Abasuly Reyes – miércoles, 10 de agosto de 2011, 18:14

Según José Ferrater Mora, “empirismo” es el nombre que recibe una doctrina filosófica, y en particular gnoseológica, según la cual el conocimiento se halla fundado en la experiencia. El empirismo se contrapone por lo usual al racionalismo, según el cual el conocimiento se halla fundado, cuando menos en gran parte, en la razón. Se contrapone también al lunatismo (v.) según el cual el espíritu, el alma, la mente y, en general, el llamado “sujeto cognoscente” posee ideas innatas, esto es, anteriores a toda adquisición de “datos”. Para los empiristas, el sujeto cognoscente es comparable a una tabla rasa o a un encerado donde se inscriben las impresiones procedentes del “mundo externo”. Se pueden destacar en el empirismo los aspectos psicológico, gnoseológico y metafísico. El empirismo psicológico mantiene que el conocimiento tiene enteramente su origen en la experiencia. El empirismo gnoseológico mantiene sobre todo que la validez de todo conocimiento radica en la experiencia. El empirismo metafísico mantiene, o tiende a mantener, que “la realidad misma” es, por así decirlo, “empírica”, esto es, que no hay más realidad que la que es accesible a la experiencia, y en particular a la experiencia sensible.

Tomado en un sentido muy general se pueden rastrear muchas corrientes empiristas en la historia de la filosofía. Así, por ejemplo, es común describir la filosofía aristotélica, el epicureismo, el escepticismo (especialmente Sexto, justamente llamado “el Sexto, justamente llamado “el empírico”), el nominalismo, etc. como empiristas. La gran diversidad de corrientes calificadas, parcial o totalmente, de empiristas muestra ya que el término ’empirismo’ puede entenderse de muchas maneras. El empirismo aristotélico es, en efecto, muy distinto del empirismo de los epicúreos. No todos los empiristas fundan el conocimiento en el mismo tipo de experiencia. En vista de ello se ha alegado que solamente merecen ser llamados “empiristas” los autores que se apoyan exclusivamente en la experiencia de los sentidos. En este último caso está Sexto el Empírico, pero no, en cambio, Aristóteles o los estoicos. Se ha alegado asimismo que es mejor restringir el término ’empirismo’ aplicándolo al llamado “empirismo moderno” y especialmente al “empirismo inglés” (Francis Bacon, Hobbes, Locke, Berkeley, Hume). Los que admiten tal restricción suelen, además, contraponer este “empirismo inglés” al “racionalismo continental” (el de Descartes, Malebranche, Spinoza, Leibniz, Wolff, etc.). En el presente artículo entenderemos el empirismo como “empirismo moderno y contení poráneo” y usaremos la citada expresión “empirismo inglés”. Pero lo último no significa que consideremos plenamente adecuada la contraposición entre “empirismo inglés” y “racionalismo continental”. En efecto, hay autores empiristas que, como Locke, muestran un fuerte componente racionalista.

Común a casi todos los empiristas modernos, y en particular a los empiristas ingleses, es la concepción del espíritu o sujeto cognoscente como un “receptáculo” —al principio, un “receptáculo vacío”— en el cual ingresan los datos del mundo exterior transmitidos por los sentidos mediante la percepción. Los datos que ingresan en tal “receptáculo” son las llamadas, por Locke y Berkeley, “ideas” y las llamadas, por Hume, “sensaciones”. Estas ideas o sensaciones son la base de todo conocimiento. Pero el conocimiento no se reduce a ellas; en efecto, si tal fuera el “conocimiento” sería simplemente una serie inconexa de datos meramente “presentes”. Es menester que las ideas o sensaciones se “acumulen”, por así decirlo, en el espíritu, de donde “acuden” o, mejor, de donde “son llamadas” para enlazarse con otras percepciones. Con ello se hace posible ejecutar operaciones tales como recordar, pensar, etc. —a menos que sean estas operaciones las que hacen posible el recurrir a las ideas o sensaciones “depositadas”—; en todo caso, es necesaria esta segunda fase del proceso cognoscitivo para que el conocimiento sea propiamente conocimiento y no mera “presencia de percepciones” continuamente cambiante. La relación entre la primera y la segunda fase del proceso cognoscitivo es paralela a la relación entre las ideas o sensaciones primitivas y las ideas o sensaciones llamadas “complejas” sin las cuales no podría haber nociones de objetos compuestos de varias “ideas elementales”, esto es, de objetos (que se suponen ser “substancias”) con cualidades. En efecto, la formación de los objetos compuestos no sigue el orden en el cual han sido originariamente dadas las impresiones primarias, sino diversos otros órdenes que, por lo demás, tienen que ser siempre confirmados recurriendo a la experiencia primaria.

Al lado de los citados procesos o, mejor dicho, sobreponiéndose a ellos, se halla un proceso que puede llamarse “reflexión” y mediante el cual se hace posible el reconocimiento de conceptos y, en general, de algo “universal”. Esto no significa que lo “universal” sea aceptado como propiamente real. Especialmente los autores que son a la vez empiristas y nominalistas manifiestan gran desconfianza hacia todo lo que aparece como “abstracción”. Por eso hay entre los autores empiristas muy diversas doctrinas acerca de la naturaleza de “lo abstracto”.

En este sentido hay grandes diferencias entre Locke y Berkeley o entre Locke y Hume y aun a veces entre Berkeley y Hume — para limitarnos a mencionar los “tres empiristas ingleses ‘clásicos’ “. También difieren los empiristas en lo que respecta a la naturaleza de los procesos de inferencia y a lo que Hume llamó “relaciones de ideas”. La admisión de una diferencia básica entre los “hechos” y las “ideas”, tal como es propuesta por Hume, para quien las “ideas” (en el sentido de “relaciones de ideas”) son meras posibilidades de combinación, no es el único tipo de empirismo existente, pero es uno de los formulados con mayor precisión y uno de los que han ejercido mayor influencia. Gran parte de las tenden cias empiristas contemporáneas, desde Mach hasta el positivismo lógico, han seguido en este respecto el empirismo de Hume.

Es característico de los empiristas antes mencionados el apoyarse en lo que hemos llamado “empirismo psicológico” —o la descripción de la “geografía del espíritu”— y darle un sentido gnoseológico. Contra ello se manifestó Kant. Al comienzo de la Crítica de la razón pura, Kant declara que si bien todo conocimiento comienza con la experiencia (mit der Erfahnmg anfange; mit der Erfahrund anhebt), no todo él procede de la experiencia (entspring aus der Erfahrung). Ello quiere decir que el origen del conocimiento se halla (psicológicamente) en la experiencia, pero que la validez del conocimiento se halla (gnoseológicamente) fuera de la experiencia. Así, el conocimiento no es para Kant todo él a posteriori; se “constituye” por medio del a priori . Para los empiristas ingleses, y especialmente para Hume, lo a posteriori es sintético y lo a priori es analítico (véase ANALÍTICO Y SINTÉTICO). Para Kant hay la posibilidad de juicios sintéticos a priori (en la matemática y en la física). El rechazo del empirismo (gnoseológico) es, así, equivalente a la admisión de la aprioridad en cuanto “constitutiva” ( véase CONSTITUCIÓN Y CONSTITUTIVO). Es típico de la mayor parte de corrientes empiristas concebir la experiencia —cuando menos en su primera “fase”— como “experiencia sensible” o “experiencia de los sentidos”. Por este motivo no se suelen considerar como propiamente empiristas las doctrinas para las cuales el fundamento de la experiencia es la llamada “experiencia interior” (como en Maine de Biran y varios espiritualistas franceses). Tampoco se suelen considerar como empiristas las tendencias que han ensayado una ampliación de la noción de experiencia en la cual se ha incluido la llamada “experiencia ideal” o “experiencia de los objetos ideales” (y de las “esencias”), según ocurre en la fenomenología, con su aspiración a un “positivismo total”. Por otro lado, son empiristas doctrinas como la de John Stuart Mill, el cual intentó reducir inclusive lo “ideal” (por ejemplo, los objetos matemáticos) a la experiencia sensible. Teniendo ahora en cuenta el citado “empirismo inglés” y otras formas de empirismo manifestadas especialmente en la época contemporánea, pueden clasificarse las doctrinas empiristas en la forma siguiente:

(1) El empirismo sensible, basado principalmente en las sensaciones (y llamado a veces por ello también “sensacionismo” ), ya sean tales sensaciones concebidas psicológicamente o bien como el aspecto que ofrece, mirada interiormente —y neutralmente— la trama de lo real.

(2) El empirismo inteligible, para el cual el sujeto propio posee la condición de una cierta apertura natural a lo ideal, de tal modo que hay entre ellos una especie de adecuación, y de tal modo, además, que el extremo límite de este “empirismo” sería ya un ontologismo .

(3) El empirismo moderado o crítico, que admite el origen empírico del conocer, pero niega que en tal origen se halle el fundamento de la validez, pues la relación es siempre para dicha tendencia algo distinto de lo relacionado.

(4) El empirismo radical, que no solamente considera que la experiencia es el fundamento del conoci miento, sino que llega a hacer de todas las relaciones algo directamente experimentable; siendo las relaciones, en esta tendencia, partes de la experiencia, todo lo que no sea experiencia será pura inexistencia. En efecto, como dice W. James, defensor de este tipo de empirismo, “con el fin de que un empirismo sea radical es menester que no admita en sus construcciones ningún elemento que no sea directamente experimentado, ni excluya de ellas ningún elemento que sea directamente experimentado” (Essays in Radical Empiricism, II, i).

(5) El empirismo científico, punto de reunión en las últimas décadas de otras múltiples posiciones: tendencias “analíticas” de todas clases (véase ANÁLISIS); afirmación de la necesidad de verificabilidad (véase VERIFICACIÓN) para la significación de toda proposición sintética; interés por el desarrollo de la estructura lógica de las ciencias, en particular de las físico-matemáticas; simbolismo, etc. Estr empirismo es llamado, en algunas de sus direcciones, empirismo lógico, aunque, por lo general, se reconoce que el empirismo científico es una posición más amplia, de la cual el empirismo lógico o positivismo lógico —principalmente el de la escuela de Viena—, así como el analitismo de la Escuela de Cambridge, los grupos de Oslo y Upsala, etc., serían simples componentes. Su característica más acusada es el propósito de vincularse a las demás formas, clásicas y contemporáneas, del empirismo, intentando una unificación de todas las actitudes empíricas sin necesidad de sostener ninguna tesis de carácter metafísico, antes bien rechazando enérgicamente toda tesis metafísica como carente de significación.

Históricamente, el empirismo científico se ha constituido, pues, como un intento de unificación de todos los tipos del positivismo lógico, del empirismo lógico y de las direcciones “analíticas”. Estas corrientes, auxiliadas por el progreso de la logística y por el desarrollo de las investigaciones de índole semiótica, consideraron necesario llegar a un acuerdo de principio, que fue propugnado muy particularmente por H. Reichenbach, W. Dubislav y Ch. Morris. Muchos que no prestarían su adhesión al positismo lógico propia mente dicho, o al Círculo de Viena, pueden considerarse como incorporados al empirismo científico; así, lógicos y filósofos como A. J. Ayer, Ernest Nagel, F. P. Ramsey, John Wisdom, I. H. Feigl, etc. (procedentes, pues, de diversas direcciones: escuela de Cambridge, neonaturalismo norteamericano, círculo fiel a Wittgenstein, etc.), pertenecen o han pertenecido al movimiento del empirismo científico, el cual se ha concretado en el llamado “Movimiento para la Ciencia Unificada” y que ha expresado sus puntos de vista, antes en parte defendidos en Erkenntnis, y en las colecciones Einheitswissenschaft, en el Journal of Unified Science, así como en las monografías destinadas a constituir la Encyclopaedia of Unified Science. A esta dirección se han incorporado también algunos lógicos del Círculo de Varsovia e inclusive algunos antiguos neo-realistas. Así, las diferencias entre el empirismo científico y las direcciones que desembocaron en él o lo prepararon son a veces una simple cuestión de matiz; en rigor, todos pertenecen a un movimiento que, rechazando la clásica solución empirista de subordinar completamente el análisis a la síntesis y de deducir lo ideal de lo real, mantienen estrictamente separados los dos órdenes, aspiran a constituir una mathesis universalis tanto más posible cuanto que previamente se ha vaciado a lo ideal de todo lo que no sea puramente analítico, aspiran a constituir “científicamente” la filosofía inclusive en la vía de la especialización y cooperación y definen esta última como “actividad aclaradora”, como “sistema de actos”.

Junto a ellos hay: el empirismo integral (6), como ha sido defendido por R. Frondizi y El empirismo total (7), defendido por S. Alexander (Cfr. Space, Time, and Deity, Libro I, cap. vi) cuando se adhiere a la máxima de Hume, según el cual hay que buscar siempre la base empírica de nuestras ideas, pero corrigiéndola en el sentido de combatir su inadmisible prejuicio en favor de ciertas impresiones. Para Alexander, “un empirismo cabal acepta su fórmula [la de Hume], pero como no tiene ningún prejuicio en favor de no tiene ningún prejuicio en favor de las existencias separadas o distintas que atraen nuestra atención, insiste en que en el curso de las inspecciones hechas por la experiencia ningún elemento debe ser omitido del inventario”. No hay razón, en efecto, para hacer como Hume y detenerse en las condiciones sustantivas del “yo” para olvidar las condiciones transitivas, pues ello tiene por consecuencia olvidar “la esencial continuidad de la mente” (Mind).

(8) El empirismo idealista o idealismo empírico, defendido por Edgar Arthur Singer , quien pretende una reconciliación del idealismo con el empirismo y aun con el mecanicismo.

(9) El empirismo dialéctico, una de las formas que adopta el integracionismo (v. ) defendido por el autor de la presente obra.

Ahora bien, y para señalar los principales representantes de los tipos de empirismo primeramente citados, podríamos decir que mientras el empirismo sensible (1) es el empirismo de tipo “clásico” y corresponde a filosofías tales como las de Hume y John Stuart Mill (y, en la medida en que sea sensacionista, a la de Mach), el empirismo inteligible (2) es la posición de todos los que han intentado superar el positivismo mediante la afirmación de la aprehensibilidad de las esencias (Husserl) o mediante el descubrimiento de una realidad proporcio nada por los datos inmediatos y ocultada por la conceptualización utilitaria (Bergson). Por su lado, el empirismo moderado o crítico (3) es el típico de una cierta interpretación del kantismo, y el empirismo radical (4) es el propio de todas aquellas filosofías centradas en torno al impresionismo filosófico (Mach) o en torno a la concepción experimental de toda forma de relación (James).