El vocablo latino “perdita” se transformó, en nuestra lengua, en pérdida. El concepto se emplea para nombrar a la falta o ausencia de algo que se tenía. Cuando una persona dispone de una cosa y luego la pierde, podrá decirse que la perdió.

Por ejemplo: “La pérdida del empleo fue un duro golpe para m픓Después de la pérdida de balón, LeBron James cometió una dura falta contra Kobe Bryant”“Era una empresa rica pero, tras diez años de pérdidas, terminó en bancarrota”.

Para perder algo, primero hay que tenerlo, ya sea de manera física o simbólica. En otras palabras: no se puede perder aquello que nunca se tuvo. El antónimo de perder, en este sentido, es encontrar; de esta manera, sólo se puede encontrar algo que nunca se haya poseído o que se haya perdido.

La falta de un ser querido es su fallecimiento, y suele ser un suceso muy difícil de superar para mucha gente. En la mayoría de las culturas occidentales, la muerte es un tema del que no se habla o bien que se considera trágico; no nos preparan para ese día, sino que nos enseñan a prolongar la vida tanto como sea posible. Cuando una persona fallece, si su entorno no acepta lo acepta entra en un ciclo de negación que puede costarle la salud y, en el peor de los casos, la vida.

Enfrentarla no es sencillo, pero de ello depende que podamos seguir adelante con todas nuestras energías. Esto no significa que la muerte de una persona importante para nosotros no deba causarnos tristeza o que no debamos echarla de menos; por el contrario, se trata de aceptar que la muerte nos tocará a todos y que debemos aprovechar cada segundo de la vida para construir buenos recuerdos que nos acompañen cuando nuestros allegados ya no estén.

El duelo es el proceso de adaptación emocional que sigue a cualquier pérdida (pérdida de un empleo, pérdida de un ser querido, pérdida de una relación, etc.). Aunque convencionalmente se ha enfocado la respuesta emocional de la pérdida, el duelo también tiene una dimensión física, cognitiva, filosófica y de la conducta que es vital en el comportamiento humano y que ha sido muy estudiado a lo largo de la historia. En la actualidad se encuentra en discusión el tema de si otras especies también tienen sentimientos de duelo como los seres humanos, y en algunas de ellas se han observado comportamientos peculiares ante la muerte de sus congéneres.

Etapas principales del duelo

Según el modelo descrito por el libro de la doctora Elisabeth Kübler Ross (2010-2017) “On death and dying”, el duelo se manifiesta en cinco fases:

1 Negación. Negarse a sí mismo o al entorno que ha ocurrido la pérdida

2 Enfado, Indiferencia o Ira: Estado de descontento por no poder evitar la pérdida que sucede. Se buscan razones causales y culpabilidad.

3 Negociación. Negociar consigo mismo o con el entorno, entendiendo los pros y contras de la pérdida. Se intenta buscar una solución a la pérdida a pesar de conocerse la imposibilidad de que suceda.

4 Dolor Emocional (o depresión). Se experimenta tristeza por la pérdida. Pueden llegar a sucederse episodios depresivos que deberían ceder con el tiempo.

5 Aceptación. Se asume que la pérdida es inevitable. Supone un cambio de visión de la situación sin la pérdida; siempre teniendo en cuenta que no es lo mismo aceptar que olvidar.

En caso de duelo por muerte, suele durar entre 2 y 12 semanas, aunque puede persistir hasta los 6 meses cuando se trata de la pérdida de un ser querido muy allegado (Madre, hijo, cónyuge…). En el caso de que los síntomas no cesaran después de estos períodos de tiempo y provocaran problemas para desenvolverse en su vida rutinaria, es muy importante acudir a un profesional de la psiquiatría y/o psicología, ya que la persona afectada puede estar sufriendo un episodio de depresión crónico, lo que implicaría un duelo patológico. No siempre se cumplen todas las etapas, ni necesariamente ocurren en el orden señalado.

¿Cómo crecer a través del duelo?

Para abordar este tema les recomiendo este video.

Compilado por: Martín Ilharramonho

Fuentes:
Definiciones DE. Ver en Medio Original
Wikipedia. Ver en Medio Original.