Domingo Miliani en: El pensamiento americanista de Mariano Picón Salas dice: Es posible que los pueblos hispanoamericanos estén inermes ante el poder de la decisión, pero no ante el poder de la reflexión que llame a una equidad prudente y no a una sumisión genocida incondicional. Ahí el reto de la Universidad latinoamericana y de los intelectuales, como árbitros de un desbordamiento irracional. Picón Salas fue un ejemplo de equilibrio hace medio siglo. La indiferencia culpable ya no cabe en el estrecho margen de la esperanza contemporánea.

Por: Lic. Raymond Colle – Pontificia Universidad Católica de Chile – Futuro de la comunicación y conocimiento.
La humanidad se ha comprimido sobre sí misma por efecto del crecimiento demográfico, aumentándose del mismo modo su “temperatura psíquica”. Esto le ha llevado a buscar mecanismos que permitieran al mismo tiempo la armonizaciónentre sus integrantes y una mayor libertad interior de los mismos. Se produce convergencia y se amplía el poder de la reflexión. El conocimiento crece y se intercambia cada vez más rápida y multitudinariamente: la esfera de la información o -en la perspectiva de Teilhard- la esfera del conocimiento rodea cada vez más perceptiblemente el planeta.

Por Alan Watts. Extractado de ¿Diálogo, Debate ó Discusión? SOBRE EL PODER de Enrique Mena El poder de la reflexión: nosotros pensamos sobre el pensar, sabemos que sabemos. Al igual que otros sistemas de programación, esto puede conducir a círculos viciosos y confusión si se lo maneja impropiamente, pero lo cierto es que la autoconsciencia brinda resonancia a la experiencia humana. Imparte ese eco simultáneo a todo lo que pensamos y sentimos, así como el sonido de las cuerdas reverbera en la caja del violín. Da profundidad a lo que, de otra forma, sería chato y trivial. Es el eco de lo humano.

Por Pepita Turina – Extractado de SOMBRAS Y ENTRESOMBRAS DE LA POESÍA CHILENA – Editorial. Barlovento, Santiago de Chile 1952, pp. 74
Humberto Díaz Casanueva ha dicho de sí mismo: “La poesía es para mí, ante todo, una disciplina”. “Comprendo la necesidad de disciplinar la inteligencia”.
Goethe, Paul Valery, los grandes poetas intelectuales, cuyas dotes de fantasía brillan con el poder de la reflexión, de la filosofía, del estudio, del enriquecimiento cultural, son de la estirpe de Díaz Casanueva. Es de aquellos cuya intelección, cuyo cerebro, está vigilante de esa electrificación que produce a sus sentidos el contacto con el mundo, la captación poética o la transformación a poesía de un mundo mirado en los momentosrelampagueantes del trance poético que ilumina y mueve una mano que escribe.

Así como algunos buscan, para mortificar y mortificarse, de los poetas obscuros lo más obscuro, empecemos por buscar lo más claro, que también hay “claridad” en las tinieblas.
“…también recuerdo a mi padre cuando lavaba un caballo, purificaba una potencia.
Pobre de mí que evoco lo más terrestre, me saco los ojos en mentidas tierras de promisión y me encierro en un cántaro contando los pasos del que viene hacia el pozo”.
En su conciliación con los demás hombres, “Comienzo a descubrir los otros hombres, sus diálogos sublimes, sus terribles estelas…
Siempre hemos de mirarnos como ante un derrumbe, pasarnos la mano por el lomo de profunda debilidad y disponer nuestros hijos para el sueño.
En el epílogo del poema, que comprende cinco páginas, se descubre el imperativo del yo: “Demasiado exigente para vivir, pertenezco a la casta de aquellos hombres con el sombrero en la mano que no hablan, que tratan con un cirio sobre las rápidas aguas, fortalecen su látigo y mantienen su destino jugueteando entre centellas.
Vayan a verme especialmente un sábado, no vivo en una grieta, cuanto de círculo tiene la eternidad rodea mi casa calurosa…”
Y no dejan de asomar a lo largo del poema las diferencias entre su yo y el de los demás, y el ímpetu del espíritu solitario:
De soñador que era me han hecho remo tallado a la espalda de un dueño;”
“Desde ahora y para siempre, como figurilla de barro recalentado pienso, relámpagos miran dentro de mí, conmigo están el primer hombre y también el último hombre, ambos hincados y temblando. Doy voces al mundo que hacia mi avanza de un solo golpe y multiplicado como langosta. todo presente expira, sólo el tiempo ornado de grandes sombras es un revoloteo que enloquece”.
“¿Dónde estoy? ¿cómo transcurro? ¿qué costa voy llenando de herrumbre? Como vaso que llenan y derraman una y otra vez, en los desiertos estoy. ¿Quién soy ya tan solitario sentado en tabla llameante sobre el mar, tumbado por el poderío de su propia alma?”
Instilado por un extraño fervor de muerte, como su admirado Rainer Maria Rilke, se expresa así: Atrévete a ser noche y día, atrévete a ser del cuerpo y busca tu alma aunque no hayas oído su voz sino dentro de ti, atrévete a ser contado por los que trastornan el tiempo puro y no aplaces los pasos del tiempo”.
Nada puede hacer el hombre en estos lugares por su poder; en vano quiere rescatarse de los signos que noche a noche paran su alma en medio de la muerte. ¿De qué dulce linaje soy proscrito?, ¿qué álamo blanco sube de mí como un dedo inmenso hacia lo inaccesible?
La casa vertiginosa se eleva por encima de mí, Oh, dominio inhumano, ruta del destierro: ¡De mi corazón sale una lira ardiendo!”
Preocupado de la muerte, termina en este gran poema estando “alegre de ser mortal”.

Compilado de: El Poder de la Reflexión, por: Fabián Sorrentino
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