Conjuntos de habilidades que posibilitan la adaptación de una persona al medio y la adquisición de la competencia necesaria para responder a los requerimientos complejos de la vida en sociedad. La frecuencia con que se exigen determinados comportamientos en la interacción social facilita la adquisición de comportamientos como hábito.

Disposición que se crea en nuestra mente a partir de la experiencia reiterada de algo. Según Hume es, más que la propia razón, la guía de la vida humana y el fundamento de nuestras inferencias causales y de nuestras expectativas respecto de los acontecimientos futuros.

La repetición de una acción crea en nosotros la disposición o facilidad para la realización posterior de dicha acción. Aunque también la filosofía aristotélica aceptaba la existencia de hábitos referidos a las facultades cognoscitivas y que le permiten al sujeto la adquisición de ciencia, el concepto aristotélico de hábito se aplicaba fundamentalmente al mundo moral: los hábitos eran disposiciones de la voluntad para la buena realización de una acción y se relacionaban con la esfera moral (las virtudes eran los buenos hábitos y los vicios los malos hábitos). Sin embargo, en la filosofía humeana el papel de los hábitos es inverso pues no se relaciona tanto con la moralidad como con el conocimiento. Al igual que el pensamiento aristotélico, los hábitos a los que se refiere Hume no son hábitos del cuerpo sino de la mente, y se producen por la repetición de un acto, repetición que produce una disposición para renovar el mismo acto. Pero Hume sitúa su función explicativa en el tema del conocimiento: sirve para explicar, por ejemplo, nuestras creencias en la existencia de relaciones causales, o nuestra creencia en la existencia de un mundo exterior.

Algunos usos del término:
Costumbre o práctica adquirida por frecuencia de repetición de un acto: tiene el hábito de ducharse por la noche.
Destreza que se adquiere por el ejercicio repetido: su manera de teclear denota mucho hábito.
Vestido o traje de los miembros de una corporación, sea orden religiosa o militar: el hábito no hace al monje; hábito de Calatrava.
El que se lleva en cumplimiento de un voto o promesa: su abuela viste el hábito del Carmen.
Dependencia respecto a determinadas drogas, en especial estupefacientes: los narcóticos pueden provocar hábito en el paciente.
Abandonar la vida eclesiástica y la disciplina clerical: ha colgado los hábitos con la idea de casarse.

El Conductismo. Una corriente que hace foco en la generación de nuevos hábitos.
Ya hemos mencionado a grandes rasgos el planteamiento de Watson, que lo podemos resumir como la necesidad de hacer científico el estudio de la psicología, empleando sólo métodos objetivos como los de las ciencias naturales. Ahora desarrollaremos más a fondo su teoría.

Watson proclamaba una doctrina radical de psicología. Incorporó el reflejo condicionado en su esquema como principio combinatorio objetivo, sustituyendo con él la ciega “asociación de ideas” mentalistas e introspectivas. Hacia 1920, los psicólogos estadounidenses, bajo la influencia de Watson, comenzaron a basar la explicación de aprendizaje en el reflejo condicionado como el mecanismo esencial para la modificación de la conducta.

La primera fase sitúa a la psicología como una rama de las ciencias naturales, lo que la conduce a los métodos experimentales objetivos de las ciencias naturales. En consecuencia, la introspección como método y la conciencia como objeto de estudio deben rechazarse. El objeto de la psicología científica era la formulación de una teoría que permitiese la predicción exacta y que fuese lo suficientemente general para abarcar todos los organismos (no sólo al hombre).

Watson destruyó el dualismo cartesiano mente-cuerpo, aboliendo la mente. Concibió al psicólogo como conductista, totalmente comprometido con los supuestos, métodos y procedimientos de las otras ciencias. Watson creía que era posible definir la psicología como la ciencia de la conducta y no apartarse nunca de este principio definitorio haciendo referencia a términos mentalistas. Creía que esto podría llevarse a cabo en términos de estímulo y respuesta, junto con un principio de aprendizaje de la formación de hábitos.

Watson adoptó un enfoque riguroso en términos de estímulo respuesta (E-R) para explicar la conducta. Las respuestas debían explicarse, por su relación de dependencia, con rasgos observables de la estimulación. La estimulación, en el concepto de Watson, pasó a considerarse como exógena (de origen externo) lo que hizo que su concepción fuera marcadamente ambientalista. Toda la conducta tenía que explicarse en términos de relaciones estímulo- respuesta, y las generalizaciones relativas a la conducta debían basarse en la observación experimental objetiva. Los reflejos ya existentes al nacer, se elaboran simplemente por condicionamiento, para extender el potencial conductual del organismo. La conducta más compleja era un problema de formación e integración de hábitos concebidos como disposiciones adquiridas de conexiones estímulo-respuesta complejas. Esta concepción lo liberó de todo mentalismo.

Otro en hablar de hábitos e investigar en como ellos hacen al éxito de la gestión humana es Stephen R. Covey

Los Siete Hábitos de la Gente Altamente Efectiva

Publicado inicialmente en 1989, es un libro de autoayuda que ha vendido más de 15 millones de copias en treinta lenguajes. En esencia, el libro lista siete principios de acción, que, una vez establecidos como hábitos, ayudarán al lector a alcanzar un alto nivel de efectividad en los aspectos relevantes de su vida. Covey argumenta que dichos hábitos están basados en principios de caracter ético, que a diferencia de los valores, son atemporales y universales.

Luego de su lanzamiento inicial, la popularidad del libro creció exponencialmente catapultando la fama de Covey y sus hábitos como paradigmas del desarrollo personal y empresarial. Seguidamente, lanzó otros libros relacionados al mismo tema, traducciones de entre los cuales se hallan: Los 7 Hábitos de las Familias Altamente Efectivas, Viviendo los 7 Hábitos, El 8vo Hábito, El Liderazgo Centrado en Principios, Meditaciones diarias para la gente altamente efectiva. Su hijo Sean Covey publicó una versión simplificada para adolescentes titulada Los 7 Hábitos de los Adolescentes Altamente Efectivos.

Mucho del material y las herramientas relacionadas con la gestión de los hábitos puede encontrarse en el sitio web http://www.stephencovey.com/

Beth Ludojoski – viernes, 21 de marzo de 2008, 15:19