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La pobreza en el siglo XXI

La pobreza en el siglo XXI

En el año 2002, el secretario general de Naciones Unidas Kofi Annan informó lo siguiente:

La comunidad internacional […] tolera que casi 3 000 millones de personas —prácticamente la mitad de toda la humanidad— subsistan con 2 dólares diarios o menos en un mundo de riqueza sin precedente.

Una de las principales causas de esta enorme brecha social es el egoísmo en el terreno económico. Larry Summers, ex secretario del Tesoro de Estados Unidos explicó en el año 2002 lo que se cita a continuación:

En todo el mundo, los mercados financieros privados descuidan a los que son muy pobres. Los bancos convencionales no buscan establecerse en las comunidades pobres, pues ahí no es donde está el dinero.

El redescubrimiento de la pobreza y la existencia de diversas formas de exclusión o marginalidad social dieron origen a un amplio debate acerca de las causas de estos fenómenos. Los diversos enfoques planteados toman su punto de partida en una serie muy amplia de factores explicativos, entre los cuales destacan, combinándose de diversas maneras: el cambio tecnológico, los aspectos institucionales, los conflictos corporativos y los aspectos culturales.

El mercado de trabajo ha estado en el centro del debate, pero también el Estado del bienestar, los flujos migratorios, las relaciones étnicas y raciales, la evolución o mejor dicho la disolución de la familia tradicional y el proceso de formación de subculturas. Incluso los argumentos de tipo biológico han jugado un papel importante en un debate que siempre ha tenido fuertes connotaciones político-ideológicas. El tema más controvertido del debate ha sido el concepto de underclass, que alude a sectores degradados y excluidos socialmente que ya no pertenecen a ninguna de las clases establecidas de la sociedad. Pensadores sociales radicales como William Julius Wilson y Anthony Giddens lo han usado, pero también críticos conservadores del Estado del bienestar como Charles Murray. En un intento de capturar las ideas centrales de lo que ha sido un debate sumamente complejo, en los acápites siguientes se agrupan las distintas formas de explicar las causas de la pobreza en las sociedades avanzadas en tres grandes categorías: enfoques que enfatizan la dislocación estructural, enfoques que enfatizan el dualismo estructural, y enfoques que enfatizan la exclusión institucional.

Enfoques que acentúan la dislocación estructural

Estos enfoques destacan, en general, la naturaleza disruptiva del desarrollo capitalista y, en particular, la intensidad del cambio estructural, con su consecuente impacto social, durante la transición de la sociedad industrial a la posindustrial. Este tipo de enfoques podría ser llamado schumpeteriano —la principal metáfora explicativa en esta perspectiva no es otra que el famoso “ventarrón de la destrucción creativa” de Joseph Schumpeter— y plantea que la presencia de tendencias a generar situaciones de pobreza, exclusión y vulnerabilidad es una expresión natural y recurrente de la dinámica esencial del cambio en una economía capitalista. La base de esta explicación está en el carácter cíclico del desarrollo de la economía de mercado, que refleja grandes ciclos de transformación tecnológica que comportan una reestructuración significativa de las economías y, consecuentemente, de las sociedades modernas. Por ello es que el elemento recurrente o cíclico es central en este enfoque, pudiendo el mismo verse agudizado por un elemento transicional de mayor magnitud asociado al paso a una sociedad posindustrial cada vez más globalizada y basada en la revolución de las tecnologías de la información.

Se trata, en lo fundamental, de un enfoque optimista acerca del desarrollo contemporáneo, pero que no deja de ver los costos y las tensiones provocadas por los períodos de intensa destrucción creativa y cambio estructural. Es a partir de esta constatación que los defensores de este enfoque a menudo proponen una serie de intervenciones correctivas o paliativas a fin de aliviar estos costos y tensiones que, de no ser suavizados, podrían llegar a amenazar la supervivencia misma del conjunto de la estructura social. En esta perspectiva, la pobreza y la exclusión social son fenómenos recurrentes y connaturales del desarrollo económico pero no deben llegar necesariamente a plasmarse en una clase o grupo social formado por personas permanentemente empobrecidas o excluidas en la medida que se creen mecanismos adecuados para facilitar su salida de estas situaciones. En otras palabras, se trata de facilitar una gran movilidad social que haga de la caída en la pobreza o la exclusión una situación meramente pasajera. Esta es, de hecho, la situación de la inmensa mayoría de las personas que caen en la pobreza o el paro en economías dinámicas y flexibles. Así por ejemplo, casi dos terceras partes de los estadounidenses adultos caen en la pobreza por al menos un año en su vida pero solo un ínfima parte ellos cae en la pobreza crónica. Como veremos más adelante, esta ha sido la línea de argumentación predominante, pero no la única, dentro de la UE y sus antecesoras sobre estos temas.

Enfoques que enfatizan el dualismo estructural

Estos enfoques pueden ser de naturaleza muy diversa, pero su diagnóstico sobre lo que son la pobreza y la exclusión social así como sobre sus consecuencias son mucho más pesimistas que en el caso del enfoque anterior. Esta perspectiva ha tenido muchos de sus principales exponentes en una tendencia altamente crítica, a menudo de inspiración marxista, al capitalismo o a la economía de mercado en sí misma. Lo que aquí se postula es la existencia de una dinámica permanente de exclusión y polarización que trae a la memoria el diagnóstico de Marx sobre el futuro del capitalismo. Esta dinámica excluyente y polarizante se daría tanto en las economías nacionales como del sistema económico internacional. La así llamada Teoría de la Dependencia fue el exponente más contundente de este punto de vista en lo que se refiere a la economía internacional. En el marco de las economías nacionales avanzadas este enfoque ha estado representado por diversas teorías acerca del mercado de trabajo fragmentado, segmentado o dual. Este tipo de enfoques sigue, en lo fundamental, la idea de Marx acerca de la necesidad de una reserva permanente de trabajo barato y flexible cuya función sería tanto presionar los salarios a la baja como estar disponible en los momentos álgidos del ciclo económico. Muchos de los defensores de este enfoque postulan que los trabajadores en el “Tercer Mundo” así como los inmigrantes provenientes de países pobres forman la columna vertebral de este “ejército de reserva” estratégico que le ofrece al capitalismo global un bienvenido suplemento de trabajo barato, utilizable a voluntad y bajo condiciones infrahumanas. De acuerdo con este enfoque, la exclusión social en los “países ricos” forma parte de una dinámica global de polarización que, usando las palabras de Anthony Giddens, puede ser descrita de la siguiente manera: “Las clases marginales (underclasses) no solo son bolsas de miseria dentro de las economías nacionales, sino también las líneas de contacto y de choque entre el Tercer Mundo y el primero. El aislamiento social que separa a los grupos subprivilegiados del resto del orden social dentro de los países refleja la separación entre ricos y pobres a escala global y está causalmente unida con esa separación. La pobreza del Primer Mundo no puede ser abordada como si no tuviera conexión con las desigualdades a una escala mucho mayor.”

En todo caso, la idea central de estos enfoques radicales es que la pobreza, la desigualdad y la exclusión social son componentes funcionales del desarrollo capitalista, generando categorías sociales permanentes y bien definidas, grupos o regiones excluidas y oprimidas que se encuentran en una situación diametralmente opuesta al resto de la sociedad o del mundo. Se trata de grupos excluidos del bienestar y el poder pero a su vez incluidos en el sistema social como trabajadores explotados o explotables. Al mismo tiempo, estos enfoques postulan que solamente un cambio radical que afectase a la dinámica misma del sistema capitalista podría resolver el problema de los oprimidos y excluidos.

Otro enfoque radical, pero que a diferencia del anterior ve la exclusión estructural como un componente disfuncional del sistema capitalista moderno, es aquel que hace no mucho popularizó la idea del “fin del trabajo”, es decir, de un cambio estructural de carácter tecnológico y organizativo dentro del sistema imperante que llevaría a prescindir del aporte productivo de un número creciente de personas. Estos marginados formarían una periferia empobrecida y cada vez más amenazada de una estructura productiva que no los necesita. Jeremy Rifkin profetizó el advenimiento de “un mundo casi sin trabajadores”​ y Ulrich Beck pronosticó el surgimiento de “un capitalismo sin trabajo”.​ Esto llevó a una serie de pronósticos de carácter abiertamente apocalíptico sobre el destino del mundo, profetizando un futuro donde la misma supervivencia física de los “prescindibles” estaba en peligro o un mundo plenamente “brasilianizado”, es decir, brutalmente dividido entre la superabundancia y la miseria.

La idea de una exclusión estructural permanente no es, sin embargo, propiedad exclusiva de los enfoques radicales o neomarxistas. Durante los años 90 una teoría de la exclusión y la underclass basada en argumentos de carácter biológico fue formulada por influyentes pensadores conservadores. Su expresión más provocativa fue aquella que le dieron Richard Herrnstein and Charles Murray (1994) en su libro altamente controversial titulado The Bell Curve, cuyo subtítulo resume bien el mensaje de la obra: “Inteligencia y estructura de clase en la vida americana”. La argumentación, tal como la resume Robin Marris (1996) en How to Save the Underclass es la siguiente: La sociedad del conocimiento que está reemplazando a la sociedad industrial le da a la “inteligencia innata” y a las prestaciones educacionales un papel crucial en la determinación de las posibilidades de las personas de participar en la vida social.​ Esta es la razón por la cual estamos presenciando un proceso de profunda división de la sociedad en la que vemos una nueva “élite de los cerebros” ascendiendo a la cumbre de la sociedad mientras que una clase marginal o infraclase (underclass) es claramente discernible en el fondo de lo que cada vez más es una “sociedad meritocrática”. Esta división puede ser mitigada pero no eliminada en la sociedad moderna. La clase marginalizada, formada por aquellos que son más y más innecesarios, aquellos excluidos “por un accidente de los genes, la fortuna o lo que sea”, es un elemento disfuncional, un peso muerto que debe ser arrastrado, de maneras más o menos decentes, por el resto de la sociedad.

Enfoques que enfatizan la exclusión institucional

Estos enfoques subrayan los factores institucionales que estarían generando pobreza y exclusión. En este caso, lo determinante no es la tecnología en sí ni tampoco el capitalismo, la globalización u otra fuerza semejante. Lo decisivo es el entorno institucional mediante el cual diversas sociedades se relacionan con los fenómenos antes mencionados, regulando así el acceso o la exclusión de distintos grupos sociales a las posibilidades que cada época ofrece. Las formas de exclusión institucional así generadas pueden ser inducidas o coercitivamente alcanzadas. El caso de la exclusión institucional inducida fue paradigmáticamente presentado por Charles Murray (1984) en su famosa obra Losing Ground – American Social Policy, 1950-1980. Según Murray, el sistema público de ayuda social (welfare system, según la terminología estadounidense) es el responsable de que la gente voluntariamente elija tanto la exclusión como la dependencia del Estado y formas altamente destructivas de vida y organización familiar. Ayudas sociales excesivas o mal construidas han creado fuertes incentivos a no elegir la participación laboral o formas de familia más “normales”, es decir, biparentales. El mismo enfoque ha sido aplicado al caso británico por James Bartholomew (2004) en su obra The Welfare State we’re in. Según este autor, el Estado del bienestar con sus sistemas y beneficios contraproducentes es el causante, entre otros males, del desempleo masivo, de una mayor criminalidad y amoralidad así como de la disolución creciente de la familia tradicional.

Este tipo de argumentos acerca de una pobreza y marginalidad o exclusión inducida ha sido criticado pero a veces también complementado desde un punto de vista institucionalista por un enfoque que pone su énfasis en el elemento coercitivo o forzoso que conduce a la pobreza y la exclusión. Se trata de argumentaciones en las cuales estas situaciones no son una opción sino el resultado impuesto a quienes las padecen por una serie de obstáculos institucionales creados por coaliciones u organizaciones corporativas que tratan de defender su propios beneficios o privilegios excluyendo posibles competidores que pudiesen de alguna manera amenazar su posición en el mercado de trabajo o en la vida económica y social en general. En teoría económica se conoce esta situación como un conflicto entre insiders, o grupos establecidos, y outsiders, o grupos que buscan entrar en un determinado mercado, ya sea laboral o de otro tipo. Un mercado de trabajo fuertemente regulado es visto, en este enfoque, como un típico ejemplo de la creación de reglas defensivas por parte de las organizaciones que representan a los insiders a fin de otorgarles una situación privilegiada respecto de aquellos sectores que pugnan por entrar en el mercado laboral formal o conseguir formas más estables y mejor remuneradas de trabajo, como ser inmigrantes o jóvenes. Desde este punto de vista, la pobreza y la exclusión social son fenómenos que deben ser atacados por medio de reformas institucionales y legales que eliminen los obstáculos a la creación de mercados de trabajo más dinámicos, abiertos y menos discriminatorios. Este tipo de análisis forma la base de aquel diagnóstico que definió el problema del retraso relativo de Europa occidental respecto a otras economías avanzadas como “euroesclerosis”, es decir, como un exceso de regulación y rigidez que impedía la rápida adecuación a las circunstancias siempre cambiantes del mundo actual. Importantes documentos de la UE, como ser el Libro blanco de 1993 titulado Crecimiento, competitividad, empleo – Retos y pistas para entrar en el siglo XXI y la Agenda 2000, han basado gran parte de su diagnóstico sobre los logros tan poco satisfactorios de Europa en materia de crecimiento económico y creación de empleo en este tipo de argumentos. En muchos casos, elementos de los tres enfoques aquí analizados se mezclan de formas muy variadas y a veces incluso contradictorias. Estos enfoques se ven complementados por diversas hipótesis explicativas como las que se enumeran a continuación.

Hipótesis de relaciones imperialistas entre países

Antiguas colonias de los países ricos debilitaron las economías locales de los países pobres al adaptarse a las necesidades de las potencias coloniales. Las distorsiones en las economías de los países pobres no son superadas con los procesos de descolonización debido a que la dinámica de los mercados internacionales son controlados por las antiguas metrópolis.

Comportamiento cultural e individual
Los pobres no son actores pasivos. Las personas pobres presentan comportamientos que refuerzan, mantienen y reproducen la pobreza. Estas tendencias culturales pueden ser transmitidas de generación en generación.

Localidad
La probabilidad de caer, quedarse o moverse fuera de la pobreza depende del lugar donde se vive. Así en regiones con productos caracterizados por bajos niveles de valor agregado es más probable que propongan salarios más bajos y oportunidades económicas limitadas. Una perspectiva complementaria, es la perspectiva de la segregación de determinados grupos sociales en localidades definidas y determinadas por la ausencia de servicios públicos, empleo y oportunidades.

Feminización de la pobreza

Se calcula que actualmente hay más de mil millones de personas atrapadas en la pobreza absoluta. Según el Fondo de las Naciones Unidas para las Mujeres (UNIFEM), el 70% de ellos son mujeres. Además se estima que 7 de cada 10 personas que mueren de hambre en el mundo son mujeres y niñas.

Las mujeres también son el mayor grupo entre los denominados trabajadores pobres, personas que trabajan pero que no ganan lo suficiente para salir de la pobreza absoluta. Según la Organización Mundial del Trabajo, las mujeres constituyen actualmente el 60% de los trabajadores pobres.

Pobreza urbana y rural

La tasa de pobreza rural es el doble de la pobreza urbana. Sin embargo, la pobreza urbana va en aumento. Mientras Latinoamérica la mayoría de los pobres se concentran en las ciudades, en China, Europa Oriental y Asia central sucede una ruralización de la pobreza. El alto nivel de pobreza urbana se debe a la migración de las personas de las áreas rurales hacia las áreas urbanas (búsqueda de un empleo mejor remunerado, mejor calidad de servicios sanitarios y educativos). Sin embargo, la urbanización influye positivamente sobre la pobreza general. Las tasas de pobreza general son más bajas cuanto mayor es la proporción de población urbana.

La crisis económica de 1995, la falta de dinamismo en la agricultura, el estancamiento de los salarios y el descenso de los precios reales en este sector, es lo que provoca todavía más pobreza rural. Si a esto le sumamos el bajo precio que pagan los intermediarios a lo producido por los campesinos, para después venderlos a costos más altos en zonas urbanas, el trabajo del campesino se devalúa. Así se ve en la necesidad de emigrar a la ciudad, dejando sus tierras sin nadie que las trabaje, aumentando el costo de la agricultura y, como consecuencia, el precio de la cesta básica.

Se considera que la pobreza urbana se mide en las malas condiciones de vivienda, alimentación, servicios básicos como luz, agua potable, drenaje. El nivel de vida va de acuerdo a los niveles de ingreso que se tiene por persona, si bien esta persona no tiene buenos ingresos económicos, habrá carencias para vivir dignamente, al menos con los servicios básicos para garantizar el bienestar.

Se debe considerar que la pobreza rural no es igual a la pobreza urbana, ya que en la mayoría de los casos en la zonas rurales no se cuenta con ningún tipo de servicio, como luz, agua, hospitales. El umbral de la pobreza en las zonas rurales va más allá de los casos en las ciudades, ya que además la falta de servicios acrecienta la falta de alimento, debido a que en la mayoría de las zonas rurales los habitantes dependen de su tierras para cultivar. tomando en cuenta que en algunos lugares no hay otra forma de alimentarse, ya que el trabajo es escaso y los medios para desplazarse son casi nulos.

Estadísticas

Según las estadísticas del Banco Mundial publicadas en abril de 2011 acerca del cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM):

  • De 1981 a 2005 el porcentaje de personas viviendo en la pobreza extrema (menos de $1,25 al día) bajó del 52 al 26 % de la población mundial. La proyección para 2015 es del 14,4 % de la población mundial.
  • De 1981 a 2005 el número de personas viviendo en la pobreza extrema (menos de $1,25 al día) bajó del 1 900 a 1 400 millones. La proyección para 2015 es de 883 millones.
  • De 1981 a 2005 el porcentaje de personas viviendo en la pobreza (menos de $2 al día) bajó del 70 al 48% de la población mundial. La proyección para 2015 es del 33 % de la población mundial.
  • De 1981 a 2005 el número de personas en la pobreza (menos de $2 al día) aumentó de 2 500 a 2 600 millones. La proyección para 2015 es de 2 036 millones.
  • Según el Banco Mundial esto implica que: “Dos tercios de los países en desarrollo están bien encaminados o próximos a lograr metas importantes para erradicar la extrema pobreza y aliviar el hambre.” La razón fundamental de este pronóstico tan optimista es la alta tasa de crecimiento económico registrada en los países menos desarrollados entre 2007 y 2010 (6,6 % anual comparada con 3,2 % para toda la economía mundial) y proyectada para 2011-2014 (6,3 % anual comparada con 4,6 % para la economía mundial).

En febrero de 2012 el Banco mundial hizo una nueva evaluación de la situación de pobreza a nivel mundial.​ En ella se pudo constatar que el número de pobres en los países en desarrollo (menos de US$1,25 de igual poder adquisitivo al día) se había reducido de 1 937 830 personas en 1981 a 1 288 720 en 2008. En términos porcentuales esto implica una reducción del 52,16 % de la población de esos países en 1981 al 22,43 % en 2008.

En términos regionales, el Banco Mundial destaca los siguientes hechos:

  • Asia oriental y el Pacífico: En 2008, alrededor del 14% de la población de esta región vivía con menos de US$1,25 al día, valor inferior al 77% registrado en 1981, cuando la tasa de pobreza de la región era la más elevada del mundo. En China, el 13% de la población, o sea 173 millones de personas, vivían con menos de US$1,25 al día en 2008. Asia oriental alcanzó el primer Objetivo del milenio (ODM) hace unos 10 años.
  • En el mundo en desarrollo excluida China, la tasa de pobreza extrema, en 2008, fue del 25%, en comparación con 41% en 1981. El número de personas que vivían en la pobreza extrema en 2008, en cambio, era aproximadamente igual al de 1981 (alrededor de 1100 millones), tras haber aumentado en los años ochenta y noventa y comenzar a reducirse a partir de 1999.
  • Asia meridional: La tasa de pobreza de US$1,25 al día bajó de 61% a 39% entre 1981 y 2005 y entre 2005 y 2008 se redujo en 3 puntos porcentuales adicionales. La proporción de la población que vive en la pobreza extrema es la más baja registrada desde 1981.
  • América Latina y el Caribe: A partir de un máximo de 14% de personas que vivían con menos de US$1,25 al día en 1984, la tasa de pobreza alcanzó su nivel más bajo hasta entonces (6,5%) en 2008. El número de pobres aumentó hasta 2002 y ha venido disminuyendo en forma pronunciada desde entonces.
  • Oriente Medio y Norte de África: En la región, 8,6 millones de personas —el 2,7% de la población— vivían con menos de US$1,25 al día en 2008, lo que representa una disminución respecto de los 10,5 millones en 2005 y los 16,5 millones en 1981.
  • Europa oriental y Asia central: Tras haber alcanzado un máximo del 3,8% en 1999, la proporción de las personas que viven con menos de US$1,25 al día es ahora inferior al 0,5%. El 2,2% de la población vivía con menos de US$2 al día en 2008, lo que supone una reducción respecto del valor máximo de 12% registrado en 1999.
  • África al sur del Sahara: Por primera vez desde 1981, menos de la mitad de la población (el 47% del total) vivía con menos de US$1,25 al día. En 1981 la proporción era del 51%. Dicho coeficiente, en la región, se ha reducido en 10 puntos porcentuales desde 1999. Entre 2005 y 2008 se redujo en 9 millones el número de personas que vivían con menos de US$1,25 al día.

Otras fuentes indican las siguientes cifras registradas con anterioridad al desarrollo recién indicado:

  • 100.000 personas mueren de hambre al día.
  • Cada 5 segundos un niño menor de 10 años muere por falta de alimento.
  • Más de 1.000 millones de personas viven actualmente en la pobreza extrema (menos de un dólar al día); el 70% son mujeres.
  • Más de 1.800 millones de seres humanos no tienen acceso a agua potable.
  • 1.000 millones carecen de vivienda estimable.
  • 840 millones de personas malnutridas.
  • 200 millones son niños menores de cinco años.
  • 2.000 millones de personas padecen anemia por falta de hierro
  • 880 millones de personas no tienen acceso a servicios básicos de salud.
  • 2.000 millones de personas carecen de acceso a medicamentos esenciales.

Temas de Referencia

Fuentes de este artículo:

  1. Giddens, Anthony (1994). Beyond Left and Right. Cambridge: Polity Press, p. 148.
  2. Una presentación crítica de este enfoque se encuentra en Rojas, Mauricio (2004). Mitos del milenio. Buenos Aires: Cadal
  3. Rifkin, Jeremy. The End of Work. New York: G. P. Putnam’s Sons, p. xv.
  4. Beck, Ulrich. Was ist Globalisierung? Frankfurt am Main: Suhrkamp, p. 85.
  5. El más conocido es el formulado por Viviane Forrester en su libro de 1996 titulado L’horreur économique. París: Fayard.
  6. Arancibia. V. (1997) Factores que afectan el rendimiento escolar de los pobres: Revisión de investigaciones educacionales 1980-1995. Cap.7. en Educación, eficiencia y equidad.
  7.  www.unifem.org
  8. Banco Mundial 2011, Informe sobre seguimiento mundial 2011: Mejorar las posibilidades de alcanzar los ODM. http://siteresources.worldbank.org/INTGLOMONREP2011/Resources/7856131-1302708588094/GMR2011-CompleteReport.pdf
  9. Para una actualización completa de estas cifras consúltese la página de Naciones Unidas sobre los Objetivos del Milenio

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