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Personalidad autoritaria

Personalidad autoritaria

Personalidad autoritaria. El individuo con personalidad autoritaria presenta habitualmente los siguientes rasgos: obediencia ciega a la autoridad, cumplimiento estricto de normas rígidas, expectativa de lealtad incondicional por parte de sus subordinados, hostilidad frente a los miembros de otros grupos y admiración hacia los poderosos.

Personalidad autoritaria es el conjunto de características individuales que, adquiridas durante la infancia, predisponen a un individuo a aceptar y adoptar creencias políticas antidemocráticas, encontrar satisfacción en la sumisión a la autoridad, dirigiendo la agresión hacia las minorías sociales u étnicas o a los grupos sometidos a la marginación social. Esta personalidad se caracteriza por la presencia de actitudes intolerantes como la xenofobia,el racismo,la discriminación social entre otros. También se caracteriza por unas formas de pensar muy determinadas y rígidas, es decir, estereotipadas, con abundancia de prejuicios, actitudes propias del conservadurismo y actitudes intolerantes.

Theodor W. Adorno, Frenkel-Brunswik, Daniel Levinson y Nevitt Sanford teorizaron acerca de un tipo de personalidad que hacía referencia al “individuo potencialmente fascista”,1 al cual etiquetaron como “personalidad autoritaria”, basándose en escritos anteriores de Erich Fromm,2 que ya empleaba este término. Por ello, las influencias históricas sobre su teoría incluyen el ascenso del fascismo en la década de 1930, la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto. Un componente principal de la “personalidad autoritaria” es la susceptibilidad a la ideología antisemita y sus creencias antidemocráticas. Su gran corpus de investigación (conocido como El estudio de Berkeley) se centró principalmente en el prejuicio, dentro de un marco teórico psicoanalítico / psicosocial (es decir, un marco teórico freudiano y frommiano).
La teoría original[editar]
Adorno, et al. (1950) consideró la personalidad autoritaria como la característica de poseer un superego estricto que controla a su vez, un ego más débil incapaz de hacer frente a sus fuertes impulsos. Estos conflictos intrapsíquicos acaban provocando inseguridades personales, lo que finalmente conlleva al superyó de la persona, a ceñirse a las normas convencionales impuestas desde el exterior (convencionalismo), y a la sumisión a las autoridades que imponen estas normas (la sumisión autoritaria). Ante estas inseguridades el individuo desarrolla mecanismos de defensa del ego que se observan en la persona, cuando esta evita la auto-referencia de la ansiedad produciendo un impulso del ello,es decir, proyectando estos mecanismos sobre los colectivos “inferiores” de la cultura dada (proyectividad), mediante una intolerancia basada en creencias conservadoras (el poder altamente evaluativo y duro) y rígidas (estereotipadas). Además, el individuo crea una visión cínica de la humanidad y establece una dependencia de la fuerza y la ​​resistencia que es el resultado de las ansiedades producidas por fallas percibidas en las normas convencionales de la sociedad (la destructividad y el cinismo). Otras características propias de este tipo de personalidad, se basan en una tendencia general a centrarse en aquellos que violan los valores convencionales, y como resultado actúan con dureza hacia ellos (la agresión autoritaria), establecen una oposición general a las tendencias subjetivas y creativas (anti-intracepción), también presentan cierta tendencia a creer en la determinación mística ( superstición) y, por último, desarrollan una preocupación exagerada con la promiscuidad.

En lo que respecta al desarrollo del niño, la formación del tipo autoritario se produce en los primeros años de la vida de la persona, en forma potencialmente influenciada por la conducta de los padres y la estructura familiar. “Explotación autoritaria jerárquica”3 Esto explica que las relaciones entre padres e hijos pueden dar lugar a este tipo de personalidad, sobre todo bajo la influencia de padres que tienen una necesidad de dominación, y por ello, dominan, amenazan al niño con dureza y exigen obediencia a los comportamientos convencionales. Este comportamiento hacia el niño suele repercutir y fomentar en el desarrollo de las características de esta personalidad. Además, los padres que tienen una preocupación por la situación social, comunican al niño estas preocupaciones en términos de reglas rígidas y externalizadas. En consecuencia, el niño termina por sufrir y reprime sus sentimientos de resentimiento y agresión hacia los padres, que son en cambio, idealizados con reverencia.

Ante esta teoría, Alfred Adler proporciona otra perspectiva, que une la “voluntad de poder sobre los demás” como un rasgo neurótico centralizado, que por lo general surge como un agresivo exceso de compensación por los sentimientos percibidos y por un intento contrarrestar el miedo a los sentimientos de inferioridad e insignificancia. De acuerdo con este punto de vista, el individuo autoritario tiene la necesidad de mantener el control y demostrar superioridad sobre los demás, añadiendo la creación de una visión del mundo poblado por enemigos que caracteriza de vacíos de igualdad, empatía y preocupados exclusivamente por su propio beneficio.

Referencias
Adorno, T. W., Frenkel-Brunswik, E., Levinson, D.J., Sanford, R. N. (1950). The Authoritarian Personality.
Volver arriba ↑ Baars, J. & Scheepers, P. (1993). “Theoretical and methodological foundations of the authoritarian personality”. Journal of the History of the Behavioral Sciences, 29, pp. 345-353.
Volver arriba ↑ (Adorno et al., 1950, pp 482-484)
Volver arriba ↑ Kreml, William P. (1977). The anti-authoritarian personality. Oxford; New York: Pergamon