el concebido por William James” (The World as Imagination, Parte II, cap. 1, 5 14). Entre los “aspectos” de la I. C. se destacan la conciencia y la actividad. La I. C. es supralógica e infinita, siendo el principio de toda evolución y de todaenergía.

En nuestro siglo se han llevado acabo varios esfuerzos para dilucidar la naturaleza de la imaginación a base de descripción fenomenológica. Se ha destacado al respecto Jean-Paul Sartre (L’imagination, 1936; L’imaginaire, 1940). Según Sartre, la imagen que presenta la imaginación es “un acto sintético que une un saber concreto, que no tiene carácter de imagen, a elementos más propiamente representativos” ( L’imaginaire, pág. 19). La imagen no es, pues, algo “intermedio” entre el objeto y la conciencia. Tampoco es algo que desborda el mundo de los objetos; por el contrario, este mundo desborda, en la infinidad de sus posibles “presentaciones”, las imágenes. Sartre liga el mundo de la imaginación al mundo del pensamiento, y, además, considera que la imaginación está relacionada con la acción (o con la serie de “posibles acciones”) . La imagen no es el mundo negado simpliciter; es el mundo negado desde cierto punto de vista (ibid., pág. 234): para que el centauro aparezca como irreal (imaginario) “es menester precisamente que el mundo sea aprehendido como mundo donde no hay centauros” (loc. cit.). Es claro que Sartre analiza el problema de la imaginación en forma que proporcione una base para su posterior (o simultánea) doctrina de la conciencia como “conciencia realizante [o realizadora]”.

Además de los textos citados en el artículo, véase la bibliografía de FANTASÍA, donde hemos agrupado obras que se refieren tanto a la cuestión de la fantasía como a la de la imaginación.

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Fuente: José Ferrater Mora

— Además: Gilbert Durand, les structures anthropologiques de l’imaginaire. Introduction à larchétu pologie générale, 1960 (tesis). — Ë. Minkowski, F. Dagognet, J. Starobinski, P. de Man, artículos sobre imagi nación (y sobre Gaston Bachelard y J.-J. Rousseau a propósito de la imaginación) en Revue Internationale de Philosophie, Année XIV, N° 51 (1960),3084.
— Κ. Ε. Boulding, The Image, 1961.
— Sobre la imaginación en Kant, véase especialmente Hermann Hórchen, “Die Einbildungskraft beiKant”, Jahrbuch fur Philosophie und phanomenologische Forschung, XI (1930).

Compilado por: Abasuly Reyes – miércoles, 24 de agosto de 2011, 14:34