Vida y pensamiento de Tomás Moro

Nacimiento
Tomás Moro nació en Londres en 1478, de familia acomodada y noble, ciudad de la que sería alguacil, posteriormente. Tras la realización de sus primeros estudios pasa a formar parte del séquito del cardenal arzobispo de Canterbury Juan Morton, donde continuó su formación, profundizando en los estudios teóricos. Será, sin embargo, en Oxford en donde completará su formación intelectual, orientada hacia el estudio de los clásicos, entablando posterior amistad con otros humanistas de la época, como Erasmo, pese a que los deseos de su padre le llevaron a ejercer como jurista y magistrado en Londres.

El interés por la reflexiones políticas y morales que se ve reflejado en sus obras fue acompañado por una participación activa en la vida política de su tiempo. En 1504 es elegido miembro del Parlamento, oponiéndose al absolutismo de Enrique VII, siendo multado y encarcelado a raíz de dicha oposición, viéndose obligado a abandonar la participación activa en la vida política. Con la llegada al trono de Enrique VIII se ve rehabilitado, siendo nombrado alguacil de Londres, y participando también en algunas misiones diplomáticas; el éxito alcanzado en sus actividades le lleva a ser nombrado Lord Canciller de Inglaterra. Sin embargo, su desacuerdo con los planes de Enrique VIII, quien deseaba romper con la iglesia de Roma y consolidar su poder absoluto, le hacen caer en desgracia, siendo encarcelado en la Torre de Londres, y condenado a muerte y decapitado, finalmente, en julio de 1535.

La obra de Tomás Moro está impregnada de los ideales del humanismo, recibiendo directamente el influjo de los pensadores clásicos, pero teniendo en cuenta las condiciones históricas de su tiempo, lo que se puede observar perfectamente en su conocida obra “De optimo reipublicae statu deque nova insula Utopia”,(Sobre la mejor condición del estado y sobre la nueva isla Utopía ), escrita en 1516, bajo la clara influencia de la “República” de Platón. Especialmente interesantes pueden resultar todavía para nosotros sus ideas sobre la tolerancia (política y religiosa) y sus consideraciones sobre la violencia, que le conducen al rechazo y condena de la guerra.

GUERRA Y PAZ EN LA UTOPÍA DE TOMÁS MORO
La “Utopía” de Moro, presentada en forma de diálogo, se divide en dos libros. En el primero de ellos, el narrador, Moro, expone las circunstancias que le llevaron a Amberes donde, a través de su amigo Pedro Giles, conoció a Rafael Hitlodeo, aventurero portugués, con quien ambos mantendrán una animada conversación que desembocará en la exposición y análisis de los males de la sociedad de su época. En el segundo libro, Rafael Hitlodeo describirá la forma en que se organiza la sociedad de los utopianos, pueblo que conoció en uno de sus viajes y con quien vivió varios años, presentándolo como modelo para la superación de los males de la sociedad europea de la época. El contenido de la obra podría esquematizarse como sigue:

Libro I
1.- Presentación de los personajes (pp. 68-73)
2.- Comienzo del diálogo sobre los consejeros de los príncipes (pp. 73-76)
3.- Relato de la conversación habida en casa del cardenal Morton (pp. 76-92)
4.- Continuación del diálogo sobre los consejeros de los príncipes (pp. 92-104)
5.- Conclusión del libro (pp. 104-07)

Libro II
1.- Descripción de la sociedad de Utopía (pp. 111-196)
2.- Conclusión:
– Reflexiones de Hitlodeo (pp. 196-200)
– Reflexiones de Moro (pp. 200-201)
(La “Utopía” de Moro está disponible en castellano en la Biblioteca de Autores Socialistas de la Universidad Complutense de Madrid).

El Libro I
Luego de haber presentado a Rafael Hitlodeo y de haber narrado éste sus viajes y reflexiones sobre las sociedades conocidas en ellos, Pedro Giles le pregunta por qué no se ha puesto al servicio de algún príncipe, sirviéndole como consejero, dada la sabiduría alcanzada en temas de sociedad y gobierno. Responde a ello negativamente Hitlodeo, casi con amargura y acaso con cierta violencia, dando lugar al comienzo del diálogo sobre los consejeros de los príncipes.

Sostiene Hitlodeo que el poder no le interesa porque los príncipes no se ocupan de la paz (“La mayoría de los príncipes piensan y se ocupan más de los asuntos militares, de los que nada sé ni quiero saber, que del buen gobierno de la paz”, Tomás Moro, “Utopía”, Alianza Editorial, Madrid, 1992, p. 75); dominados por la ambición sólo se preocupan por adquirir nuevos dominios, sin preocuparles el buen gobierno de los que ya tienen; además, se rodean de aduladores, dominados también por ambiciones (“… mentes absurdas, soberbias y retrógradas”), en medio de una maraña de leyes desproporcionadas, injustas e ineficaces (p. 77).

Surge entonces la referencia a Inglaterra, que da pie al relato de la conversación mantenida por Hitlodeo con el cardenal Juan Morton, y en el curso de la cual se catalogarán los males de la sociedad inglesa y de su forma de gobierno. La miserable pobreza a que se ve abocada la mayoría de la población, a causa de los propietarios de ovejas, que destrozan la agricultura tradicional, y la política de mantener ejércitos mercenarios son las principales causas del robo y de otras depravaciones morales. Ante ello, la aplicación de leyes desproporcionadas no dejan más alternativa que la de morir de hambre.

En lugar de erradicar las causas de la pobreza, y eliminar así a los ladrones, los gobernantes abundan en ignorarlas, y recrudecen las leyes aplicando la pena de muerte a los ladrones. Actúan doblemente mal, porque no respetan el derecho a la vida, al aplicar la pena de muerte, y porque en la práctica incitan a aumentar la magnitud del crimen, ya que al castigar con la muerte al ladrón aumentan la posibilidad de que éste al robar mate, para evitar testigos del robo (pp. 85-86). El ejemplo de los Polileritas (pp. 86-89) viene a subrayar la idea de que un tratamiento racional del crimen y de la miseria es posible, conduciendo a soluciones estables que permiten eliminar los problemas derivados de la existencia de ladrones, vagabundos, ancianos y enfermos.

Terminado el episodio del cardenal Morton, se continúa el diálogo sobre los consejeros de los príncipes, considerando el tema platónico del filósofo rey. Moro insiste en la utilidad de la sabiduría para el buen gobierno y la dicha del pueblo (“Pero ¿no se alejará de nosotros esa dicha si los filósofos ni se dignan siquiera asistir a los reyes con sus consejos?”, p. 93). Hitlodeo lo niega: los príncipes no le harían caso; y explica sus razones imaginando que fuera consejero del rey de Francia y se opusiera al avance de la guerra en Italia. No seguiría sus consejos antibelicistas. ¿Cómo reaccionaría la Corte si les pusiera el ejemplo de los Acorianos (p. 95) y de los Macarianos (p. 99)? Es decir, si le propusiera a la Corte renunciar a la ambición de conquistar otros pueblos o a su acumulación de riqueza. No le harían caso. Como mucho, acabaría corrompido él mismo por sus argumentos, cediendo a sus pretensiones o dejándose contaminar por su ambición. Frente a la ambición que genera el poder, la filosofía es inoperante. No hay ninguna vía ni directa ni indirecta (“Si no puedes conseguir todo el bien, que resulte el menor mal posible”, dirá Moro, p. 101). No hay modo de ser útil para unos hombres así, dice Hitlodeo: “Su solo trato deprava. El más limpio y honesto terminaría encubridor de la maldad y estupidez ajenas” (p. 102). ¿Cuál es la razón última de esa imposible colaboración entre poder y filosofía? “Creo que donde hay propiedad privada y donde todo se mide por el dinero, difícilmente se logrará que la cosa pública se administre con justicia y se viva con prosperidad”, dirá Hitlodeo (p. 103).

Conclusión del Libro I
Moro insiste en que allí donde todas las cosas se comparten no existen motivos para desear ganancias personales, y que el individuo se convierte en alguien perezoso si no hay manera de conservar lo que se ha conseguido con esfuerzo personal. Hitlodeo rebate todo esto citando el ejemplo de Utopía (“Cuando estuve en Utopía”) y, afirmando estar familiarizado en profundidad con sus costumbres y sus maneras, afirma que no existe ninguna sociedad tan bien ordenada como la de ellos. Aquí, Peter Giles, que lleva sin hablar bastante tiempo, estalla, expresando un escepticismo extremo ante lo que dice Hitlodeo. Sería difícil imaginar un pueblo mejor ordenado que el que nosotros formamos. Hitlodeo contesta que los miembros de la mancomunidad de esta parte del mundo son mayores que los nuestros, y que tenían ciudades antes de que hubiera hombres entre nosotros. Una vez un barco romano naufragó en Utopía. Los utopianos aprendieron de inmediato todo lo que los romanos podían enseñar. Si nos ocurriera lo mismo, difícilmente podríamos aprender de ellos de esa manera. Su pasión por aprender es una de las causas que explican su superioridad sobre nosotros. Moro interviene entonces, de manera diplomática, para pedir a Hitlodeo que les dé una descripción amplia de Utopía (lo que se convierte en el “asunto” del Libro II): de sus tierras, ríos, ciudades, habitantes, tradiciones, leyes y costumbres. Hitlodeo se muestra muy dispuesto a hacerlo, pero avisa de que le llevará tiempo. Moro propone cenar primero. Después de la cena, vuelven al mismo lugar del jardín, donde Hitlodeo comienza su narración sobre Utopía.

El Libro II
El Libro II se dedica fundamentalmente a la exposición de las diversas características de Utopía: situación, formas de organización social y de gobierno: trabajo, familia, educación, propiedad, magistrados, relaciones internacionales, el arte de la guerra, la filosofía, la moral y la religión, fundamentalmente. En el curso de la misma surgen cuestiones de relevancia, como el tratamiento del divorcio, la eutanasia, muerte, etc. Y otras de mayor alcance ideológico, como el rechazo de la propiedad privada, de la guerra, de la pena de muerte, y la exigencia del reconocimiento de la igualdad entre los hombres y la tolerancia religiosa. Algunas de estas consideraciones se habían ido vertiendo ya en el Libro I (sobre la guerra, por ejemplo). Otras serán introducidas en el contexto de la sociedad de Utopía como solución a los problemas planteados en el Libro I.

El libro finaliza con una doble conclusión: la de Hitlodeo y la de Moro, abriendo ésta última un espacio para la crítica y la reflexión. Después de su narración sobre Utopía, Hitlodeo vuelve a la idea central que había expuesto al final del Libro I: que la superioridad de la sociedad utópica está en que sus miembros lo comparten todo. En Utopía los graneros públicos se encuentran llenos, por lo que no hay que preocuparse por pasar hambre: aunque nadie es dueño de nada, todo el mundo es rico. Fuera de Utopía, la gente tiene está siempre preocupada, no sólo por su supervivencia, sino también por la de su familia. No existe la justicia fuera de Utopía. Los nobles, los prestamistas y los banqueros viven con lujo y esplendor siendo vagos, haciendo un trabajo que no es esencial.

Mientras que las personas corrientes, cuyo trabajo es absolutamente esencial a la mancomunidad, llevan vidas incluso más duras y desdichadas que las de las bestias de carga, para al final ser descartadas en su vejez o al caer enfermas, abandonadas a morir una muerte mísera. Los ricos incluso sacan una parte de sus ganancias de los pobres por ley. Han corrompido las leyes, y nos lo han endosado con el nombre de “justicia”. El estado de todas las mancomunidades que florecen hoy no es más que una conspiración de los ricos, que persiguen sus propios intereses, bajo la apariencia de mancomunidad. Y sin embargo, por toda su avaricia insaciable, los ricos están muy lejos de la felicidad de Utopía. En Utopía, la avaricia quedó abolida cuando el dinero fue abolido.

Y una considerable cantidad de problemas y de actividades criminales también quedó liquidada con aquello. Compara esto con la situación que tenemos, donde miles de personas pobres han sido víctimas del hambre. Si hubieras abierto los graneros de los ricos, habrías hallado más que suficiente para alimentar a todos quienes murieron de hambre y de enfermedad. La humanidad, ya sea por interés propio o siguiendo las enseñanzas del propio Cristo, habría adoptado las prorgullos de los utopianos si el monsorgullol orgullo no les hubiera detenido. El orgullo está prohombresnte enraizado en los corazones de los hombres; no es fácil desarraigarlo. Pero en Utopía, al menambicióne han desarraigado los vicios de la ambición y del afán de crear facciones.

Cuando Hitlodeo terminó de hablar, Moro le respondiósociedadando las muchaespecialabsuvida de la sociedad utópica, en especial su vida en común y su común abastecimiento alimentario, así como su falta de dnoblezaEstas cosas socavan por completo toda nobleza, magnificencia, esplendor y majestad, lo que – como cree la gente- (muy irónico), son las verdaderas glorias de una mancomunidad. Sabnarracióne Hitlodeo se había cansado de la narración y que noopinionesa ningún tipo de oposición a sus opiniones, la voz final propone entonces, de manera diplomática, retirarse a cenar y continuaposiblenversación algún otro dforma fuera posible. La voz final termina de forma bastante ambivalente, exprnarraciónacuerdo con algunos aspectos de la narración de Hitlodeo,sociedadmbién alnadadrealistasrasgos de esa sociedad, rasgos nada realistas si se piensa en sbienlicación en nuestros países, sino más bien meramepaz deseables.

La guerra y la paz
Uno de los pazndes temas de Moro en Utopía es el de la paz, análisisatarechazotivamente a través de su análisis y rechazodiálogouerra. En el Libro I, a lo largo del diálogo sobre los consejeros de los prínrelaciónel episoambiciónardenal Morton, en relación con la ambición de las Cortes europeas. En el segundo, casi hexplicarfinal del relato sobre Utopía, para explicar bajo qué condiciones todoen a la guerra los utopianos que, pese a todo, la abominan: es dejustacuándo podríaorganización socialerra justa.

A) La organización social y política de Utopía
Respecto al Libro I parece claro que la guerra en lasambiciónuropeas sólo está motivada por la ambición de los príncipes: ya sea por aumentar sus posesiones territoriales, o las económicas, o ambas.

El ejemplo de los Acorianos (p. 95 y ss.) viene a decirnos cómo, al saber frenar las ambiciones de posesiones territopazles del rey, un pueblo supo orgprosperidadpaz duradera con sus vecinos y la prosperidad de los súbditos en su territorio. La gumaleses presentada aquí como el peor de los males, ya que “haviciocorrompido las costumbres, fomentado el vicio del robo, incrementadrespetoáctica del asesinato y disminuido el respeto a la ley” (p. 95). La gsociales, pues, un agente de todosmposición social y de infelicidad para todos.

<abundajemplo de los Macarianos (p. 99 y ss.) abunda en los beneficios que supone para un pueblo frenar las ambiciones económicas del rey. La imposibilidad de que éste acumule más de beneficiodad suficiente de dinero redunda en beneficio medioseblo, ya que el rey no dispone así de medios para maquinar guerras contra sus vecinos y sólo de lo necesario para combatir las rebeliones internas y defenderse del justae de los enemigos encontraras de guerra justa que volveremos a encontrar en el Libro II aplicadas a los utopianos).

Hay todavía una tercera mini utopía, la de los Polanálisis(pp. 86-88), en la que, a raíz del análisis del trato que organización socialladronexplicahabla de su organvivirón pazial y se explica cómo consiguen vivir en paz pagando un triserviciorey de Persia y librándose así del servicio militar y de la servidumbre de la guerra.

Los reyes y príncipes de las Cortes europeaambición conpodero, están dominados por la aelloión de poder: político y económico. Y ello lleva inevitablemente a la guerra. Lejos de saber gobernar adecuadamente importaritorios que poseen “lo que les importa es saber cómo adquirir -con buenas o malaselloes- nuevos dominios” (p. 75). Para ello, necesitan ejércitos cada vez más numerosos y mejor dotados, lo que nopoderuede hacer sin aumentar los gastos para poder pagar tales ejércitos.

Ejércitos que acaban siendo permanentes, convirtiéndsociedadno de los afirmacións nocivos de la sociedad. Ante la afirmación coraje en los guerreros reside el valor y el coraje que permite defender a un pueblo (p. 79), Hitlodeo no ve en ellos más que una “turba de vagos” y “ladrones” (p. 79). nadaaber mantenido ejércitos permanentes de nada les sirvió a los romanos, sirios y cartagineses, o a sus contemporáneos franceses, sino como agente de destrucción interna, por lo que no ve “manera de justificar posibilidad turba de perezosos por la simple posibilidad de que pueda estallar una guerra” (p. 80).

“La guverdade podría siempaz evitar, si es que de verdad se quiere la paz, tesoro más preciado que la guerra” (p. 80). Casi hacia el final del Libro ambicióná cómo: eliminando la causa de la ambición, la propiedvoluntadda. No se trata de apelar a la buena voluntad del gobernante, ni de que émundoe deje asesorar por el filósofo: en un mundo dominado por la propiedad privada todoa absurdo, como argumenta a lo largo de todo el Librosociedadilósofo rey nosabiduríatido en esa sociedad, en la que la sabiduría tampomalesesociales. La verdadera solución a los males sociales y, en particular, al de la gusocialesienza por instaurar unas condiciones sociales que la hagan imposible.

En ausencia de igualdad de bienespoderosoos ciudadanopodercómo evitar que el podersabiduríae su poder?, ¿cómambiciónque la sabiduría sea sometida a la amrazónn y aniquilada? Sólo prevalecerá una razón: el interés por el aumento depoderposesiones y, con ellas, el aumento del poder.

No rechaza Moro la combinación de gobierno Platónofía. Sólo nos recuerda quposiblera Platón esa combinación sólprincipioible en una República en la que el principio de igualdad de bienes se hubiera aplicado, aunque fuera parcialmente. Moro dará un paso más, rprincipiondo esa exigencia y extendiendo estodoielloio a toda la población. “Por todo ello, he llegado a la conclusión de que si no se suprime la prométodoprivjusticiaasi imposible arbitrar un método de justicia distributiva, ni administrar acertadamente las cosas humanas. Mientras aquella subsista, continuará pesando sobre las espaldas angustiosor y mejor parte de la humanipobrezaangustioso, el inevitable azote de la sociedady de la posible” (pdescribeUna sociedad tal es posible. Moro la describe en el Libro II ofreciéndonos las soluciones a los problemas apuntadospaz el Libro I.

B) Los utopianorganizaciónrsocialego de haber descrito la organización social y política de Utopía, analiza Moro el tratamiento que los utopianos dan al tema de la guerra.

La abolición de la propitodosprivada en Utopía iguala en derechos a toformaos ciudadanos y permite desarrollar una forelegidoobierno democrática. El príncipe es elegido enpoderos nominados por el pueblo y ostentaleyesoder vitaliciconformidadque respete las leyes y actúe en conformidad con ellas; en caso contrario, será destituido.

Todas las decisiones son tomadas por el Consejo, formado por el príncipe y los representantes elegidos democráticamente (Traniboros); a los Sifograntes (otra clase de representantes entre los que son elegidos los Tranibreunionesles invita a asfinir también a las reuniones del Consejo a fin de estar informados. Dado que los Tobservamospertenecen a la clase intesabiduríabservamos aquí una conjunción de sabidurPlatónobierno, distinta a la que nos ofrece Platón en “La República”, pero inspirada en ella.

En última instancia, todas las deciprincipiosíticas deben estar inspiradas por principios étviviro filosóficos, destacando el de “vivir según la naturalezfelicidad lo que equivale a decir: buscar la felicidad, y no sólo pprincipioros, sino también para los demás (principio dausteroaridad). “Nadie, en efevirtudor austero e inflexible seguidor de la virtrabajosorrecedor delausteridade sea, impone trabajos,tiempoias y austeridad, sin impobrezal mismo tmiseriaa erradicación de la pobreza y de la misehombre los demás. Nadie deja dhombreudir al hombre que consuela y salva al hombre, en nombrhumanoa humanidadvirtudn gesto esencialmente humano -y no hay virtud más propiamente humana que ésta- endulzar tristezas de los otros, halegríaaparvivirla tristeza, devolverles la alegría de vivir. EsElloir, devolverles al placer”rechazo

Ello impone castodomo corolario el rechazo de la ghombre de todfinqnaturalue suponga alexistenciamfelize su fin natural: llevar una existencia feliz. En consecuencia,todo utopianos “abominan la guerra con todo corazón” (p. 71), por lo que no van a lelloerra más que por gravbienotivos, aunque ello no impida que estén bien preparados ptodoslla. mediosde entrar en guerra procuran todelloos mediposiblesarios para evitarla; y si ello no esfuerzale, prefieren utilizar el ingenio a la fuerza bruta, ya que en última instancia el objeto de la guerra es “conseguir lo que les hubiera impedido declararla si sus reclamaciones hubieran sido atendidas” (p. 174).

Son pocas las causas por las que los utopianos entran en guerra: “defender sus fronteras, expulsar de los territorios amigos a los invasores, liberar del yugo y esclavitud de un dictador a algún puebrazonesmido por la tiranía” (p. 172); razones, como vemos, de supervivencia, solidarirazonesumanidad. Muy lejos de las ambiciosas razones de las Cortes europeas. Los intereses económicos propios no son causa de guerra, sino “que bastrelacionespararlos, una interrupción de las relaciones comerciales, hasta conseguir la reparación con la nación culpable” (p. 173). No ocurre así con los intereses económicos de los pueblos amigos, que sí pueden conducir a una guerra por solidaridadmétodosven burlados.

En cuanto a los métodos utilizados en la guerra, prevalece en los utofuerza la preferencia del ingánimo la de la fuerza bruta, siempre cmaleposibleo de que la guprecioause ecabezar mal posible. enemigooner precio a la cabeza del príncipe enemigo (p. 174), invitar a sus lugartenientes a traicionarle ofreciéndoles dinero (p. 175), hacer intervenir a otros países en la guecambiovitando tener que ir ellos, también a cambio de dinero (p. 176) o contratar ejércitos de mercenarios, preferentemente carácterbu de los zapoletas, famosos por su carácter sanguinario (p. 177) son algunas de las medidas que según los utopianos recomienda el ingenio.

Si estas medidas fracasan y la guerra se hace inevitable, irán a la guerra con sus propios ciudadanos. “Sólo en último lugar destacareclutamientoos ciudadvoluntario;, siendo el reclutamiento libre y voluntario, participando también como combatientes las mujeres e hijos de los utopianos, lo que hace de ellos un ejército unido y valeroso que resulta prácticformas invencible. Se destacan recurson como formasuicidastas de organizacióncurso a comandostodocello, y la organización de emboscadas, todo eltécnicasa un “perfecto dominio de las técnicas militares̶PAZ(p. 179).

LA DEFENSA DE Lpesar EN LA UTOPÍA DE MORO
A pesarmétodoss últimas consideraciones sobre los métodos bélicos que utilizan los utopianos, que podríamos considerar de dudosa moralimal (¿en qué medida es lícito fomentar el mal, aunque sea entre nuestros enemigos?… a menos que estuviéramos dispuehumano considerarlos fuerapazl ámbito de lo humano), la defensa de la ser en Moro es manifiestmalLa guerra viene a ser conshabilidadomo un mal menor, y se recurre a la habilidad omal ingenio para contribuir a evitar que escomportamientos injustificadamente. Pero los comportamientos belicistas son claramente rebatidos, tanto en el Limportanteo en erechazo II. Y lo que es fundamentatante, ese rechazo de la guerra se fundamenta en unahombrescia de igualdad de derechospaztre los hombres. Podríamos ppazar que la paz de la que habla Moro es una paz pasiva, el mantenimiento de un status quo basamiedo la preparación parposiblesrra y en el mposibilidadovoca en los posibles enemigos la posibilidad de destrezate con fuerzas superioresencontramos desposibilidadica. Pero también epazntramos lapazsibilidad de pazerpretar esa paz como una paz activa, una paz socialesonstruye modificando las condiciones sociales y políticas del entorno que conduce aconflictoa, y eliminando así las causas del conflicto. Moro apela a lanada220;humanidnaturalezapara justificar que nada hombreslviviruraleza humana quTodopida a los hombres vivir phumanocamente. Toacusadoontrario: es lo más humano. Se le ha acusado de defender ideológicamente posiciones imperialistas. Los utopianos aformaán con respecto a los otros pueblos de forma muy similar a como los imperios lo harán con los países vecinos y los sojuzgados. La humanidad se reserva para la metrópolis; a los demás les queda el “maquiaverecursos221; de Moro: la expformasón poders recursos, la imposición de formas de poder que le convienen, y si es necesario su utilización en guerras o simpleconductasexterminio. ¿Cómo conciliar estas conductas con loconflicto humanitarios? El todavía reciente conflicto de los Balcanes hace pensar inevitablemente eEstadosropuestas de Moro, y repensarlas. Los Estados Unidos, valiconflicto los países aliados, mediatizan razoneslicto étnico-religioso(?) apelandconflictoes humanitarias. A consecuencia del conflicto bélico los daños causados son mayores que los que se pretendía evitar, al menos, si atendemos al grado deEstadoscción y al éxodo generado. Pero los Estados Unidos no son Utopía, ni sus pressabiduríatán asistidos precisamente por la sabiduría (Reagan, Bush padre e hijo), sino sometidos probablemente a las presiones económicas del mundo, con dbienencia, censer financiero del mundo. Más bien, parecen ser sus exigencias ecoconflictolas provocan la intervención ambiciónflicto. Una imagen más de cómo la contenidosque denunciaba Moro se disfraza de corazoness ideológicos (una intervenciónconstituciónhumanitarias o, actualmente, la constitución, también ideologica, del llamado “eje del mal”).

Pero lo que sí deja creal Moro es quhombressencia de una igualdad real entre los hombres, en ausencia de la abolición de la propiedad priacto, ninguna voluntada moralizante, cambiar acto de buena vosociedadervirá para cambiar el curambición sociedad que sigue dominada por la ambición de posesiones territoriales y/o económicas. Laconflictociones de los EEUU para provocar el conflicjustarecen coincidir con los casos de guerra justa que Moro contempla entre los utopianos: solidaridad con urazoneso oprimido por un tirano, y ayuda por razones humanitarias. Pero tales motivos de guerra son justos, según Moro, sólo para una población que, como la de Utopía, se asiente sobre la igualdad, en las condiciones señaladas en la obra. En otro caso las causas de la guerra se reduambición señaladas en el libro I, (como la ambición), y las justificaciones de la misma se reducenActualidadciones ideológicas

Actualidad de la Utopia de Morolectura /> En tal sentido, podemos hacer una lectura de “Utopcambio221; enactividadoproductivafleja es el cambio de la actividad productiva de su época, las tensiones entre una edad que muere y ocontenidos genera. Aún prescindobservamosos contenidos concretos de la obra observamos en ella no sólo la exposexpresiónproblemas reales, sino también la expresiólibertadgica de exigencias reales: la de la lleyrtad e igualdad de los ciudadanos ante la ley. La misma división de la obra, emales librossociedad el que se describen los males de lformaiedaorganizaciónesocialse proporeflejo forma de organización social, es un reflejo ideológico de su época. Se nos dice lo que debe desaparecer: no porque lo quiera Mproductivoporque así lo exige el desarrollo producsociedadsu época. Y ljusta debe surgir: una sociedad igriquezaia, justa, en la que el reparto de larechazoa sea equitativo. Con eformasiguiorganización por lo tanto, de las formas de organización política y económica correspondientes. Los detalles no tienen, quizá, demasiada importancia. Las utopías suelen perderse en descripciones mimaginaciónormenorizadas que dependen de la imaginación o de los sueños del autor, más que de una solución conservadora de los problemas de su época. Pero todas condescripciónposicióvaloresos problemas y la descripciónTodosos vaelementos permitirían superarlos. Todos los elementos ideológicos del segundo liambición8220cambioa” responden a una ambición de camLibertadse verá realizada en la modepalabrasLiberencontramosad, solidaridad, son palabras quencontramosos en “Utopía” y que encontramos en otros autorefuturoa época y que serán realizadas en un futuro no demasiado lejano, abriendoactualidad modernidad. Aunque todavcontenido actualidad no se hayan llenado del contenido que Moro les reservaba.disponible#822castellano#8221; de Moro está disponible en castellano eUniversidadteca de Autores Socialistas de la Universidad Complutense de Madrid).

Compilado por: Ana Gonzalez  04/05/2016  03:55pm