El término espiritual (del latín spiritus, espíritu), es fruto de la suma de estos tres componentes latinos:
• El sustantivo “spiritus”, que puede traducirse como “alma”.
• La partícula “-alis”, que se usa para expresar “relativo a”.
• El sufijo “-dad”, que es equivalente a “cualidad”.

Su significado depende de la doctrina, escuela filosófica o ideología que la trate, así como del contexto en que se utilice.

En un sentido amplio y referido a una persona, señala una disposición principalmente moral, psíquica o cultural, vínculo entre el ser humano y Dios o una divinidad.​ Esta decisión implica habitualmente la intención de experimentar estados especiales de bienestar, como la salvación o la liberación. Se relaciona asimismo con la práctica de la virtud.

Prácticas Espirituales

En cierto sentido es posible hablar de prácticas espirituales sin estar específicamente bajo lo que habitualmente consideramos una religión organizada, aunque generalmente no dejan de ser prácticas tradicionales.

En el occidente se relacionó habitualmente el término con doctrinas y prácticas religiosas, especialmente en la perspectiva de la relación entre el ser humano y un ser superior (Dios), así como con las doctrinas relacionadas con la salvación del alma, aunque actualmente se ha ampliado mucho su uso, y no son éstas las únicas formas en que se hace uso del término.

En la filosofía, por su parte, la idea de espiritualidad se entiende a partir de la oposición entre materia y espíritu. Asociándose la espiritualidad a una búsqueda del sentido de la vida que trasciende lo mundano.

Se dice también de estilos o formas de vida que incluyen perspectivas relacionadas con el ámbito espiritual y sus prácticas, buscando, por ejemplo, la liberación. Otros enfoques diferentes también son posibles: (iniciación, rito).

Igualmente, puede entenderse sin referencia alguna a ningún ser superior o exterior al ser humano, utilizándose el término para referirse a una “espiritualidad atea”, o “sin dios”

Algunos puntos de vista filosóficos, utilizan el término para hacer referencia a la oposición entre materia y espíritu, o entre interioridad y exterioridad.

Sin embargo, por el contrario, la postura filosófica de los practicantes del budismo Zen concibe la “unidad” de los opuestos:

Un filósofo, Nishida Kitaro (…) también se entregó a la práctica Zen, de la que destiló su concepción filosófica de la “unidad” de los opuestos (espacio y tiempo, espíritu y materia, autoconciencia y conciencia objetiva, individuo y mundo). Michiko Yusa, Religiones de Japón, 2006

A veces también, en el ámbito literario, el término obedece sólo a aspectos estéticos y estilísticos.