En ciencias sociales alude al «conjunto de características diferenciadas que cada sociedad asigna a hombres y mujeres». Género —del lat. genus, -ĕris. es un término técnico específico que remitie a una categoría relacional​ y no a una simple clasificación de los sujetos en grupos identitarios; según la Organización Mundial de la Salud, se refiere a «los roles socialmente construidos, comportamientos, actividades y atributos que una sociedad considera como apropiados para hombres y mujeres», orientado a visibilizar aquellas diferencias y desigualdades sociales entre hombres y mujeres que provienen del aprendizaje, así como los estereotipos, los prejuicios y la influencia de las relaciones de poder en la construcción de los géneros.

Se trata entonces de una construcción social y no de una separación de roles natural e inherente a la condición biológica de los sujetos —características anatómico-fisiológicas—, por lo que la analogía o sinonimia semántica entre los términos «género» y «sexo» es errónea. Dentro de las causas de la confusión de “género” y “sexo”, se ha señalado la prolongada práctica de socializar lo biológico y biologizar lo social,​ tal posición no sería aislada, y su frecuencia ha llevado a que algunos investigadores reconozcan que el término «género» sea «mal utilizada como sinónimo culturalista de sexo, a tal punto que no es infrecuente oír hablar de dos «géneros», el género femenino y el masculino, como si existiera una correspondencia exacta y automática con los sexos femenino y masculino. Diversas culturas, tanto antiguas como actuales, han reconocido la existencia de más de dos géneros, negando el binarismo de género, así como la posibilidad de las personas de alternar entre géneros,​ en tanto que algunas corrientes proponen la supresión del género mismo. Las personas que no se sienten identificados con un género en particular y alternan diversas identidades de género, se denominan de “género fluido” (gender fluid).

Si bien algunas personas consideraron que la palabra inglesa gender no debía traducirse al español como “género”, el Diccionario panhispánico de dudas indicó en 2005 que este significado del término era válido en la lengua española, al igual que expresiones como estudios de género, discriminación de género y violencia de género, siempre que se utilizasen con un sentido técnico.​ Finalmente el concepto fue incluido en la edición de 2014 del Diccionario de la lengua española, indicando que el tercer significado de la palabra “género” se refiere al “grupo al que pertenecen los seres humanos de cada sexo, entendido este desde un punto de vista sociocultural en lugar de exclusivamente biológico”

Origen conceptual

Resulta complejo determinar la evolución teórica del término «género» en las ciencias sociales, expresión derivada del anglicismo gender​ que tradicionalmente —al igual que su homólogo en español con el que comparte el mismo origen etimológico desde el latín genus— tenía un sentido puramente gramatical.

La categoría de género tendría sus raíces en los debates antropológicos y sociológicos de la primera mitad del siglo XX que indicaban que la conducta humana era aprendida y no se encontraba predefinida por los genes, mientras que la inserción del concepto dentro del campo de las ciencias sociales sería posterior. Tales debates precedieron a la «medicalización del sexo» ocurrido aproximadamente entre 1885-1910, fase donde apareció «una nueva forma de entender y hablar sobre la sexualidad humana»,​ perspectiva nueva que se alejaba de los juicios meramente prácticos de los actos sexuales —descendencia, placer, lo socialmente aceptable—, y que nacía conjuntamente con la psicología y psiquiatría, por lo que las voces autorizadas para hablar de sexualidad provenían del mundo médico. Fue en esta época donde se comenzó a utilizar los términos tales como «homosexual» y «heterosexual».

Uno de los estudios antropológicos pioneros que abordaron la temática en las ciencias sociales es el de Margaret Mead, quien en 1935 publicó Sexo y temperamento en tres sociedades primitivas en donde describe los roles sociales y características del comportamiento de varones y mujeres en tres sociedades de Nueva Guinea: los arapesh, los mundugumor y los tchambuli (o chambri). Las dos primeras tienen en común que no existen diferencias sociales entre varones y mujeres.

El trabajo de Mead sugirió que no existía correspondencia natural estricta entre sexo y temperamento, por lo que se alejaba a la tradición antropológica de la época que la daba por cierta; luego, la contribución de Mead al concepto «género» se encuentra en la idea de que el comportamiento de un individuo y sus diferencias en cuanto al sexo de pertenencia puede variar en función de ciertas circunstancias específicas o la propia cultura.​ Los estudios y conclusiones de Margaret Mead sobre la relación entre cultura y naturaleza han influenciado profundamente los estudios sociales y particularmente los estudios de género;​ las críticas de Derek Freeman al trabajo de Mead no han sido compartidas o han sido consideradas exageradas por la mayoría de la comunidad científica.

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