La cinetosis se presenta muy frecuentemente al viajar en automóvil, autobús, avión, barco y tren. Los trastornos que provoca el movimiento son: palidez, sudores fríos y vómito antecedido por náuseas. Además de lo que sigue, véase náuseas, torpor y dolor de cabeza.

Con frecuencia, la cinetosis oculta un temor a que algo o alguien muera. Este tipo de miedo se manifiesta muy a menudo en quien quiere controlarlo todo para no sentirse prisionero en una situación nueva de la cual no sabría cómo salir. Esta persona se impide vivir el momento presente y aprovechar las alegrías que ocurren. Este malestar es frecuente en quienes padecen agorafobia (ver esta palabra).

Si con frecuencia sientes malestares en alguno de los medios de transporte antes mencionados, tu cuerpo te dice que dejes de querer controlarlo todo y te permitas expresar tus temores. Es interesante señalar que este tipo de malestar se produce muy raramente cuando la persona está sola. Pregúntate qué sucede en el momento en que te sientes mal. ¿En quién no confías? ¿Piensas que los demás no pueden tener respuestas o soluciones para ti? Ábrete a lo que los demás deciden o hacen.

Tu cuerpo te dice que necesitas aprender a soltarte y a confiar en los demás y en el Universo en general. Este último cuida bien a quienes confían en él. Vivo inseguridad, incomodidad. Esto molesta mis costumbres establecidas y puedo tener la sensación de perder el control de lo que sucede en mi vida. Me asusta lo desconocido. Debo tener confianza en el futuro, debo aceptar vivir nuevas experiencias, sabiendo que saldré crecido de éstas.

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Cerca del 99% de la población de los países industrializados sufren alguna vez en la vida los efectos del mal de transportes (mareo).

El concepto de mal de transportes (cinetosis, cinepatía) engloba un complejo de síntomas suscitados por una excitación del aparato vestibular. No se trata de una enfermedad propiamente dicha, sino de una reacción fisiológica a un estímulo, que puede desembocar en un “”conflicto de datos””.

El cuadro clínico del mal de transportes puede compararse al de una intoxicación. Los primeros síntomas se manifiestan por palidez, vértigos, náuseas, vómitos, diarrea o constipación. También se produce taquicardia, sudores, una hipersalivación, una actitud de indiferencia y apatía. Según el medio de transporte en el que se está expuesto a movimientos no fisiológicos, la cinetosis puede subdividirse en mal de mar, mal de aire, mal de tren o de coche. CAUSAS: los estímulos vestibulares, visuales y proprioceptivos han de ser lo suficientemente pronunciados para desencadenar un conflicto sensorial. Pero este conflicto está en relación con un umbral individual, umbral que puede modificarse con un entrenamiento.

Todas las formas de mal de transportes se deben a un conflicto entre varias impresiones sensoriales concurrentes. Se dividen en dos categorías: conflicto visual-vestibular y conflicto canales semicirculares-otolitos. Los dos sistemas implicados anuncian movimientos que no son concordantes, reciben informaciones divergentes o bien un sistema anuncia movimiento y el otro no. La sensibilidad al mal de transportes varía en gran manera según los individuos.

Entre 5 a 10% de la población son muy sensibles y entre 5 y 15% no lo son en absoluto. Los lactantes no sufren cinetosis; por el contrario, entre los niños de 8 años, cerca del 80% son sensibles al mal de transportes. Pasados los 50 años, los casos de cinetosis son menos frecuentes porque los otolitos degeneran con la edad. PREVENCION Y TRATAMIENTO: para prevenir el mareo de los transportes hay que tomer un antihistamínico una media hora antes del inicio del viaje.

Cuando aparezcan los síntomas debe evitarse en lo posible mover la cabeza. La posición de acostarse parece tener un efecto favorable para el desarrollo de la cinetosis. En barco, si es posible, mirar con fijeza al horizonte. En los barcos grandes y en los aviones los movimientos son menos pronunciados en las plazas centrales. En los viajes en autocar y en coche procurar escoger un asiento que permita mirar de frente. En caso de viaje por mar, al cabo de 2 a 4 días se produce una adaptación; en este caso se trata de una adaptación a un estímulo prolongado. No obstante, el efecto desaparece si se deja de viajar durante 3 meses.

El tratamiento medicamentoso tiene por objeto acelerar la adaptación, atenuar los síntomas vegetativos y suprimir la contradicción entre las informaciones proporcionadas por los distintos órganos sensoriales. Se prescriben antihistamínicos como el dimenhidrinato ((DRAMAMINA por ejemplo); probablemente su efecto se basa en un antagonismo central con la acetilcolina.

Según la literatura médica, la tasa de éxito es de 70%. Las fenotiazinas actúan algo mejor contra el mareo de transportes, pero también ejercen un efecto sedante más pronunciado (por ejemplo la prometazina presente en el FENERGAN).

Por otra parte, la escopolamina, un parasimpatolítico, se utiliza en preparación transdérmica. En las personas que practican el vuelo con vela, la cinnarizina (STUGERON) da buenos resultados. La flunarizina (por ejemplo SIBELIUM), un antagonista del calcio, actúa sobre el órgano periférico del equilibrio y por consiguiente no provoca ningún efecto sedante. En fitoterapia se puede citar el jengibre, disponible en cápsulas