El festejo de Halloween  es un ritual pagano cuyo orígen nos es tan extraño como desconocido.

La novela de Ray Bradbury “El árbol de la noche de brujas” nos da una visión espiritual de dicho ritual pagano que nos hace tomar conciencia de la importancia de los mitos, siempre reactualizándose en la vida que nos atraviesa, como un eterno retorno.

La historia comienza presentando a 4 niños que en la noche de Halloween  parten en la búsqueda de su amigo y líder del grupo, encontrándose con un personaje diabólico que los conduce en un viaje en el tiempo y el espacio. Hay  una metáfora del viaje de la conciencia para reconectar con su propia alma.

Hay múltiples señales aquí y allá en el libro  que hay que descifrar para hallar los significados esenciales que permanecen encriptados en los eventos , tal como corresponde al conocimiento oculto en todas las épocas humanas. Es una tarea asaz creativa hurgar en estos significados.

Comienza el viaje del “héroe” con el mago diabólico que interpela a los niños sobre el significado de los disfraces que llevan puestos en esa noche de brujas (clara alusión de cuantas mascaras y disfraces usamos sin entrever su sentido). Ante el desconocimiento absoluto  de las criaturas el mago los incita a conocer en una viaje en el tiempo sobre los orígenes eclécticos de Halloowen, para lo cual viajan en el tiempo y el espacio a 4 épocas históricas de la humanidad.

A la vez que guiados por el mago viajan al pasado, en cada etapa siguen la figura evanscente del amigo perdido (su alma en realidad que es atrapada en los rituales de la época en cuestión).

En Egipto a punto de ser momificado el amigo es salvado y seguido por los niños que escapan por los tubos de ventilación, clara referencia al aire, conducto del soplo vital que nos conecta con el Espíritu.

Volando por el espacio sideral se lee: vamos muy alto,  no se te ocurra mirar hacia abajo, alusión a al vértigo que da a la conciencia que se eleva contemplar lo mundano.

Al llegar a la cultura celta, en medio de festividades carnavalescas , se produce la persecución y quema de brujas y el  mago vuelve a fungir de guía de los niños , explicándoles que las acusaciones sobre los poderes mágicos de las brujas eran falsas y que las brujas no hacían nada, solo simular esos poderes para aventar a quienes las perseguían por lo que si poseían ,que eran conocimientos reales (las brujas eran seres inteligentes que en la edad oscura tenían cierta información) Esto concierne a la necesidad de salvaguardar el conocimiento de la ignorancia.

Al llegar a Francia el mago  pretexta no poder ingresar a Notre Dame dado que su condición (diabólica) le impide ingresar en territorio enemigo (las catedrales). El mal retrocede ante lo sacro. Aparecen diferentes engendros  y el mago explica que nos disfrazamos de monstruos  para recordarnos nuestras sombras y pesadillas

Vuelan en espacios cósmicos y a instancias del mago, van materializando lo que tienen en su mente, toda una metáfora del poder creador del pensamiento.

En su último viaje al recalar en un cementerio mexicano el mago conecta a los niños con el sabor de la vida simbolizados por calaveras de azúcar (donde  lo dulce, lo placentero convive con lo efímero de la vida humana). Ante el pedido de definiciones del mago uno de los niños le dice que aprendió a que si enfrenta  a la muerte cara a cara pierde su poder ante el.

Una última advertencia del mago- tengan cuidado con mi calabaza nos habla del peligro del contacto con lo diabólico.

Luego de recuperar el alma del amigo que ha adquirido status de santo, los niños salen de la experiencia mágica regresando al pueblo de donde habían salido, sintiendo cansancio en parpados brazos y pies (en el ver hacer y vivir) después de semejante travesía.

Guión de Jorge Nicolás Dela Rosa para la Celebración de Hallowen en Cronon Tecnología: 31-10-2017