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Riqueza

Riqueza

En términos transaccionales entendemos a la riqueza es el conjunto de bienes capaces de satisfacer necesidades. En términos más exactos el concepto de riqueza debe incluir también los derechos sobre servicios de que dispone una persona o institución. La riqueza de un individuo comprende todos los bienes que posee y los otros activos de que pueda disponer: ahorros, derechos sobre inversiones, sobre patentes o propiedad intelectual, etc. La riqueza de un país está constituida por la suma de la riqueza de los individuos -después de cancelar las deudas que tengan entre sí- más la riqueza colectiva, conformada por el conjunto de los bienes públicos existentes y los otros activos de propiedad pública.

Es la abundancia de recursos valuables, posesiones materiales o el control de tales activos, por lo general concretados en forma de dinero y propiedades (bienes muebles y sobre todo inmuebles). Puede estudiarse desde el punto de vista antropológico, sociológico, económico o incluso moral

El análisis del concepto de riqueza -qué es, de dónde proviene, cómo se incrementa- ha sido central en la historia de la economía como ciencia. Del mismo partió Adam Smith en su obra fundacional, La Riqueza de las Naciones, y de allí se originaron las discusiones sobre la teoría del valor, sobre el crecimiento económico y sobre la importancia del mercado que dieron forma a la economía política clásica.

La Enciclopedia de economía define riqueza como “el conjunto de bienes, derechos y obligaciones de una persona física o jurídica, privada o pública” y la “suma algebraica de los valores de todos los elementos que forman parte de este conjunto”. La suma de los valores de los bienes y derechos constituye la riqueza bruta. La riqueza neta viene dada por la diferencia entre la riqueza bruta y el valor de las deudas. El término riqueza se suele utilizar como sinónimo de patrimonio, capital o hacienda. La riqueza produce renta y la renta incrementa la riqueza. El concepto de riqueza es estático, pues viene definida con referencia a una fecha o momento determinado en el tiempo, mientras que el de renta es dinámico (incremento o decremento de riqueza entre dos fechas diferentes). El concepto de riqueza se corresponde con el de stock o “fondo”, y el de renta con el de flow o “flujo”, esto es, la cantidad de disponibilidades líquidas utilizadas en una determinada actividad.

El reparto de la riqueza ha sido motivo de reflexión por algunos pensadores de la Antigüedad. Para Platón, la riqueza debía ser distribuida de forma igualitaria, mientras que para su discípulo Aristóteles debía serlo proporcionalmente al esfuerzo de cada uno. Al introducir la noción crematística, Aristóteles condenó la práctica de acumular la riqueza por ella misma y no con otro fin que el placer personal.

En la Edad Media, santo Tomás de Aquino buscó reconciliar el pensamiento de Aristóteles con la doctrina cristiana, y desarrolló el pensamiento de la Escolástica, para la cual prestar dinero con interés era entregarse al pecado mortal de la codicia o avaricia, uno de los siete pecados capitales (el séptimo y décimo de los Diez mandamientos condenan dos veces la codicia), por lo cual se dejaba esta ocupación a personas de otras creencias, judíos principalmente.

Desde el siglo XVI hasta mediados del siglo XVIII la doctrina económica dominante fue la del Mercantilismo, para la cual el enriquecimiento de los estados-naciones en principio derivaba del comercio y la industrialización o elaboración de manufacturas, y no del oro, plata, perlas, esmeraldas y otras piedras preciosas importados de las colonias (Bullionismo, desarrollado sobre todo en España y Portugal).

En la segunda mitad del siglo XVIII, Adam Smith, fundador de la escuela clásica de economía o liberalismo, realizó una crítica del mercantilismo y en particular del bullionismo, negando al oro y a la plata su valor de medida principal de la riqueza y subrayando que se trata en principio de un tipo de riqueza primitiva. Explicó que el origen de la riqueza de las naciones deriva del trabajo humano (concepto de la división del trabajo), de la acumulación de capital y de la valoración de los mercados. No consideraba entonces que el trabajo pudiera llegar a ser enteramente inhumano o realizado por máquinas.

Después, la producción de riqueza se vinculó a la noción de los factores de producción, que son esencialmente el capital y el trabajo.

Otros tipos de riquezas son la riqueza espiritual (“Juan es pobre, pero feliz: tiene una riqueza interior envidiable”) o la riqueza relativa de cualquier cosa (“Es un escritor excelente ya que tiene una gran riqueza de expresión”), las cuales resultan aún más difíciles de determinar y medir que la material, ya que dependen de la percepción y la cultura de cada individuo en particular.

Suele asociarse a la felicidad cuando esta se alcanza sin necesidad de enfocar en los bienes materiales. La abundancia económica no priva a una persona de su plenitud a nivel sentimental, pero tampoco puede proporcionársela; por otro lado, sentirse bien con uno mismo puede abrir muchas puertas en el terreno laboral.

La riqueza espiritual
Para cada persona, la riqueza espiritual puede tener un significado muy diferente, o al menos mostrar ciertos matices que vuelvan único cada caso. Por ejemplo, es muy común que en nuestra sociedad se exalte el rol de la madre como figura indispensable para nuestro desarrollo, y muchos pueden asegurar que se sienten ricos si ven a su madre sonreír. Sin embargo, no todos cuentan con esa figura en su vida, sea porque nunca la han conocido, porque falleció o porque represente para ellos su peor pesadilla (como ocurre en ciertas historias de abuso infantil).

Esto hace que nadie pueda determinar si una persona goza de riqueza interior o no a menos que se cuente con un conocimiento muy profundo de su historia y de su plano sentimental para saber cuáles son sus necesidades, sus miedos, sus ambiciones a nivel emocional. Muchas veces, cabe la aclaración, uno mismo no es capaz de discernir con claridad qué espera de la vida, qué falta en su entorno para alcanzar la felicidad.

Otra característica que distingue esta acepción abstracta de la riqueza de la material es que, dado que no es tangible, es imposible de destruir o de sustraer. La abundancia económica puede acabarse tras una mala inversión o un robo, entre otras tantas situaciones desafortunadas; pero un recuerdo que despierta en nosotros un sentimiento cálido, que nos brinda felicidad repetida e indefectiblemente cada vez que lo evocamos, es nuestro para siempre, nadie puede arrebatárnoslo.

¿Cuál es el valor que se revela con la riqueza?
El sitio de Metainteligencia dice: “El significado se encuentra en el descubrimiento del sentido de nuestro aporte único e irrepetible. No es posible conocer el sentido de nuestro aporte – dimensión de la máxima motivación en el quehacer diario – sin el conocimiento veraz de uno mismo. Encontrar el sentido de nuestro aporte puede vivirse como un imposible si convivimos con una versión distorsionada acerca de nuestra identidad. El sentido de aporte personal es el que maximiza todo potencial humano y este potencial es riqueza pura.Anímate a traerlo al mundo!”

Compilado por Fabián Sorrentino | Fuentes: Wikipedia y Definicion.de