Para el Dr Fabián Sorrentino Entidad es el valor o la importancia que le otorgamos a algo. En este sentido, cuando una cosa tiene entidad, posee una particular relevancia.

Naturalmente damos entidad a través de 4 acciones de las que no siempre somos concientes: Pensamiento, Voluntad, Emociones y Lenguaje.
Cuando tomamos conciencia de que “a través de esas acciones” estamos  otorgando entidad y valor personal, podemos comenzar a elegir.

Según José Ferrater Mora, el infinitivo griego equivale al infinitivo latino esse y se traduce al español por ‘ser’. El participio presente griego del mismo verbo, equivale a ens y se traduce al español por ‘ente’. En italiano se usan respectivamente a tal efecto ente y essere; en alemán se usan Seiendes y Sein. En francés y en inglés ha solido usarse un solo término para ‘ente’ y para ‘ser’: être y Being, pero desde hace algún tiempo (y especialmente debido a la necesidad de traducir algunos textos de Heidegger, donde se insiste en que debe distinguirse entre el ente y el ser) se usan en dichos idiomas los neologismos étant y essent, que podrían muy bien emplearse como traducciones del latin ens. Sin embargo, el problema de la posible distinción entre ‘ente’ y ‘ser’ no es tan fácil como parece desprenderse de dichas precisiones de vocabulario. Desde el punto de vista lingüístico hay que tener en cuenta que los significados de ‘ente’ y ‘ser’ dependen en gran parte del modo como son introducidos estos términos. Por ejemplo, no es lo mismo decir ‘un ente’ que decir ‘el ente’; no es lo mismo emplear ‘ser’ como cópula en un juicio que decir ‘el ser’.

En vistas de estas y otras dificultades se ha argüido a veces que la distinción entre ente y ser, cuando menos dentro de la llamada “ontología clásica”, es punto menos que artificial o en todo caso insignificante. Así, los griegos emplearon la expresión; que ha sido traducida al latín por quid est ens? y que se traduce al español no sólo por “¿Qué es el ente?”, sino también, y sobre todo, por “¿Qué es el ser?”, Algunos autores, sin embargo, insisten en que preguntar por el ente y preguntar por el ser no es lo mismo; el ente es “lo que es” mientras que “el ser” es el hecho de que cualquier ente dado sea. El asunto se complica en vista de ciertas expresiones tales como, que se ha traducido al latín por quod quid erat esse y que se refiere al “ser que era un algo”, a un quid que posee, como tal, una quidditas en virtud de la cual “era” antes de haberse realizado en un individuo particular.

Si el concepto del ente y el del ser son lo mismo, lo que hemos dicho a propósito del último (véase Ser) vale para el primero. Pero si no son exactamente lo mismo, hay que tratar de ver qué distinciones se han efectuado en el curso de la historia.

Con el fin de aclarar esta cuestión, proponemos lo siguiente: referir brevemente (aun a riesgo de repetición respecto a lo dicho en el artículo Ser) lo que algunos escritores en lengua latina han dicho acerca del ente y de su concepto. Puede considerarse parte de la información aquí proporcionada como un complemento a lo indicado en el citado artículo Ser. Después, presentaremos algunos ejemplos en el pensamiento actual en los que se ha intentado distinguir entre el ente y el ser.

Él vocablo latino ens fue usado por Quintiliano en Institutiones Oratoriae (VIII 3): “Muchos nuevos vocablos han sido formados a base del griego, sobre todo por Sergio Flavio [Sergius Flavius]; algunos de ellos, como ens y essentia [ut queens et essentia, es decir utque ens et essentia) considerados como un tanto duros.” Quinti liano usó asimismo el plural entia como traducción de o)/nta/ (ibid., II 14): “No todas las traducciones del griego son propias, como no lo es el intento de poner vocablos latinos en forma griega. Y esta traslación no es menos dura que la de essentia y entía [essentia et queentia, es decir, essentia utque entía)”. El gramático Prisciano de Cesárea manifestó que ens fue usado por César. Ahora bien, mientras los clásicos latinos y los retores consideraban tal uso como un tanto “duro” (o “bárbaro”), los vocablos ens y entía circularon durante la época escolástica como términos técnicos indispensables (estimamos como de poca, o ninguna, importancia filosófica el uso de ens en textos no filosóficos, donde ens es equiparado a existens; Cfr. Du Cange, Glossarium mediae et infimae Latinitatis, s. v. “Ens”). Especialmente desde el siglo XIII se discutió lo que es el ens como “lo que es” o “ser que es”.

Α la pregunta quid est ens?, correspondiente al ya citado aristotélico (en Met., G 1.003 a 21) se respondió que ens est quod primo intellectus concipit (Santo Tomás, De verit, q. I a 1 c) y que illud quod primo cadit sub apprehensione est ens (S. theol., II-Ia q. XCIV a 2). Nada se puede decir de lo que es a menos que el decir se halle ya situado dentro de la primera y previa aprehensión del ente. El ente es id quod est, aquello que es (In Boëth de hebd., lect 2). Santo Tomás habla asimismo del esse (ser), pero para definirlo en términos del ens: Esse dicitur actus entis inquantum ens est. Este es el ente que se divide en diez géneros (véase CATEGORÍA). Santo Tomás estudia el ser como ser con su esencia, como “lo que es” (y en cuanto es). El ente es lo más común en cuanto sujeto de aprehensión. A la vez, es algo que trasciende todo lo que es; no puede definirse por ningún modo especial de ser —por ningún ser “tal o cual”— y es por ello un trascendental y como trascendental—, por lo demás, “convertible” en lo uno, la cosa, el “algo”, lo verdadero y lo bueno. Se ha dicho que, además de ser un trascendental, el ente es un supertrascendental; como trascendental es lo que es en cuanto relativo a lo real, y como supertrascendental es lo que es en cuanto relativo no sólo al ente real, sino también al ente de razón (v.). Se podría añadir que si se extienden las posibilidades del ente y se hace referencia no sólo a la realidad, sino también a la posibilidad, entonces tenemos el más amplio concepto posible del ente. Esta ampliación de significado ocurrió con Wolff (Cfr. infra). Por el momento baste considerar el concepto del ente en cuanto “lo que es”.

Los escolásticos han tratado con detalle de la cuestión del ente en este respecto. Una serie de problemas se plantean. Por un lado, si la noción del ente es “comunísima”, el ente es todo lo que es como tal. Por otro lado, si el ente es lo real en su realidad, el ente puede ser lo que sostiene ontológicamente todos los entes. Finalmente, si el ente es todo lo que es o puede ser, habrá que precisar de qué distintos modos se dice de algo que es ente. Por ejemplo, puede dividirse el ente en ente real y de razón, en ente potencial y ente actual, y este último en esencia y existencia. Puede asimismo estudiarse de qué modo se puede hablar del ente: análoga, unívoca, equívocamente.

Ciertas formas de ser que pueden equipararse al ente deben distinguirse de éste. Tal ocurre, por ejemplo, con la distinción entre el ente y la cosa. Como señala Santo Tomás (De veritate, q. I a 2) —siguiendo en ello a Avicena—, cosa se distingue de ente por cuanto el ente es sumitur ab actu essendi, en tanto que el nombre de la cosa expresa la quid-didad o la esencia del ente.

Además de las divisiones del ente, de los modos de decirse el ente y de la distinción entre el ente y nociones similares, los escolásticos estudiaron otros modos de tratar el ente. Por ejemplo, se puede tratar del ente como objeto material, del ente como objeto formal quod y del ente como objeto formal quo. En el primer caso, se trata del ente en cuanto (quodcumque) ente; en el segundo de la ratio del ente; en el tercero, de un grado altísimo y sumamente abstracto de la materialidad. La doctrina escolástica del ente culmina posiblemente en Suárez (v.). Sus Diputaciones metafísicas son a la vez, sino primariamente, “disputaciones ontológicas”. El ente es estudiado por Suárez no sólo como “lo que es”, sino como la condición, o condiciones, que hacen posible (e inteligible) todo ser. Se ha dicho por ello que la doctrina del ente ha desembocado en un puro formalismo. Pero habría que ver hasta qué punto ello es cierto. El ver hasta qué punto ello es cierto. El formalismo aparece, en cambio, bastante claramente en Wolff (y en autores anteriores a Wolff) en cuanto el ente es definido (Wolff, Philosophia prima sive antología, § 134) como todo aquello a lo cual no repugna la existencia. Si tal ocurre, el ente es entonces la posibilidad lógica. Ahora bien, aun en este caso hay en la ontología de Wolff supuestos metafísicos — los que derivan de la doctrina de Leibniz, según la cual todo lo posible tiende a la existencia, de acuerdo con la composibilidad (v.).

En los escolásticos y en Wolff hallamos, en todo caso, una compleja mezcla de los conceptos del ente y del ser, correspondiente a la compleja mezcla existente de los motivos metafísicos con los ontológicos.

Han sido varios filósofos actuales los que más han insistido en la necesidad de deshacer los equívocos en que se ha incurrido al tratar la doctrina tradicional del ente. Heidegger se ha destacado entre tales filósofos al manifestar que la cuestión del ser y la del ente no son iguales: la primera es ontológica; la segunda, óntica (véase ÓNTICO).

La determinación hasta cierto punto justificada del ente —la ‘definición’ de la lógica tradicional que tiene su fundamento en la antigua ontologia— no es aplicable al ser (Sein und Zett, § 1). El ser (Sein) es previo a los entes (Seienden). Que sea tal ser y cómo puede lograrse —si puede lograrse— un acceso a él, es la gran cuestión que Heidegger se ha propuesto desentrañar, sin que, al parecer, lo haya logrado. Según Heidegger (el “primer Heidegger” por lo menos; véase HEIDEGGER [MARTIN]), sólo el análisis existenciario (v.) del ente que pregunta por el ser —el Dasein (v.)—, es decir, del ente a quien en su ser le va su ser, puede abrir el camino para una comprensión del sentido del ser. Heidegger supone, pues, que la clásica pregunta por el ens ha velado la pregunta más originaria por el ser. En suma, que debe distinguirse entre ser y ente: ” ‘Sein’ ist nicht so etwas Seiendes” (op. cit. § 1; Cfr. también Einführung in die Metaphysïk, especialmente Cap. I). Según Nicolai Hartmann, “el ser y el ente se distinguen al modo como se distinguen la verdad de lo verdadero, la realidad [Wirklichkeit, y también Realität] de lo real [como wirklich y como rede]” (Zur Grundlegung der Ontologie, 1935, pág. 40). El ens en sentido tradicional es el objeto de la Metaphysica, mientras que el ser es el Sv objeto de la Ontologia. Cierto que es “prácticamente imposible referirse al ser sin investigar el ente” (op. cit., pág. 41), pero ello no impide que pueda establecerse (cuando menos mentalmente) una distinción entre ambos.

Debe advertirse que la historia del concepto “ente” es más compleja todavía de lo aquí presentado, a causa de ciertos modos particulares —bien que relacionados con la “tradición”— con que se ha empleado el vocablo ‘ente’. Por ejemplo, Gioberti habla del ente en la célebre fórmula l’ente crea l’esistente, dándole el sentido de Dios. Rosmini considera el ente como el término del ser, el cual precede al ente, cuando menos en el orden de los conceptos. Es difícil, en vista de todo ello, proceder a una conclusión general respecto al problema del ente y de la relación entre este problema y el del ser. En muchos casos, han sido tratados como el mismo problema. En otros casos, se ha considerado que el concepto de ser es más general que el del ente. En otros todavía se ha admitido sólo el concepto del ente —como “lo que es” o inclusive como “lo que existe”— considerándose que mientras es legítimo hablar de un problema del ente, no es legítimo hablar de un problema del ser.

El ser no puede ser un sujeto — sólo lo que es de alguna manera, un ente, puede ser sujeto. No puede ser tampoco un predicado (véase ONTOLÓGICA PRUEBA ), pues de nada puede decirse simplemente que es a menos de decirse de qué clase de entidad se trata o cuáles son las propiedades fundamentales (la “esencia”) de tal entidad. A modo de expediente, proponemos los siguientes usos:

(1) Al referirse a la ontologia “clásica”, y especialmente a la desarrolla da por los escolásticos y por los wolffianos, pueden identificarse los con ceptos de ente y de ser.

(2) En términos generales puede decirse que el ser es el modo de pre sentarse una realidad como tal reali dad. Si el ente es definido como “lo que es”, su ser será entonces el modo (o los modos) de presentarse lo que es en cuanto es.

(3) El concepto de ser tendrá entonces un alcance más general que el concepto de ente, pero su generalidad no significará que “hay” algo que sea “el ser”: para que haya el ser de algo es menester que haya algo —real, ideal, actual, posible, etc.— del que quepa decir que es en tal o cual mo do fundamental (u ontológico).

Véase la bibliografía de los artículos ANALOGÍA y SER. Además: R. C. Kwant, De gradibus entis, 1946. — P. Carosi, Due sisnificati dell’Ente e l’oggeto formale dell´ ontologia, 1952. — José Hellín, S. I., “Obtención del concepto del ente, objeto de la meta física”, Pensamiento, XVII (1961), 135-64. — Nimio de Anquin, Ente y Ser (Perspectivas para una filosofía del ser naci-ente), 1962. — Véase asimismo: Nicolai Hartmann, Zur Grundlegung der Ontologie, 1935, págs. 39-87 (en trad. esp.): Ontología. I. Fundamentos, 1954, págs. 45-98).

Compilado por Abasuly Reyes – miércoles, 10 de agosto de 2011, 18:24