Pages Menu
RssFacebook
Categories Menu
Sistema Circulatorio y Linfático

Sistema Circulatorio y Linfático

El aparato circulatorio o sistema circulatorio es la estructura anatómica compuesta por el sistema cardiovascular que conduce y hace circular la sangre, y por el sistema linfático que conduce la linfa unidireccionalmente hacia el corazón.

¿Por qué ubicamos este sistema en el Nivel 1 del Modelo?
Como ya has visto desde el Nivel anterior, hemos desarrollado diferentes competencias que tienen que ver con la responsabilidad y el compromiso que asumimos para con nuestra propia vida: soltar enojos, reconocer y liderar emociones, estados de ánimo, paradigmas, reconocer que hoy somos lo que somos gracias a la suma de elecciones que hicimos en el pasado, comprometernos con nuestro presente y futuro, entre otros temas. Como diría Jean Paul Sartre: “somos lo que hacemos con lo que hicieron de nosotros”.

El sistema Circulatorio es el que conduce y hace circular la sangre, como el sistema linfático, el que conduce la linfa.

En el ser humano, el sistema cardiovascular está formado por el corazón, los vasos sanguíneos (arterias,venas y capilares) y la sangre, y el sistema linfático que está compuesto por los vasos linfáticos, los ganglios, los órganos linfáticos (el bazo y el timo), la médula ósea , los tejidos linfáticos (como la amígdala y las placas de Peyer) y la linfa.

La sangre es un tipo de tejido conjuntivo fluido especializado, con una matriz coloidallíquida, una constitución compleja y de un color rojo característico.

sistema-circulatorio-1

Ampliar para ver sus Partes

Tiene una fase sólida (elementos formes), que incluye a los leucocitos (o glóbulos blancos), loseritrocitos (o glóbulos rojos) , las plaquetas y una fase líquida, representada por elplasma sanguíneo.

Su función principal es la de pasar nutrientes (tales como aminoácidos, electrolitos y linfa), gases, hormonas, células sanguíneas, etc. a las células del cuerpo, así como ayudar a combatir enfermedades, estabilizar la temperatura del cuerpo y el pH para poder mantener la homeostasis. Todas acciones importantes para que podamos abordar las Competencias del Nivel 1 en equilibrio.

Por su parte el sistema linfático es el que realiza acciones en favor de la limpieza y la defensa del cuerpo trabajando alineado a las funciones del sistema excretor que vimos en el Nivel anterior. Recordemos que el Nivel 1 es el que sobreviene de los niveles negativos y el nivel 0.

El Linfático está considerado como parte del sistema circulatorio porque está formado por conductos parecidos a los vasos capilares, que transportan un líquido que proviene de la sangre y regresa a ella. Este sistema constituye por tanto la 2da red de transporte de líquidos corporales.

El sistema linfático cumple 4 funciones básicas:
* El mantenimiento del equilibrio (alineamiento) osmolar en el “tercer espacio”.

* Contribuye a la base del sistema inmunitario (las defensas del organismo) que veremos en el nivel 7.

* Recolecta el quilo a partir del contenido intestinal, un producto que tiene un elevado contenido en grasas.

* Controla la concentración de proteínas en el intersticio, el volumen del líquido intersticial y su presión.

Consultando diferentes autores, tanto de psicología, medicina tradicional, salud holística, como de terapias alternativas, hemos recopilado el siguiente aprendizaje:

La circulación de la sangre por nuestro cuerpo se relaciona con la alegría, el júbilo y el disfrute que son propios del nivel 7.  Recordemos que el Nivel 1 visto en un espiral es el que recomienza de un nivel 7 anterior.

Ahora, veamos algunas palabras clave que nos propone la autora Alicia López Blanco, del libro “¿Por qué nos enfermamos?”, sobre el sistema circulatorio: movimiento, vitalidad, entusiasmo y fluidez. O sea que al examinar alguna disfuncionalidad o desequilibrio en éste sistema, proponemos utilizar estos temas como marco y contexto general de la interpretación.

Las disfunciones del sistema circulatorio provocan enfermedades tan comunes como el colesterol, la diabetes, la presión alta o baja; o problemas más complejos como los ataques cardíacos, los coágulos, hemorragias, o la anemia crónica. Estos signos están relacionados directamente con la falta de alineamiento no resuelta del pasado, acarreadas de los niveles negativos: frustraciones, derrotismo, carencia de amor y el miedo al devenir de la vida (manifestado a través de múltiples disfunciones).

La sangre, como contrapartida, simboliza la vida. Es el sustentador material de nuestra expresión como individuos. Es el jugo que da vida a la vida.
Cada gota de sangre contiene a todo el individuo, de ahí la gran importancia de la sangre en la magia. Por eso basta una gota de sangre para hacer un diagnóstico completo.

La presión sanguínea es expresión de la dinámica del compromiso humano. Se deriva de la interacción del fluido sanguíneo y las paredes de los vasos que lo contienen.

Al considerar la presión sanguínea no debemos perder de vista estos dos componentes antagónicos: por un lado el líquido que corre y, por el otro, las paredes de los vasos que los contiene. Si la sangre refleja el compromiso del ser con la vida, las paredes de los vasos representan las fronteras a las que se orienta el desarrollo de la personalidad, y la resistencia que se opone al desarrollo.

Un hipotenso (en estos términos) no desafía en absoluto estas fronteras. No trata de cruzarlas sino que rehúye toda resistencia: nunca va hasta el límite. Si tropieza con un conflicto, se retira rápidamente, y así se retira también la sangre, hasta que la persona desmaya. Por lo tanto esta persona renuncia a su poder (aparentemente); él y su sangre se retiran y dimiten de su responsabilidad. Al desmayar, el individuo pierde el conocimiento, se retira hacia lo desconocido y se desentiende de los problemas: ausentándose.

El hipotenso, literalmente evade, por falta de ánimo y de valor. Se desentiende de todo desafío, y los que están a su alrededor le sostienen las piernas en alto, para que la sangre fluya a la cabeza, centro de poder, y él recupere el conocimiento y pueda asumir su responsabilidad. La sexualidad es uno de los temas que el hipotenso rehúye, pues la sexualidad depende en gran medida de la presión sanguínea.

También nos encontramos con la anemia (o falta de hierro en sangre). Esta indica la negativa a absorber la parte de energía vital que a uno le corresponde y convertirla en poder de acción. La enfermedad es el pretexto para la pasividad. Hay falta de entusiasmo, y el mismo signo nos reclama un mayor compromiso con la vida.

El polo opuesto a la hipotensión es la hipertensión. Por experimentos realizados, se sabe que la aceleración del pulso y el aumento de la presión sanguínea no se producen únicamente como resultado de un incremento del esfuerzo corporal sino ya con la sola idea. La presión también aumenta cuando, por ejemplo, en una conversación se plantea un conflicto que le afecta, pero vuelve a bajar cuando la persona habla del problema, es decir lo traslada al terreno verbal. Cuando por la constante imaginación de una acción, la circulación se acelera sin que esta acción llegue a transformarse en actividad, es decir, se descargue, se produce una “presión permanente”.

Por lo tanto es evidente que el hipertenso se mantiene constantemente al borde del conflicto, pero sin aportar una solución. Tiene un conflicto, pero no lo confronta. Además la hipertensión es indicio de agresividad reprimida. El individuo llama a esta actitud autodominio. El impulso agresivo provoca un aumento de presión y de autodominio, la contracción de los vasos. La agresividad reprimida conduce al infarto. Esta acumulación de energía se descarga por el infarto del miocardio: le rompe el corazón. El ataque al corazón es la suma de todos los ataques no lanzados.

Hemos visto hasta aquí como diferentes tácticas de rehuir los conflictos tocan el dominio del cuerpo. Que disfunciones se manifiestan a través de este sistema, al no hacernos cargo de nosotros mismos. La pregunta que nos hacemos, a la luz del Nivel 1 es: ¿son estos conflictos? ¿O nos estamos relacionando con nuestra responsabilidad y compromiso de manera conflictiva?

corazon

El Corazón
El palpitar del corazón es un proceso relativamente autónomo. El ritmo cardíaco imita el ritmo respiratorio, el cual sí es susceptible de alteración voluntaria. Cuando por las llamadas arritmias el corazón se encalla o se desboca, ello manifiesta una perturbación del orden y el desfase respecto al esquema normal.

El corazón es símbolo de un centro del individuo que no está regido ni por la voluntad ni por el intelecto. Una emoción es algo que el individuo saca de sí, un movimiento de dentro a afuera (latín emovere, mover hacia afuera). Pero el corazón no es sólo un centro, sino el centro del cuerpo. Está exactamente en el lugar que uno toca cuando se señala a sí mismo.

También podemos decir que un ser humano tiene dos centros, uno arriba y otro abajo: cabeza y corazón, entendimiento y sentimiento. De una persona completada esperamos que disponga de ambas funciones y que las tenga en armónico equilibrio. Hemos visto como las emociones perturban el ritmo cardíaco, y lo mismo ocurre con las perturbaciones patológicas. Sólo que aquí la emoción que las provoca no se advierte. Y éste es el problema: las perturbaciones afectan a las personas que no se dejan desviar de su camino por “simples emociones”. Y el corazón se altera porque el ser humano no se atreve a dejarse alterar por las emociones. El individuo se aferra a la razón y a la norma y no está dispuesto a que los sentimientos ocupen su espacio. En estos casos la emoción pasa al terreno somático y uno empieza a padecer trastornos cardíacos y tiene que auscultar su corazón literalmente.

Normalmente no percibimos los latidos del corazón: sólo una emoción o un signo de enfermedad nos hacen sentirlos. Aquí tenemos la clave para la comprensión de todos los signos cardíacos: son signos que obligan al individuo a escuchar su corazón. Los enfermos cardíacos son personas que sólo quieren escuchar a la cabeza y dejan en su vida muy poco espacio para el corazón. Todo esto da cuenta de que, cuando el corazón se enferma, lo que está enferma es la capacidad de sentir, sea esto llevado tanto hacia el extremo de los excesos como hacia el de las diferencias, esto es sentir demasiado o tener dificultades para conectarse con los sentimientos y las emociones.

Veamos la angina de pecho. Los vasos que llevan la sangre al corazón se han endurecido y estrechado y el corazón no recibe suficiente alimento… todo el mundo sabe lo que significa un “corazón de piedra”. Angina equivale a angostura, por lo tanto, en este caso es estrechez de corazón. El que tiene un corazón estrecho es víctima de las fuerzas del ego y de sus ansias de poder.

Como vimos anteriormente, la agresividad reprimida conduce al infarto. Esta acumulación de energía se descarga por el infarto del miocardio: le rompe el corazón. Como dijimos anteriormente, el ataque al corazón es la suma de todos los ataques no lanzados. En el infarto, el individuo comprueba que la sobrevaloración de las fuerzas del ego y el dominio de la voluntad nos aíslan de la corriente de la vida. ¡Sólo un corazón duro puede quebrarse!

Relacionado a los signos cardíacos expresados te preguntamos:
1 – ¿Tienes la cabeza y el corazón, el entendimiento y el sentimiento en equilibrio? ¿Cómo metaforizarías ese equilibrio?

2 – ¿Cuánto estás permitiendo que tus emociones fluyan y cómo las exteriorizas?

3 – ¿Cómo (de que formas, a través de que acciones) estás expresando tu amor a los seres más cercanos?

4 – ¿Con que palabras definirías el ritmo de tu vida? Fundaméntalo.


Nota Relacionada:

Debilidad de los Tejidos Conjuntivos

Este trabajo fue compilado por Fernando Gasparoni y Fabián Sorrentino.

Bibliografía Consultada:
– La Enfermedad como Camino, de T. Dethlefsen y R. Dahlke (Sudamericana 2004).
– Obedece a Tu Cuerpo, Amate. De Lise Bourbeau
– La Enfermedad como Símbolo, de R. Dahlke (Robin Book 2002).
– ¿Por qué nos Enfermamos?, de Alicia López Blanco (Paidos 2008).
– Le Grand dictionnaire des malaises et des maladies “El gran diccionario de las dolencias y enfermedades”, de Jacques Martel (Quintessence).
– Usted Puede Sanar su Vida,de Louise Hay (Urano 1992).