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Indigestión – Dispepsia

Indigestión – Dispepsia

El término indigestión abarca a las manifestaciones digestivas más diversas atribuidas a un exceso de alimentos, de bebida o de alcohol, así como a una intolerancia digestiva a un tipo de alimentos o a una intoxicación alimenticia. Véase problemas en el estómago. Si la indigestión ocurre después de una intoxicación, véase también envenenamiento.

Si ocurrió después de comer o beber alcohol en exceso, agrega a la descripción de los problemas estomacales el hecho de que acumulas demasiado en tu interior, hasta el extremo de estar harto de una persona o de una situación que te resulta pesada. No olvides que este sentimiento de hartazgo o de pesadez proviene de tu actitud interior y no del exterior.

El estómago es el lugar por el cual mi cuerpo físico asimila el alimento. Si tengo una indigestión, mi cuerpo expulsa este alimento y estoy afectado por nauseas, vómitos o dolores abdominales. Es lo mismo para la realidad, los pensamientos, los sentimientos, las emociones que vivo y que van también a causar una indigestión si tengo dificultad en transigir con éstas.

El término dispepsia comprende todo trastorno de la secreción, motilidad gastrointestinal o sensibilidad gástricas que perturben la digestión y designa cualquier alteración funcional asociada al aparato digestivo. Por lo general, se presenta cuando no hay una alimentación saludable.

En general, la dispepsia es benigna y curable. Su origen puede estar en un trastorno físico o emocional y se caracteriza por alteraciones digestivas consecutivas a disfunciones gástricas e intestinales. Produce molestias físicas del tracto gastrointestinal superior, asociadas con la ingestión de alimentos sólidos o líquidos. Presenta síntomas como ardores o acidez, eructos, distensión gaseosa, flatulencia, sensación de plenitud o presión abdominal, náuseas y vómitos.

Se trata de uno de los motivos más frecuente de consulta, pues tiene una frecuencia global del 40,6 %, apareciendo la forma moderadamente grave una vez a la semana en el 28,1 % de la población. En España el 39 % de la población adulta lo ha padecido alguna vez a lo largo de su vida, y el 24 % en los últimos 6 meses. A pesar de ello el 50 % de los afectados no acude al médico por este problema y, aparte de esto, muchos se automedican (con antiácidos o antagonistas inhibidores de la secreción ácida gástrica).

Hay un desorden, una desarmonía en el interior mío. ¿Cuál es la situación o la persona que me resulta difícil digerir? ¿Qué es lo que sucede en mi vida y que ya no quiero soportar, porque “todo esto a la vez, es excesivo”? Incluso puedo llegar a estar en rebelión contra esta situación o contra esta persona que criticó severamente.

Esto puede también ser algo que he visto u oído que me era desagradable y que “no pasa bien”. La ansiedad, la inseguridad me pondrán “el estómago al revés” y al no poder realizarse normalmente la digestión, voy a echar físicamente el alimento como echo las nuevas ideas o situaciones que vivo.

Aprendo a poner el amor en la o las situaciones porque tengo una toma de consciencia por hacer. El amor es el ingrediente que me ayudará a digerir y a dejar pasar las situaciones en mi vida, en armonía con mi ser.