«La Fidelidad es a la vida de las emociones lo que la Coherencia es a la vida del intelecto: Simplemente una confesión de Fracaso»

Interpretación Lingüística de la coherencia:
La propiedad de una serie de proposiciones conectadas se llama conectividad o conexión (van Dijk 1989: 83). Van Dijk distingue de este modo la coherencia, en tanto que «es una propiedad semántica de los discursos, basados en la interpretación de cada frase individual relacionada con la interpretación de otras frases». La noción de conectividad, en cambio «cubre aparente-mente un aspecto de la coherencia discursiva, como las relaciones inmediatas, emparejadas entre las proposiciones subsiguientes tomadas como «un todo» (van Dijk 1989: 147). De esa manera explica que ambas formas de lazos pueden existir la una sin la otra: conexión o cohesión sin coherencia y viceversa. Lazos lineales sin lazos globales, o lazos globales sin lazos lineales.

Cohesión y coherencia están ligadas íntimamente, de forma que algunos llaman a la cohesión coherencia textual (van Dijk, 1983). Los factores de cohesión dan cuenta de la estructuración de la secuencia superficial del texto, afirmando que no se trata de principios meramente sintácticos, sino de una especie de semántica de la sintaxis textual, esto es, de los mecanismos formales de una lengua que permiten establecer, entre los elementos lingüísticos del texto, relaciones de sentido (Villaça Koch 1989; Marcuschi 1983). Para Halliday y Hasan (1976), la cohesión es una condición necesaria, pero no suficiente para la creación del texto, sin embargo, existen textos desprovistos de recursos cohesivos, en los que la continuidad surge en el nivel del sentido y no en el nivel de las relaciones entre los constituyentes lingüísticos: asimismo, hay textos en los que ocurre una secuencia cohesiva de hechos aislados que permanecen aislados, y con esto no tienen condiciones de formar una textura» (Villaça Koch 1989: 18).

Las relaciones de cohesión no necesitan realizarse explícitamente: es fácil encontrar textos sin lazos conectivos explícitos, por lo que la textura no parece ser un concepto fundamental para la interpretación y la co-interpretación de los textos (Brown y Yule, 1983:195). Los oyentes y lectores no dependen de las marcas formales de cohesión para identificar un texto como tal. Van Dijk se refiere al hecho de que las secuencias pueden conectarse sin ser coherentes, por lo que también insiste en que «la conexión puede ser una condición necesaria, pero no suficiente para la aceptabilidad del discurso» (van Dijk 1989:83).

Cualquier pasaje se interpretará como un texto si existe la más remota posibilidad de hacerlo así, lo que se ha llamado presunción de coherencia (cf. Halliday y Hasan 1976:26). Esto ocurre porque, según los mismos autores, la interpretación del pasaje en cuestión depende de algo más. Si este algo más resulta verbalmente explícito, entonces hay cohesión» (Halliday y Hasan 1976:13). Vimos un ejemplo de esto en el ejemplo (16), un aviso clasificado anunciando a una vidente. El texto Ford Festiva 98 full rines, en perfecto estado, un solo dueño, precio inigualable (02-9411169) se entiende como un aviso de venta de un carro de cierta marca y características y el número a continuación como el número telefónico del vendedor. Estos textos tienen sentido, aún cuando los elementos cohesivos que presentan son mínimos.

Pietrosemoli (1996) corrobora la distinción entre cohesión y coherencia en textos producidos por pacientes afásicos. Determina que dos tipos de afasia, la de Broca y la de Wernicke, se fundamentan en deficiencias en dos sentidos diferentes y demuestra que la afasia de Broca, caracterizada por la ausencia de los elementos conectores del discurso y de concordancia morfológica, o sea de aquellos elementos que conforman la textura, se relaciona con el concepto de cohesión. Por el contrario, la afasia de Wernicke se caracteriza por la fluidez del discurso, pero adolece de coherencia discursiva. No podemos dejar de recordar, en este sentido, la esclarecedora interpretación de Jakobson de estos trastornos, equiparándolos con las deficiencias en los ejes metonímico y metafórico, respectivamente (cf. Jakobson, 1973).

Puede distinguirse entonces entre los conceptos de cohesión y coherencia como los lazos lineales y globales que existen para la unidad de un texto, respectivamente. Los primeros se corresponden con la noción de cohesión de van Dijk 1984 o de conexión de Halliday y Hasan 1976; los segundos, con la noción de coherencia de ambos autores. Podríamos entonces sugerir que la cohesión es una condición de la función textual que se da intratextualmente, mientras que la coherencia refiere a las relaciones del discurso con los contextos situacional y cultural, es decir, extratextualmente. La cohesión estaría íntimamente relacionada con el modo del discurso, mientras que la coherencia lo estaría con el campo y el tenor del mismo (cf. Halliday y Hasan 1990).

Aplicación Cotidiana:
Coherencia es la correcta conducta a mantener en todo momento, basada en los principios familiares,

Con este valor somos capaces de asistir con mayor eficacia a nuestros compromisos.
La coherencia se manifiesta específicamente en nuestras relaciones personales, y requiere de honestidad, responsabilidad, sinceridad, confiabilidad y liderazgo positivo. Es un medio que fortalecer el carácter y desarrolla la prudencia, con un comportamiento verdaderamente auténtico.

El problema de vivir este valor es que somos muy susceptibles a la influencia de las personas y lugares a los que asistimos; por temor callamos, evitamos contradecir la opinión equivocada, o definitivamente hacemos lo posible por comportarnos según el ambiente para no quedar mal ante nadie. No es posible formar nuestro criterio y carácter, si somos incapaces de defender los principios que rigen nuestra vida. Lo mejor es mantenernos firmes, aún a costa del cargo, opinión o amistad que aparentemente está en juego.

Ejemplos: Una madre con varios hijos a los que adora y estando felizmente casada, se encontraba en la reunión de los miércoles con sus amigas, cada sorbo de café se acompañaba de comentarios a favor de la familia pequeña (matrimonio, con un hijo o sin él). Nunca en su vida se había visto tan incómoda, sin palabras ni objeciones, avergonzada… ¿Por qué callar? ¿Por qué no defender sus convicciones y lo que representa la razón de su vida? No se trata aquí de discutir sobre el motivo del diálogo, sino de la actitud, de la pasividad con que enfrentamos los temas álgidos, los importantes y los superfluos. ¿De cuántas cosas nos avergonzamos sabiendo que son correctas?

Lo mismo nos sucede con los compañeros de la universidad o en la empresa, al disimular ante los negocios poco transparentes que se dan en una empresa; ante la infidelidad de nuestras amistades hacia su pareja…

Necesitamos ser valientes para superar el temor a ser señalados como extraños, anticuados o retrógrados, ya que un carácter débil inspira poco respeto y jamás lograremos vivir de acuerdo a unos principios y valores.

Por un lado se trata de actuar en base a nuestras propias convicciones, la coherencia exige esa firmeza y postura, y por el otro se necesita un criterio bien formado para no caer en la obstinación y adoptar una actitud traducida en un soy como soy y así pienso.

Todo indica que en algunos momentos exigimos coherencia en los demás: recibir un justo salario, colaboración por parte de los compañeros de trabajo, que nos procuren atenciones en casa, la lealtad y ayuda de los amigos. Pero este no es el gran tema, el objetivo de la coherencia es llevarnos a reflexionar si trabajamos con intensidad y en equipo, si correspondemos con creces a los cuidados que recibimos en casa, si somos leales y practicamos la amistad con grandeza e impecabilidad.

Practicar la coherencia implica aprender a callar y ceder en los asuntos del EGO, pero en circunstancias en las que la dignidad, la seguridad de las personas, la unidad familiar o la estabilidad social están en juego, necesitamos confrontar la situación para evitar daños a los derechos ajenos. Este es el motivo por el cual, el ejercicio de la prudencia es determinante, para actuar acertadamente frente a las distintas circunstancias.

¿Qué se necesita para ser coherentes: voluntad o distinciones?
En estricto sentido, ambos. Voluntad para superar nuestro temor a ser diferentes con el compromiso de superarnos y colaborar con nuestras relaciones. Con las distinciones, nos afirmamos en nuestros principios, descubriendo su profundo sentido y finalidad, lo que necesariamente nos lleva a ejercitarnos en los valores y vivirlos de manera natural.

Para la práctica y vivencia de este valor puedes considerar:
– Examina si tus actitudes y palabras no cambian radicalmente según el lugar y las personas con quien estés. Chequea tu identidad personal en diferentes dominios.
– Obsérvate en la coherencia que exiges de los demás y si actúas y correspondes, en equilibrada proporción.
– Se prudente para elegir amistades, lugares y eventos. Así no tendrás que esconderte, mentir y comportarte en forma contraria a tus principios.
– Evita hacer trampa o cumplir con tus obligaciones a medias. Aunque sea lo más fácil y nadie se percate de ello por el momento.
– Procura no ser necio. Considera la posibilidad de estar equivocado: escucha, reflexiona, infórmate y corrige todo lo que sea necesario.
– Evita discusiones y enfrentamientos por asuntos del EGO. Si hay algo que confrontar, no pierdas la cordura. Practica la Serenidad, la cortesía y la comprensión.

La experiencia suele demostrar que vivimos con mayor tranquilidad y nuestras decisiones son más firmes, al comportarnos de manera única. La unidad de vida lidera nuestra identidad personal, profesional y moral, lo cual garantiza incondicionalmente la estima, el respeto y la confianza de nuestras relaciones.

Bibliografía Consultada para la construcción de este informe:
Alexandra Álvarez Muro: Grupo de Lingüística Hispánica – Mérida, Venezuela
Frase introductoria: Javier Rivera Martínez
Aplicación cotideana, del portal Cristiano: www.encuentra.com
Patrick J. Lynch y Sarah Horton: Web Style Guide, Yale University Press, 1999.
Lewis Blackwell: 20 th Century Type, LKP, 1992.
Wen C. Fong: Beyond Representation, Yale University Press, 1992
Rudolf Arnheim: El poder del centro, Alianza, 1984
Rudolf Arnheim: El pensamiento visual, Paidos, 1986
María Luisa Caturla: Arte de épocas inciertas, Arbor, 1944
Adrian Frutiger: Signos, símbolos, marcas y señales, G Gili, 1985
E. H. Gombrich: El sentido de orden, G. Gili, 1980
Irvin Rock: La percepción, Labor, 1985

Compilado por: Beth Ludojoski – viernes, 21 de marzo de 2008, 15:19