La identidad de género —del inglés gender identity​ alude a la percepción subjetiva que un individuo tiene sobre sí mismo en cuanto a su propio género, que podría o no coincidir con sus características sexuales; este, puede considerarse como el sexo psicológico o psíquico y se constituye en uno de los tres elementos de la identidad sexual junto a la orientación sexual y el rol de género, relacionándose «con el esquema ideoafectivo de pertenencia a un sexo», por lo que sería la expresión individual del género.

Todas las sociedades tienen un conjunto de categorías de género que pueden servir como base de la formación de la identidad social de un individuo en relación con otros miembros. En la mayoría de ellas, existe una división básica entre los atributos de género asignados a hombres y mujeres, un binarismo de género al que la mayoría de las personas se adhieren y se acoplaría a los ideales de la masculinidad y la feminidad en todos los aspectos del sexo y género: el sexo biológico, la identidad de género y la expresión de género.​ Sin embargo, también hay algunas personas que no se identifican con algunos (o todos) los aspectos de género que están asignados a su sexo biológico; algunos de esos individuos son transgéneros o de género no-binario. Algunas sociedades tienen categorías adscritas a un tercer género.

El término surgió en Estados Unidos a mediados del siglo XX en los ambientes médicos y psiquiátricos. En 1955 el psicólogo John Money en sus primeros trabajos con hermafroditas habla de gender roles definida por él como “Todo aquello que una persona dice o hace para revelarse como poseedor de un estatus de niño u hombre, niña o mujer. Comprende la sexualidad entendida como erotismo”. El psicoanalista Robert Stoller adopta el término gender de la obra de Money y propone una diferenciación entre sexo (sex) y género (gender), siendo el primero biológico y el segundo psicológico y social.​ Años más tarde, el término gender identity es introducido en el léxico profesional casi simultáneamente por Robert Stoller y Evelyn Hooker en 1960 (aunque Money se lo atribuye a Hooker). Seis años más tarde, el término aparece en la prensa y se difunde mundialmente al lenguaje común​ y a otros idiomas, pese a la dificultad de su traducción.

Relación con la identidad sexual

La identidad de género y la identidad sexual convergen en la construcción que hace el sujeto de sí, sin embargo, la primera es más general e incluye aspectos no estrictamente biológicos, en tanto que la segunda se relaciona principalmente con el reconocimiento que los sujetos hacen respecto a sus órganos sexuales. La identidad de género por tanto añade una dimensión psicológica de identificación que puede ser independiente de los caracteres fenotípicos que todos los seres humanos poseen en función de condicionantes biológicos; estos pueden ser independientes del ámbito psicosocial, a pesar de que en la mayor parte de las personas existe una correlación entre ambos.

Cuando se hace referencia a la expresión de género se alude a la exteriorización de la identidad de género de una persona (Ferreyra, Marcelo, IGLHRC).

Orígenes

Es un hecho, al menos para varios integrantes de nuestro equipo, que los roles de género se «aprenden», es decir, se desarrollan mentalmente desde la más temprana niñez. La observación de otras personas de diferentes identidades de género o sexuales, como los padres, las madres y los familiares, sirve de modelo para desarrollar una autoidentificación y, con ello adscribirse a uno u otro género, lo cual a su vez puede verse influido por factores biológicos y genéticos.

Los niños y las niñas en sus primeros años aprenden rápidamente a asociar determinados colores, juguetes, programas de televisión, objetos, actividades, espacios y vestimentas con identidades psicosociales. Sin embargo, existen estructuras cerebrales que influyen en la diferenciación sexual entre varones y mujeres. El hipotálamo, que influye en la temperatura corporal, en la presión arterial, en las sensaciones de hambre y de sueño, también tiene un papel decisivo en el comportamiento sexual. De hecho, estadísticamente los hombres tienden a presentar un mayor desarrollo del núcleo preóptico medial.

El hecho de considerar el género, ligado al deseo, como más determinante que la herencia genética del sexo, ligada a la anatomía, reactivó las controversias en la comunidad científica acerca de lo innato o adquirido. En la década de 1950 este tema era de fundamental importancia para los que bregaban por despatologizar la homosexualidad. Aún así en la psiquiatría norteamericana se sigue considerando que la transexualidad es una patología mental. Éste último término fue incluido en la quinta versión del Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, DSM-V.​ En ella se sustituyó el epígrafe «transtorno de identidad de género», por «disforia de género», modificando también el elemento esencial para el diagnóstico: no se centra en el deseo de pertenecer al otro sexo, sino en el malestar que esto ocasiona al individuo.​ Este cambio de terminología no está exento de controversia, ya que en la práctica se sigue manteniendo dentro de los trastornos mentales.

Bases socioculturales

Sus articuladores son los «cánones vigentes de masculinidad y feminidad», y «se relaciona con el esquema ideoafectivo de pertenencia a un sexo», y se trata, por consiguiente, de la expresión individual del género.

Toda sociedad tiene un conjunto de esquemas de género, una serie de «normas, prescripciones sociales o estereotipos culturales relacionados con el género» que sirven de base para la formación de una identidad social en relación con otros miembros de esa sociedad y que, en consecuencia, dan origen a la identidad de género.

La identidad de género es parte de una serie de círculos de pertenencia, como lo menciona Gilberto Giménez (1996), a los que el sujeto se adscribe a partir del reconocimiento que hace de sí y de los otros, durante las interacciones que se suscitan en espacios y momentos específicos.

Bases biológicas

El principal mecanismo responsable de la identidad de género y orientación sexual implica un efecto directo de la testosterona en el cerebro humano en desarrollo, como se muestra en los diferentes trastornos del tipo intersexual.

El síndrome de insensibilidad completa a los andrógenos es causado por diferentes mutaciones en el gen para el receptor de andrógenos (AR). Los afectados son varones XY que se desarrollan como mujeres y tienen una apariencia fenotípica de mujer y fantasías “heterosexuales”, sin los problemas de incoherencia de género.

Cuando un feto varón tiene una deficiencia de 5 alfa-reductasa-2 o 17 β hidroxi-esteroides deshidrogenasa-3, ocurre que la testosterona periférica se transforma en dihidrotestosterona. Esta deficiencia parece ser una anomalía genética, con una distribución geográfica muy irregular. Al nacer, se presenta como una niña con un clítoris grande. Estos niños XY son generalmente criados como niñas. Sin embargo, cuando aumenta la producción de testosterona durante la pubertad, el ‘clítoris’ crece al tamaño de un pene, los testículos descienden, y los niños comienzan a masculinizarse y se hacen más musculosos.​ Una observación que hizo la investigadora Julianne Imperato-McGinley —quien lo descubrió entre los niños en la república Dominicana, donde la anomalía es más frecuente que la media— fue que todos estos chicos, a pesar de ser educados como chicas, mostraron casi todos preferencias heterosexuales.

Patologización de las identidades trans

En la psiquiatría norteamericana se sigue considerando que la transexualidad es una patología mental.  Éste último término fue incluido en la quinta versión del Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, DSM-V. En ella se sustituyó el epígrafe «transtorno de identidad de género», por «disforia de género», modificando también el elemento esencial para el diagnóstico: no se centra en el deseo de pertenecer al otro sexo, sino en el malestar que esto ocasiona al individuo. Este cambio de terminología no está exento de controversia, ya que en la práctica se sigue manteniendo dentro de los trastornos mentales.

Identidades de Género

  • Cisgénero: Persona que identifica su género con su fenotipo sexual.
  • Transgénero: Persona que se identifica con otro género distinto al que le atribuiría su fenotipo sexual.
  • Transexual: Persona que ha modificado su cuerpo o desea hacerlo, hacia el aspecto del fenotipo sexual contrario, con métodos quirúrgicos, hormonales o ambos
  • Tercer género: Identidad distinta a hombre o mujer. Este término pertenece a culturas no occidentales. Existen numerosas formas de tercer género en culturas indígenas a lo largo de todo el mundo.

Nota: «Cisgénero», término formado del prefijo «cis-»​ y «género» es un calco del inglés cisgender, neologismo aceptado en los diccionarios Oxford en 2013.

Identidades de género en el derecho

Derecho internacional

Los Principios de Yogyakarta versan sobre la aplicación de la legislación internacional de derechos humanos en relación con la orientación sexual y la identidad de género. Es un documento que recoge una serie de principios relativos a la orientación sexual e identidad de género, con la finalidad de orientar la interpretación y aplicación de las normas del Derecho internacional de los derechos humanos, estableciendo unos estándares básicos, para evitar los abusos y dar protección a los derechos humanos de las personas lesbianas, gais, bisexuales y transexuales (LGBT)

En Argentina el derecho a la identidad de género está reconocido en la ley 26.743. ​El artículo 2° de esta ley define la identidad de género :

[…] la vivencia interna e individual del género tal como cada persona la siente, la cual puede corresponder o no con el sexo asignado al momento del nacimiento, incluyendo la vivencia personal del cuerpo. Esto puede involucrar la modificación de la apariencia o la función corporal a través de medios farmacológicos, quirúrgicos o de otra índole, siempre que ello sea libremente escogido. También incluye otras expresiones de género, como la vestimenta, el modo de hablar y los modales.

La ley de identidad de género permite que las personas puedan modificar el nombre, la imagen y el sexo registrado en los documentos. Si la persona quiere operarse, la obra social debe cubrir la intervención quirúrgica y los tratamientos.

En Chile el derecho a la identidad de género es protegico por Ley N.º 20.609 y Ley N.º 21.120

En México el derecho a la identidad de género está protegido por la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, que estipula en su Artículo 1.º:

[…] Todas las autoridades, en el ámbito de sus competencias, tienen la obligación de promover, respetar, proteger y garantizar los derechos humanos de conformidad.

Asimismo, la identidad e igualdad de género está protegido por el Artículo 1.º:

[…] Queda prohibida toda discriminación motivada por origen étnico o nacional, el género, la edad, las discapacidades, la condición social, las condiciones de salud, la religión, las opiniones, las preferencias sexuales, el estado civil o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas.

Identidad de género en la ética

En cuestión de la ética se puede considerar que la identidad de género esta mencionando en el principio ético de igualdad el cual es un principio ético básico y un ideal normativo, un mensaje prescrito dirigido a las normas, y, por tanto, a sus creadores, relativo a cómo deben ser tratados los seres humanos.

Es decir nos dice que no debería de importar nada incluyendo el género al momento de convivir y tratar a los seres humanos.

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