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irracional

Abasuly Reyes – miércoles, 31 de agosto de 2011, 12:49

Según la definición del Diccionario José Ferrater Mora, suele definirse ‘irracional ‘ como ‘algo que no es racional’, es decir como ‘algo que es ajeno a la razón’ . Sin embargo, también son no racionales, o ajenas a la razón, cualesquiera “cosas” (entidades o expresiones) que puedan llamarse “arracionales”, “suprarracionales” , “infrarracionales” y “antinacionales” . Conviene, por ello, distinguir entre cualesquiera de estas últimas y lo llamado “irracional” .

Proponemos las siguientes distinciones: Se puede llamar “arracional” a lo que es simplemente ajeno a la razón; “antirracional” a lo que es contrario a la razón; “suprarracional”, a lo que es superior a la razón o está más allá de la razón, en un plano estimado “superior”; “infrarracional”, a lo que es inferior a la razón en el sentido de hallarse en un plano en el cual no ha entrado todavía la razón: en el plano de lo “prerracional”. Ahora bien, el término ‘irracional’ puede tomarse en dos sentidos: 1. Como nombre común de todas las especies antes mencionadas de “no racionalidad”. 2. Como designando algo “arracional” y, sobre todo, algo “antirracional”. ‘Irracional’ ha sido visado en estos dos sentidos por muchos autores, entre ellos por varios de los que mencionamos luego, de suerte que en numerosos casos es difícil saber lo que un autor quiere decir exactamente con el predicado ‘irracional’. En algunos casos, se ha tendido a usar ‘irracional’ como sinónimo de ‘antirracional’. Ello ha ocurrido especialmente al hablarse de “irracionalismo”, que ha sido equiparado con frecuencia al “antirracionalismo”.

En el presente artículo nos referiremos a lo irracional y al irracionalismo especialmente tal como han sido analizados (y a veces propugnados) por varios autores contemporáneos. Aunque no es siempre fácil en tales autores distinguir entre ‘irracional’ e ‘irracionalismo’, y aunque en muchos casos la definición de cualquiera de estos términos es aplicada a la definición del otro término, comenzaremos por referirnos al irracionalismo como tendencia general filosófica y terminaremos precisando varios sentidos de ‘irracional’. La inversión del orden más “normal” de tratar nuestro problema el estudio de lo irracional previo al del irracionalismo como tendencia a subrayar la realidad o el valor de lo irracional— se debe a que, de hecho, se han manifestado lo que podrían llamarse “motivos irracionalistas” antes de intentarse una explicación de la estructura o estructuras de “lo irracional”.

Motivos de carácter irracionalista fueron ya importantes en la filosofía griega. Durante mucho tiempo esta cultura fue presentada como perfecto ejemplo de “racionalismo”. Rohde, Nietzsche y Burckhardt se opusieron a esta concepción y destacaron el carácter “dionísiaco” (o, si se quiere, también “dionisíaco” ) y, por tanto, “irracional” de muchos aspectos de la cultura griega. Recientes investigaciones orientadas en la antropología (F. M. Cornford, E. R. Dodds) han mostrado que la cultura intelectual griega se basaba en un humus de irracionalismo (de creencias en modo alguno “racionales”). Los pensamientos filosóficos producidos por tal cultura aparecen según ello como una parte del esfuerzo no para suprimir lo irracional, sino para dominarlo, introduciendo una cierta estabilidad en un mundo continuamente amenazado por el temor, la angustia, el “terror pánico”.

Pueden mostrarse a fortiwi motivos de carácter irracionalista en otras culturas, por no decir en toda cultura humana. Ahora bien, puesto que lo que aquí nos interesa es especialmente lo irracional y el irracionalismo en la filosofía, y se ha tenido conciencia clara de ellos solamente al final de la época moderna y en la época contemporánea, nos referiremos especialmente a estos períodos.

En ciertos autores, como Schopenhauer y Eduard von Hartmann, el mundo es descrito como manifestación de algo irracional o, cuando menos, no racional. Además, estos autores —y especialmente Schopenhauer destacan el carácter irracional de “lo Absoluto”. Se ha dicho que cierto grupo de filosofías contemporáneas —Bergson, Keyserling, Spengler y, en general, las llamadas “filosofías de la vida y de la acción” son irracionalistas por cuanto sostienen que la realidad es, en último término, o irracional o no racional. Sin embargo, no es siempre justo calificar estas filosofías (o cuando menos algunas de ellas) como irracionalistas. En algunos casos, lo que se llama “irracional” es más bien algo “sobrerracional”; en otros casos, lo que algunos filósofos hacen es simplemente poner de relieve que la realidad no es accesible racionalmente o no es tan accesible racionalmente como habían pensado otros filósofos.

Hay que andar, pues, con pies de plomo antes de calificar a cualquier filosofía no estrictamente racionalista de “irracionalista”. En este sentido tiene razón Rudolf Otto cuando señala que la busca de lo irracional en la época actual se ha convertido casi en un deporte, y que se busca lo irracional dondequiera sin ocuparse de precisar si lo hay efectivamente, o, caso de haberlo, en qué consiste. “Se entienden frecuentemente por este término [‘irracional’] —ha escrito dicho autor— las cosas más diferentes, o se emplea en un sentido tan y tan vago, que pueden entenderse por él las realidades más heterogéneas: la pura realidad por oposición a la ley; lo empírico por oposición a lo racional; lo contingente por oposición a lo necesario; el hecho bruto por oposición a lo que puede encontrarse mediante deducción; lo que pertenece al orden psicológico por oposición a lo que pertenece al orden trascendental; lo conocido a posteriori por oposición a lo que puede definirse a priori; la potencia, la voluntad y el simple placer por oposición a la razón, a la inteligencia y a la determinación fundada en una valoración; el impulso, el instinto y las formas oscuras del subconsciente por oposición al examen, a la reflexión y a los planes racionales;las profundidades místicas del alma y los movimientos místicos en la humanidad y en el hombre; la inspiración, la intuición, la penetración, la visión profética y, finalmente, las fuerzas Ocultas’; de un modo general, la agitación inquieta, la fermentación universal de nuestra época, la busca de lo nuevo en la poesía y las artes plásticas: todo esto, y aun más, puede ser lo ‘irracional’ y constituir lo que se llama ‘el irracionalismo moderno’, por unos exaltado, condenado por otros” (op. cit. infra, Cap. XI).

Ahora bien, la solución que propone Rudolf Otto no es muy satisfactoria. Según este autor, hay que partir del “sentido usual de la palabra, el que tiene cuando, por ejemplo, decimos acerca de un acontecimiento singular que se sustrae por su profundidad a la explicación racional: hay aquí algo irracional”. En efecto, este procedimiento, además de su vaguedad, ofrece el inconveniente de no tener en cuenta si el predicado ‘es irracional’ se refiere a una realidad o a alguna forma de expresión de esta realidad. Tampoco tiene en cuenta que en algunos casos puede aplicarse el término ‘irracional’ a un aspecto de la realidad y no a otro — como también pueden llamarse “irracionalistas” a ciertas doctrinas en un respecto, pero no en otro. Ejemplo de lo último lo tenemos cuando se adopta una actitud irracionalista al referirse a la existencia humana, y una actitud racionalista al referirse a la Naturaleza, o una actitud irracionalista al referirse a “lo real” y una actitud racionalista al referirse a “lo ideal”, o una actitud irracionalista al referirse a “lo dado” y una racionalista al referirse a “lo puesto” (Cfr. W. Sesemann, art. cit. infra, pág. 216).

Entre las varias doctrinas que se han propuesto para definir ‘irracional’ e ‘irracionalismo’ especialmente en el pensamiento contemporáneo, mencionaremos las siguientes. En su Historia de la filosofía actual, J. Salamucha ha indicado que hay en tal filosofía dos aspectos irracionalistas distintos entre sí, aunque probablemente relacionados en algunos de sus representantes. Por un lado, tenemos el “irracionalismo ontológico”, según el cual la realidad misma (el “ser mismo”) es irracional, y ello de tal suerte que su irracionalidad se manifiesta en que es contradictoria consigo misma. Representantes de este irracionalismo ontológico son J. Volkelt (irracionalismo metafísico), G. Simmel (irracionalismo vitalista) y Theodor Lessing y L. Klages (irracionalismo antropológico). Por otro lado, tenemos el “irracionalismo noético”, según el cual hay inconmensurabilidad entre el conocimiento (o los medios de conocimiento) y la realidad, o cuando menos una parte de la realidad. Representantes de este irracionalismo noético son H. Vaihinger, É. Meyerson y Nicolai Hartmann.

La distinción apuntada equivale a la ya aludida de “irracionalismo real” e “irracionalismo conceptual”.

Fundándose en una definición de ‘irracionalismo’ como “empresa especulativa basada en las potencias irracionales de la mente”, Cleto Carbonara señala que hay tres tipos de irracionalismo de acuerdo con la “potencia” que se subraya en cada caso:el voluntarismo, el intuicionismo y el asociacionismo.

Según R. Müller-Freienfels, el irracionalismo significa que “no solamente hay que considerar como válido el pensamiento irracional, sino asimismo todas las posibilidades cognoscitivas en su significación” (op. cit. infra, [la primera citada], pág. 4). Ello equivale a decir que el irracionalismo (cuando menos en lo teoría del cono cimiento) no es un supuesto metafísico, sino un método, el cual permite extender el campo del conocimiento. El irracionalismo en cuestión es el que ha sido propugnado, o cuando menos elaborado, por autores como Dilthey y Bergson, con su interés por los métodos de la intuición y de la comprensión (v. ).

Para Ortega y Gasset, hay una especie de “crecimiento de la irracionalidad” desde la lógica y la matemática —que tampoco son, por lo demás, completamente “racionales”, ya que se descubren en ellas “irracionalidades”— hasta el conocimiento de “lo real” (por ejemplo, de lo real humano ). “Lo racional por excelencia es… lo ideal, o lo que es lo mismo lo lógico, lo cogitabile” (op. cit. infra; O. C., pág. 278). “Al pasar de la matemática a la física la irracionalidad se condensa. Las categorías físicas sustancia y causa son casi por completo irracionales” ( loe. cit. ). Lo cual no significa para dicho autor que haya que predicar el “irracionalismo”. Por el contrario, es característico de Ortega hacer entrar “la razón en lo vital”. El “irracionalismo” es, en todo caso, sólo la necesaria contrapartida del “espíritu racionalista”, el cual es consecuencia de una “actitud imperativa” que pretende legislar sobre la realidad, en vez de aceptar la realidad tal como es — y de aceptar, por tanto, “la resistencia que el mundo ofrece a ser entendido como pura racionalidad” (ibíd., pág. 279). Nicolai Hartmann se ha interesado

ante todo por elaborar una “fenomenología de lo irracional”.

Ello lo ha llevado al estudio de la distinción entre lo irracional y elementos usualmente confundidos con él. Según N.Hartmann, se ha confundido entre lo irracional y lo alógico (con lo que no está sometido a lógicas), olvidándose con ello las diferencias fundamentales entre varios tipos de irracionalidad.

En el “problema de lo irracional” debe distinguirse ante todo entre los aspectos gnoseológico y ontológico. Lo irracional como lo contrario a lo racional puede entenderse: (1) Como lo que no tiene una razón o fundamento. (2) Como lo que no es inmanente a la razón, lo transinteligible. El primer tipo de irracionalidad es de carácter ontológico; el segundo, de carácter gnoseológico. Examinado gnoseológicamente, lo irracional es lo que no se halla dentro de la esfera del conocimiento y, por consiguiente,no puede decirse simplemente que lo racional es lo lógico y lo irracional lo alógico. En primer lugar, no todo lo que no pertenece a la esfera lógica es incognoscible; en segundo término, no todo lo que pertenece a la esfera lógica es cognoscible. Según ello, conviene distinguir entre tres tipos de irracionalidad, cada uno de los cuales es insuficiente por sí solo para caracterizar “lo irracional”: (a) Lo irracional alógico, tal como se presenta, por ejemplo, en la mística, la cual vive y experimenta su objeto, lo conoce, aun cuando no de un modo lógico, (b) Lo irracional transinteligible, esto es, lo irracional en el sentido de lo no cognoscible, de lo que trasciende el conocimiento. Este tipo de irracionalidad ontológica es, según Hartmann, más profundo que la irracionalidad alógica antes descrita, (c) Lo irracional como combinación de lo alógico y lo transinteligible, lo eminentemente irracional. Puede, por lo tanto, como ocurre en la mística, haber irracionalismo desde el punto de vista lógico y racionalismo desde el punto de vista ontológico. Sin embargo, a pesar de la necesidad de la distinción entre lo irracional gnoseológico y lo irracional ontológico hay un fundamento común de todos los tipos de irracionalidad en virtud de la implicación mutua de los elementos gnoseológicos y ontológicos en el problema del conocimiento. Este fundamento común se halla en la noción de lo absolutamente transinteligible.

Lo irracional existe o, mejor dicho, es comprobado por la no concordancia absoluta de las categorías del conocimiento con las categorías del ser. La concordancia supondría la cognoscibilidad y racionalidad absolutas de toda la realidad, cognoscibilidad que se presenta sólo en la mayor parte de ocasiones en la esfera del objeto ideal. La no concordancia equivale al reconocimiento de la existencia de lo irracional ontológico, esto es, en palabras de Hartmann, de lo trans objetivo transinteligible o, si se quiere, de la pura y simple trascendencia.

Concluiremos indicando que conviene distinguir entre “lo irracional en el objeto” (el objeto, la realidad,como irracionales) y “lo irracional en el método” (el intento de compren der lo real mediante conceptos estimados como no racionales). Rechazar un “método irracional” no significa negar la posibilidad de lo meta-racional; significa más bien averiguar las condiciones cognoscitivas de lo irracional, es decir, la estructura del lenguaje que hace posible hablar con sentid o de lo irracional . Desde este punto de vista las posiciones sobre lo irracional pueden ser reducidas a las tres siguientes : (I) Posicione s que rechazan todo irracional (racionalismo, ciertas formas de empirismo); (II) Posiciones que admiten todo irracional (irracionalismo); (III) Posiciones que niegan lo irracional en el método y afirman lo irracional como objeto. En estas posiciones lo irracional suele ser más bien “metarracional” . En este sentido puede decirse que tales posiciones adoptan una actitud “metarracionalista” más bien que una actitud “irracionalista”.