Partimos de dos Inquietudes:
1- La aplicabilidad o no aplicabilidad de la lógica a lo real.
2 ¿Implica o no una Ontología?

Las soluciones dada s al primer problema han dependido fundamentalmente de la concepción que se haya mantenido en cada caso acerca de la naturaleza de las proposiciones lógicas y en particular acerca de la naturaleza de los llamados principios lógicos. Consideremos algunas de tales concepciones:

(1) La concepción aristotélica: los principios lógicos expresan conexiones necesarias que responden a relaciones reales.

(2) La concepción puramente empirista: los principios lógicos son meras generalizaciones de relaciones empíricas obtenidas por medio de un proceso de abstracción total.

(3) La concepción esencialista : los principios lógicos designan las normas ideales mediante las cuales se rigen ciertos objetos también ideales; algunos, tales Platón, consideran dichos objetos como ( metafísicamente) existentes; otros, tales Husserl, los consideran como subsistentes .

(4) La concepción lingüística: los principios lógicos son reglas del lenguaje. Como estas reglas son con frecuencia definidas como convenciones, la concepción lingüística coincide muchas veces con la concepción convencionalista.

(5) La concepción kantiana: las normas lógicas son imposiciones del sujeto trascendental.

(6) La concepción wittgensteinia na: las fórmulas lógicas son tautologías -/acias. La concepciones anteriores han sido < numeradas sin atenerse al orden histórico. No pretenden ser completas. Manifiestan ciertas tendencias generales que pueden ser especificadas mediante teorías más detalladas. Pueden observarse entre algunas de ellas ciertas similaridades. Así ocurre entre las concepciones (1) y (2), entre las concepciones (3) y (4) y entre las concepciones (5) y (ß), por un lado, y entre las concepciones(1), (2) y (3), y (4), (5) y (6), por el otro — para mencionar sólo dos de las agrupaciones posibles. La razón de cada agrupación es el tipo de relación establecido entre las proposiciones lógicas y las relaciones reales. Ahora bien, puede establecerse una agrupación más sistemática que explique tales modos de relación. Esta agrupación da por resultado, a nuestro entender, las concepciones siguientes :(a) Lógica (por la que entenderemos primariamente las leyes lógicas y sólo secundariamente las reglas metalógicas ) y realidad pueden “coincidir”, porque hay ciertos principios que son a la vez del pensar y del ser. (b) Lógica y realidad coinciden, porque hay ciertos principios del ser que se reflejan en el pensar.

(c) Lógica y realidad coinciden, porque hay ciertos principios del pensar que se reflejan ontológicamente en el ser.

(d) Lógica y realidad coinciden, porque las leyes lógicas son simplemente operaciones con las cuales es manejado lo real.

Cada una de estas concepciones se basa en una determinada teoría general filosófica o bien agrupa a su vez diversas teorías de acuerdo con los varios modos de interpretarla. Así, la concepción (a) puede ser calificada de monista; la (b), de realista; la (c) , de idealista . En cuanto a la (d), puede ser kantiana, convencionalista, operacionalista , behaviorista, wittgensteiniana, etc. Es curioso mostrar que en algunos casos (como en las concepciones wittgensteiniana y convencionalista extrema) se admite que la lógica y la realidad “coinciden” precisamente porque no coinciden y no plantean, por lo tanto, problemas acerca de su relación como dos modos de “ser”. Agreguemos que el adherirse a cualquiera de las concepciones mencionadas no significan interpretarlas siempre del mismo modo. Ello ocurre inclusive con cada una de las sub concepciones agrupadas en (d.). Por ejemplo, hay autores (como G. Ryle) para quienes las normas lógicas se aplican a lo real, porque son operaciones llevadas a cabo de acuerdo con ciertas reglas, mas para quienes ello no significa que las normas lógicas sean convenciones análogas a las que se usan en los juegos. Cierto que, como las reglas de los juegos, y a diferencia de las leyes naturales, las normas lógicas pueden no obedecerse. Pero mientras las convenciones de los juegos no proporcionan información sobre la realidad, las de la lógica son usada s en lenguajes informativos.

Todas las concepciones mencionadas son ilustrativas de ciertos modos de ser atribuidos a las operaciones lógicas y de las maneras como por medio de ellas se supone poder hablarse acerca de lo real. A nuestro entender, empero, adolecen casi siempre de alguno de los siguiente s defectos: interpretar la relación (o falta de relación) entre lógica y realidad como si se tratara de la relación (o falta de relación) entre una “cosa” (aunque sea una “cosa que se hace”) y otra “cosa”; y confundir o no aclarar suficientemente el tipo de relación de que se trata, el cual puede ser reproductivo, analógico o simbólico. Indicaremos aquí brevemente nuestra opinión al respecto.

La lógica no tiene que ver con la realidad al modo como una “cosa” se relaciona con otra, pues en tal caso habría que adherirse a una determinada teoría metafísica que explicara las supuestas coincidencias: por ejemplo, que la realidad es de índole lógica; que el espíritu humano posee anticipadamente (por reminiscencia o de cualquier otro modo) un conocimiento de lo real, etc. La relación entre lógica y realidad puede ser comparada, por lo pronto, a la relación de un orden con otro orden — distinta , por tanto, de la relación entre una “forma” (vacía o no vacía) y su “contenido” (metafísico o fenoménico). Por eso la lógica no puede decir nada sobre lo real en tanto que es; la lógica no describe la (existente o supuesta) textura inteligible de lo ontológico. La frase de Spinoza según la cual el orden y la conexión de las ideas son los mismos que el orden y la conexión de las cosas, es justa siempre que interpretemos adecuadamente (y flexiblemente) los términos Ordo’ y ‘conexión’.

Lo que expresan las proposiciones lógicas no es, pues, lo real, sino ciertos modos (múltiples) de ordenación de la realidad que se manifiestan en los lenguajes informativos de las ciencias. La realidad no necesita ser, pues, lógica para que sea susceptible de manejo lógico, análogamente a —como ha precisado K. R. Popper— la realidad no necesita ser intrínseca mente británica para que sea posible usar el idioma inglés con el fin de describirla . Como “lengua bien hecha”, la lógica describe, además, las ordenaciones de la realidad en forma simbólica : no reproduciéndola mediante copia ni tratando de averiguar su esencia mediante analogía.

El segundo problema mencionad o al comienzo de este artículo ha sido examinado desde varios puntos de vista. He aquí algunos : la lógica no depende de nada ajeno a ella y, por lo tanto, tampoco de una ontología; la lógica depende de una metafísica; la lógica tiene en su base ciertos supuestos que no son expresables en el lenguaje de la lógica y que pueden calificarse, en general, de filosóficos. Como puede presumirse, la solución dada al problema depende en gran medida de lo que se relacione (o deje de relacionarse) con la lógica: ontología formal, ontología material, metafísica crítica, metafísica especulativa, “filosofía general”, etc. Algunos autores, en efecto, niegan que la lógica dependa de ninguna metafísica de carácter especulativo, pero admiten, en cambio, la posibilidad de que dependa de una ontología de índole formal. Otros autores mantienen que la lógica se construye (o debe construirse) sin tener en cuenta consideraciones extralógicas, pero que en el curso de su edificación se llega inevitablemente a consecuencias ontológicas , metafísicas o de otra índolé. Otros indican que el error principal de quienes ligan (ya sea al principio, ya sea al fin) la lógica con elementos extralógicos, reside en que confunden la metalógica con una metafísica o con una ontología. Podrían citarse muchas otras posiciones al respecto. Nos limitaremos aquí a llamar la atención sobre la necesidad, cada vez que se examina este problema, de precisar de qué se trata exactamente, y en particular de precisar si: (I) se habla de algo que está en la base de la lógica o de una consecuencia de las investigaciones lógicas; (II) se entiende por Ontología’ todo conjunto de proposiciones que enuncian algo acerca de la realidad en cuanto tal, o se quiere indicar un conjunto de supuestos que condicionan el uso del lenguaje, o, finalmente, se pretende aludir a una determinada concepción metafísica. La respuesta dada al problema puede ser distinta en cada caso. Es posible admitir, en efecto, que, como dice E. Nagel , no hay correlato metafísico ni correlato empírico de los principios lógicos, y aceptar al mismo tiempo que la edificación de un cálculo lógico está orientado por consideraciones semánticas y, por lo tanto, no es enteramente ajena a un correlato del cálculo.

F. Êvellin, “La pensée et le réel”, Revue Philosophique, XXX (1889).
— M. C. Swabey, Logic and Nature,1930, 2 · éd., 1955.
— Ch. Serras, Le parallélisme logico-grammatical, 1933.
— Hans Hahn, Logik Mathematik und Naturerkennen, 1933.
— F. Gonseth, Les mathématiques et la réalité. Essai sur la méthode axiomatiquet 1936.
— F. Mange, L’Esprit et le réel perçu,1937.
— id., id., L’Esprit et te réel dans les limites du nombre et de la grandeur, 1937.
— M. Riveline, Essai sur le problème le plus générale:action et logique, 1939.
— K. R. Popper, “What is Dialectic?”, Mind., XLIX (1940), 403-26 .
— A. P. Ushenko , The Problems of Logic, 1941.
— E. Nagel, “Logic without Ontology”, en Naturalism, and thé Human Spirit, 1944, págs. 210-41.
—·Varios autores, Logic and Reality (Aristotelian Society. Supp. Vol. XX),1946.
— V. Kraft, Mathematik, Logik und Erfahrung, 1947.
— R. Feys,”Logique formalisée et philosophie”, Synthèse, VI (1947-1948) .
— E. T.Nelson, A. Ambrose, E. W. Hall, E. Nagel, “A Symposium on thé Relation of Logic to Metaphysics”, The Philosophical Review, LVIII (1949), 1-34 .
— A. Sinclair, The Conditions of Knowledge, 1951.
— M. FréchetLes mathématiques et le concret, 1955.
— L. Rougier, Traité de l connaissance, 1955, Libro II (Capsix-xiii).
— A. Menne, Logik und Existenz, eine logistische Analyse der kategorischen Syllogismusfunktorcn unddas Problem der Nullklasse, 1954.
— H. Meyer, Le rôle médiateur de la logique, 1956.
— H. S. Léonard, “ThLogic of Existence”, Philosophical Studies, VII (1956), 49-64.
— L. OKatsoff, Logic and thé Nature of Reality, 1956.
— José Ferrater Mora”Lógica y realidad”, Parte III de Que es la lógica, 1957, 2″ éd., 1960.
— E. W. Beth, La crise de la raison et la logique, 1957 [Collection de logiqumathématique, ser. A, N° 12].
— Peter Zinkernagel, Conditions for Description (trad. del danés, 1957, especialmente Cap. II.
— F. H. Parker y H. B. Veatch, Logic as a Human Instrument, 1959.
— Martin Foss, Logic and Existence, 1962 [no trata siempre del tema anunciado].
— EriToms, Being, Négation, and Logic,1962, Parte I, Cap. ii.

Fuente: José Ferrater Mora
Compilado por: Abasuly Reyes – jueves, 1 de septiembre de 2011, 15:00